De la Reforma Agraria al aborto, una alianza que termina en divorcio

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La semana pasada la izquierda política conmemoró los 50 años de la promulgación de la ley de la
Reforma Agraria, en nombre de la cual se inició el proceso de lucha de clases que terminó en una
cuasi guerra civil, la cual sólo fue evitada en virtud del 11 de septiembre de 1973.

En su discurso sobre el fatídico aniversario, la Presidente Bachelet señaló que los cambios
derivados de la Reforma Agraria no habrían sido posibles sin la unión de "las fuerzas del
movimiento social negado por décadas con el apoyo de la izquierda política, la Democracia
Cristiana y la Iglesia Católica". Fue "Un momento de mayorías nacionales como pocos", añadió.

El análisis de la Mandataria es exacto. Fueron las autoridades eclesiásticas las que le dieron
empuje al incipiente Partido Demócrata Cristiano -un partido nacido “al alero de la Iglesia” dirá
años más tarde el Cardenal Silva Henríquez– y fue gracias a ese empuje que las otras fuerzas “de
la izquierda política”, entiéndase partidos Socialista y Comunista, consiguieron imponer un
proceso gravemente confiscatorio del derecho de propiedad privada y profundamente subversivo
de las relaciones entre patrones y empleados agrícolas.

Las consecuencias fueron tan desastrosas que pocos tuvieron el descaro de sacarlas a la luz.
Solamente se limitaron a repetir, casi como un mantra, que la Reforma Agraria “terminó con un
sistema de relaciones sociales injusto y arcaico".

De la catastrófica diminución de la producción, de la violencia instaurada en el mundo rural, del
desarraigo de los trabajadores, de la no entrega de títulos de propiedad a los “beneficiarios”, de la
expropiación impaga y forzosa, de la politización en la aplicación de una ley injusta, y, en fin, de las
mil consecuencias que la historia muestra como hechos incontestables, ni un solo reconocimiento,
ni una mueca que revelare algo de vergüenza, ni menos un pedido de perdón.

Pero no es a esto que nos queremos referir en este comentario, sino al devenir del proceso de
unión entre “la Democracia Cristiana y la Iglesia Católica", al cual hace referencia la Sra. Bachelet.

El corto espacio del que disponemos no nos permite reseñar las diversas circunstancias que este
espurio matrimonio protagonizó. Sin embargo, para todos es conocido que, al calor de la Teología
de la Liberación, se fueron sucesivamente radicalizando las izquierdas políticas. Así se constituyó
el MAPU, la Izquierda Cristiana, y otras agrupaciones políticas que hasta hoy constituyen la Nueva
Mayoría.

Hoy el aborto.

Sin embargo, no deja de llamar la atención, el hecho de que, la misma semana en que la izquierda
festejó esa “unión”, los Obispos declararon su “dolor” por el hecho de que los parlamentarios
“cristianos” (entiéndase DCs) habían votado mayoritariamente a favor del proyecto de aborto.

Mucho más lejos aún fue la lúcida y valiente declaración del Sr. Obispo de Villarrica, Monseñor
Francisco Javier Stegmeir, quien no tuvo reparo en señalar, refiriéndose a la larga historia de
claudicaciones de la DC, que concluyeron con la aprobación del aborto: “Se dijo que la ley de
divorcio -aprobada con los votos de la DC- estaría restringida a casos muy especiales, pero
resultó ser muy permisiva. Se dijo que la ley de acuerdo de vida en común, también apoyada por
la DC, incluyendo a homosexuales, se quedaría hasta ahí, pero ya se anunció el envío del
proyecto de matrimonio igualitario. Dicen que será sin adopción de niños por parte de los
homosexuales. Pero es otra mentira más, pues también podrán adoptar. Y no hay que ser
profeta para decir que otra vez será la DC la que dará los votos necesarios para ello”.

Difícilmente se podría describir con más precisión el itinerario de los DCs. Este análisis y la
manifestación del “dolor” episcopal, lógicamente anuncian una desafección y un camino al
rompimiento de la alianza que marcó este último medio siglo de nuestra historia reciente.
Así, la alianza de católicos con DCs, terminará, dentro de poco, en claro y oficial divorcio, lo que le
quitará a estos últimos su principal fuente de sustentación.

Pero resulta que, al mismo tiempo, la DC ha optado en el plano político por su “camino propio” y
ha sido puesta de lado por sus ex aliados de la Nueva Mayoría, quienes ya anuncian un fracaso
electoral para el partido que fue el más grande de esa colación.

En consecuencia, sin piso de sustentación y sin “compañeros de ruta”, el futuro próximo de la DC
se ve más que funerario.

Si tuviéramos que escribir el epitafio de la DC pondríamos: “Aquí yace la DC, nació de una unión
adulterina, engendró frutos malos y falleció después de aprobar el asesinato de los inocentes”.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile

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