¿Desarrollo o sustentamiento?

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Muchos piensan que los pobres resultados económicos del Gobierno Bachelet se deben a una mala gestión o a una falta de confianza del mundo empresarial en sus políticas públicas.
Sin negar lo verdadero de estos factores, es necesario reconocer que existe otro aspecto, más profundo y más decisivo, que no ha sido suficientemente considerado. Desde 1992, con la “Cumbre de la Tierra” en Río de Janeiro, el crecimiento económico y el aprovechamiento de los recursos naturales de los países, vinieron siendo cada vez puestos en tela de juicio principalmente por los países socialistas de Europa.
Fue la Primera Ministra socialista de Noruega, Gro Harlem Brundtland, quien ya en los años 80’, acuñó la fórmula del “desarrollo sustentable”, por el cual se entendía, en un comienzo, que éste no podría comprometer los recursos naturales para el futuro.
Hasta ahí, todo bien. Pero al pasar del tiempo, y con la presión del fundamentalismo ecológico, esta visión del “desarrollo sustentable”, fue siendo interpretada cada vez menos como “desarrollo” y cada vez más como “sustentable”. De ahí a una economía de mera sustentación, hubo un paso.
¿En qué consiste esta economía? Digamos lo esencial. 1.- la riqueza es un mal, porque para obtenerla se agotan los recursos naturales. 2.- Por ello, el Estado debe restringir cuanto pueda las iniciativas privadas particulares y su afán explotador. 3.- Colocando trabas medioambientalistas a los proyectos que pretendan “impactar” el ecosistema. 4. La economía ideal es la de las tribus indígenas, pues ellas no tenían afán de lucro, consumían sólo lo que necesitaban y todo pertenecía en común.
Todo lo cual, deja a la economía naturalmente en las manos del Estado, el cual debe gestionar qué se puede explotar y qué no se puede, introduciendo una nueva forma de “lucha de clases”, en la cual los oprimidos son los recursos naturales, o la Tierra, y los opresores, los explotadores de esos recursos, las empresas. Es decir el ideal socialista.
De ahí que los gobiernos de esta ideología no se espanten con la pobreza de la infeliz Cuba. Para ellos es un ejemplo de economía de “sustentación”, que es un sinónimo, más pretensioso, que decir “economía de pobreza” y a la cual ellos adhieren pues es sinónimo de, “fin del lucro”.
Movidos por esta ideología, de “pauperismo global”, se redactó el “Convenio 169 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes”, que fue alegremente firmado por Bachelet el 2008 y cuya vigencia es por 10 años renovables, a no ser que sea denunciado por el Estado firmante.
22 países pequeños y subdesarrollados, como Chile, y algunos europeos, como Noruega y Dinamarca, firmaron gustosos este compromiso, que es un “zapato chino” para el crecimiento de sus economías. Los más grandes, Estados Unidos, China, Rusia y ninguno del G7, obviamente lo quiso firmar. Y estos últimos fueron los más prudentes.
Como hemos visto en Chile, en virtud de este Convenio, cualquier inversión minera, forestal, etc. debe contar con el beneplácito de las tribus originales que allí se encuentren. Ahora bien, estas tribus o pueblos originales, son permanentemente acosadas por ONGs, que los “concientizan” contra el ánimo “depredador” de las multinacionales, hasta que consiguen que los “afectados” se opongan. A partir de ahí, queda paralizada la inversión.
Lo mismo ocurrió hace pocos meses, ¡con el océano!
Bachelet anunció es septiembre de año 2017: “Nos convertimos en el país con la mayor superficie marina protegida en el mundo. Un país en vías de desarrollo que puede ser líder en conservación”. Naturalmente que estas “zonas de protección” ponen trabas a las pesqueras y, en consecuencia, dejan cesantes a todos los que dependen de ellas. La semana pasada fue publicada una documentada inserción en la prensa, firmada por asociaciones y sindicatos de empleados que viven en el mar y de la pesca, protestando por esta resolución.
Lo anterior nos indica que si el próximo Presidente Piñera quiere revertir este ciclo de pobreza en el desarrollo nacional, debe ir a las causas. Y ellas se encuentran precisamente, entre otras resoluciones, el Convenio 169 de la OIT.
Querer crecer económicamente, y al mismo tiempo seguir usando “zapatos chinos”, sería lo mismo que un corredor olímpico quisiera ganar la carrera usando zapatillas chinas, con dos números más pequeño que sus pies, para evitar de ser mal visto por los otros corredores.
Obviamente, con esto no estamos afirmado que se deba crecer destruyendo los recursos naturales. Al contrario, estamos seguros que los mayores cuidadores del medio ambiente son aquellos que saben lo que cuesta encontrar y explotar estos recursos. Ya Santo Tomás de Aquino decía, que “lo que pertenece en común, es descuidado por todos”.
En conclusión, si el próximo Gobierno quiere aumentar el desarrollo nacional, debe denunciar el Convenio 169, cuya vigencia para Chile vence precisamente en este año de 2018.

Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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