Chadwick, el aborto y una pregunta sobre Parra

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Las recientes declaraciones del próximo Ministro del Interior causaron un justificado rechazo de parte de quienes defienden el derecho a nacer, entre los cuales, a mucha honra, nos contamos.

Sostuvo el Sr. Chadwick que, en relación a la ley de aborto: “no habrá ni derogaciones ni modificaciones a la ley”. Para justificar tales declaraciones, el personero agregó que, a pesar de que él no es favorable al aborto, “nosotros no vinimos con ninguna retroexcavadora”.

Rechazar el deshacer la obra del Gobierno de la NM es afirmar que no se quiere otra cosa sino administrar bien lo hecho por un Gobierno anterior malo. Y si las aspiraciones son éstas, lo que se obtiene será consolidar lo malo del Gobierno Bachelet.  

Quienes votaron por Piñera y por los parlamentarios de oposición, lo hicieron justamente pensando en que ellos retomarían la senda del progreso, respetando las garantías constitucionales, entre las cuales, la primera es la protección de la familia y el derecho de nacer.

Lo mismo vale para las Reformas educacional, tributaria, previsional y, en general, para todas aquellas emprendidas por la Nueva Mayoría y que fueron mayoritariamente, valga la redundancia, rechazadas por el electorado.

No se trata de dedicarse a retroescavar la obra de la NM, sino de restaurar el orden conculcado. Y entre estos deberes, el primero es el de darle garantías a los niños que están por nacer, de que podrán ver la luz del día. Hasta el más necio entiende que destruir la destrucción es positivo…

 

Por lo anterior, tales declaraciones preocupan, pues ellas indicarían la intención del próximo Gobierno de mantener todo como lo deja la Sra. Bachelet. Lo anterior es darle la razón a quienes afirman que los votantes de Piñera deben querer mantener las reformas de Bachelet. Lo cual obviamente constituye un absurdo, pues en este caso habrían votado por Guillier.

Pensamos que honestamente el Gobierno debería presentar un proyecto que anule la ley de aborto, y que permita, al menos, que se vuelva a discutir democráticamente, sin las aplanadoras del ánimo refundacional que inspiró a la NM. No hacerlo sería desconocer el resultado electoral y las reglas de una verdadera democracia.

Más aún. Si el próximo Gobierno se limita a administrar bien los cambios malos de la NM, lo que en el fondo conseguirá será cavar su propia sepultura, pues hará olvidar los desaciertos y abusos de la izquierda, levantará contra sí los inevitables malestares que el ejercicio del mando produce y habrá perdido la adhesión de sus naturales aliados, los provida.

Todo lo anterior hace temer que, lejos de iniciarse una serie de gobiernos de orden, como se dice querer, estemos haciendo una pausa para el regreso de la izquierda; una nueva izquierda que podrá venir con el nombre de Frente Amplio o el que se quiera. , con lo cual corremos el grave riesgo de transformarnos en la Chilezuela del futuro.

 

Una palabra sobre Nicanor Parra.

Dice el proverbio: De mortuis nil nisi bonum (‘De los muertos, nada que no sea bueno’). No pretendemos violar esa regla. Sin embargo, hay aspectos públicos en las exequias de Parra que nos dejan perplejos.

El diario “El Universal” de Méjico noticia: “La Catedral de Santiago abrió sus puertas para velar los restos de Nicanor Parra, el antipoeta que en su obra abordó el tema religioso, pero siempre o casi siempre con ironía e irreverencia, como ocurre por lo demás con la mayor parte de su obra”.

El escritor chileno, Jorge Arturo Flores, que conoce bien los escritos de Parra, escribió al respecto: “La religión católica lleva el pandero en cuanto blanco de  sus irreverencias, ironías y sarcasmos, criticando antes que enalteciendo su accionar. (…) Hasta el Papa es salpicado  (…) Hay en Parra una vista crispada, ácida, sobre los católicos, especialmente su jerarquía.  (…) Digamos, a modo de información, que su óptica se remonta a los tiempos en que la Iglesia Católica poseía un alto poder social, mucho más que el de ahora y los ataques a sus jerarcas eran prácticamente un suicidio. Nicanor Parra tuvo ese atrevimiento.

¿Cómo entender entonces este suceder de honras religiosas, misas, etc. a quién se reía de Dios? ¿Hubo una conversión antes de su fallecimiento? Si no la hubo, ¿cómo entender esta especie de canonización póstuma? ¿Corresponde abrir la Catedral de Santiago para hacer “una despedida ciudadana”, como la llamó su nieto? Y, si hubo un arrepentimiento, ¿por qué callarlo?

Es importante que estas preguntas sean respondidas por la autoridad eclesiástica, pues, de lo contrario, queda la idea de que, tanto se puede uno reír de Dios cuanto venerarlo. Lo que sería lo mismo que afirmar que a Dios no se le toma en serio. Según eso los actos humamos no tendrían consecuencias, y la virtud de honrar a Dios, como lo manda el Primer Mandamiento, sería equiparable al vicio de blasfemar contra Él. Lo que es  lo mismo que afirmar que la religión no pasa de un cuento para asustar a los incautos.

De la canonización civil otorgada por la Presidente Bachelet y el ex Presidente Lagos, no es el caso de pronunciarse, ellos tendrán sus razones o algo que haga las veces de tales…

Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

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