Cuentas alegres de una “nueva” izquierda

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No todos en la izquierda están de pésame.

La elección de Jorge Sharp como alcalde de Valparaíso, tiene  a los simpatizantes de una “nueva” izquierda eufóricos. Para ellos, esta elección no es sino la semilla de un frondoso árbol que llegará hasta la presidencia de Chile. Corresponde entonces considerar con atención qué hay detrás de este “triunfo”.

Veamos  si en realidad esta izquierda es tan nueva cuanto pretende mostrarse.

En reciente entrevista, el novel alcalde porteño, que de porteño tiene los pocos años de estudiante en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, declaró que: “…Lenin es uno de los grandes políticos del siglo XX. Porque tuvo la capacidad de convertir en acción política una teoría o construcción ideológica, que era el marxismo.”

En la misma entrevista Sharp hace un análisis para el futuro de su coalición: “En Chile necesitamos una nueva política. Que suponga un programa de transformación democrática, una voluntad coalicional que articule un amplio campo político y social, con independencia de los partidos tradicionales y con fuerzas políticas insertas en las distintas formas de resistencia al modelo económico.”

Este pensamiento, un poco alambicado, lo expresa con más claridad Marcelo Mellado, uno de sus promotores, que “anda convertido en una suerte de manager ad honorem del alcalde elegido”. Entrevistado  por el diario “La Segunda”, Mellado afirma: “La nuestra es la alianza de clases con que siempre soñó Marx”, (…) “Hay sectores de la pequeña burguesía, de la alta, proletarios. Y la ‘gentrificación’, que es el rescate y ocupación de lugares viejos, fábricas, casas edificios, nos hizo muy buen, nos dio dinamismo”. El diario vespertino aclara que el grupo que encabeza Sharp, denominado La Matriz, tendrá una reunión esa tarde” en la parroquia homónima, donde se incubó el colectivo que llevó a Sharp al poder”.

La Iglesia de la Matriz, una de las más antiguas del puerto, sirvió efectivamente a la agrupación de izquierda, “Movimiento Autonomista”, para que Sharp pudiese esa tarde recibir a la prensa en sus primeras declaraciones como alcalde electo.

Hasta aquí las informaciones proporcionadas por los medios.  De acuerdo a ellas, queda claro que esta agrupación, de “nueva” izquierda sólo tiene el nombre. Es la vieja utopía marxista, recocinada en una parroquia, probablemente adepta a la teología de la liberación, y que se presenta remozada en la persona de un abogado de 31 años y con look quinceañero.

¿Quiere decir entonces que no existe nada de nuevo en esta agrupación política?

No, en realidad hay una novedad. Pero ella no está en su contenido, sino en el envoltorio.

Los representantes de la NM parecen todavía dar crédito a una cierta majestad de la esfera política y del poder público. A pesar de su permanente prédica a favor de una mayor la igualdad, ellos no parecen tan convencidos de que deban representarla hasta en su presentación personal y en su vida diaria.

Por el contrario, los “autonomistas”, junto a todos los integrantes de las diversas etiquetas con que se reconocen estas micro agrupaciones, buscan acabar en su presentación, en  la vida de todos los días, en las solemnidades de lo público, con todo aquello que represente una cierta superioridad, una cierta majestad.

La diferencia, por lo tanto, no está en la forma de pensar, sino en la forma de ser.

Y en una época en que el modo de ser es considerado mucho más importante que la forma de pensar, en donde lo existencial parece dominar toda la realidad, en donde la apariencia es todo y el contenido casi nada, y en donde lo racional está a la baja y lo sensitivo en alta, esta diferencia dice mucho para no pocas personas.

Lo que pretende esta nueva izquierda es bajar un peldaño más en la rampa hacia la igualdad total. Si pudiésemos imaginar a un miembro de estas agrupaciones como próximo Presidente de la República, lo veríamos llegar en bicicleta, vestido con una simple polera blanca y blujeans rasgados, saludando a los carabineros de la guardia con una señal del pulgar, o lisa y llanamente acabando con la guardia, y respondiendo a la prensa con lunfardo y groserías.

Todas estas cosas no se pueden imaginar en un Lagos ni en un Guillier, y por eso ellos son para la nueva izquierda como objetos de “antigüedad”, buenos sólo para ser colocados en las casas de los nostálgicos del pasado.

Esa izquierda dará que hablar, y es bueno tenerla en cuenta. Ella podrá renovar la utopía marxista, tiznada por muchos años de anquilosamiento, y radicalizar aún más las metas igualitarias.

Es lo que intentaron hacer “Podemos” o “Syrisa” en España y en Grecia respectivamente, pero ambas versiones han fracasado, porque después de  levantan una esperanza de modernidad, a poco andar demostraron que no son sino una “vieja izquierda” mal maquillada.

©Credo Chile.

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