Brasil y Chile: ¡vaya qué gemelos!…

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Estuve unos pocos días en Brasil y no vi en los diarios  de ese país muchas diferencias con lo que informan los nacionales. Era sólo un cambio de nombres y otro idioma.

Juzgue el lector.

La noticia más destacada de estos días en Brasil fue el fallo del Tribunal de Cuentas de la Unión (Federal), que, por unanimidad, rechazó las rendiciones entregadas por la Presidenta Bachelet (perdón Rousseff).

La causa de la irregularidad está en que ella prometió tantas regalías sociales, bolsas familias y otras ayudas estatales que el dinero fiscal no alcanzó. Entonces recurrió a los bancos para que ellos pagaran y después el Estado los resarciría. En Brasil a esto se le llama “pedalear”, lo que viene a ser como endeudarse con la banca, contra las normas constitucionales.

Al fallo de este Tribunal se sumaron otros dos fallos judiciales de los tribunales de superior instancia, todos contra la defensa del Gobierno que se acerca cada vez más a un impeachment.

Doy vuelta la hoja del diario brasileño y me encuentro con la noticia del enriquecimiento dudoso (para decir lo menos) del hijo del ex Presidente Lula. El cuestionado era inicialmente un empleado del zoológico que se dedicaba a su humilde trabajo con un sueldo (honesto) pero menos que regular. Hoy, el joven es un millonario con empresas en todos los rubros y que no sabe explicar el origen de su fortuna. Algo similar ocurre con los otros dos hijos del mismo Lula.

Al lado de esa noticia veo la fotografía del Presidente de la Cámara de Diputados, Sr. Eduardo Cunha, y una frase suya en la que afirma que a pesar de las pruebas en su contra él no renunciará.

Unas páginas más adelante viene un relato de lo que ya es una especie de telenovela de amplio rating; los desvíos de fondos de los dos gobiernos Lula y de Roussef de la empresa estatal Petrobras, una de las mayores  de ese país, que hoy está devaluada por mala gestión y por evidente malversación de fondos públicos.

No termino de ver esa noticia y leo que se está discutiendo si las empresas privadas podrán financiar campañas públicas o si el Estado deberá ser la única fuente de recursos para ellas.

A esta altura, me fijo bien si el diario que estoy leyendo está en portugués o en castellano, pues son tantas las similitudes que me da la impresión de estar leyendo la crónica nacional chilena.

En realidad los fenómenos de corrupción, estatismo, desprestigio de la clase política, indiferencia ante las quejas de los gobernados por parte de los gobernantes y destrucción de la credibilidad del aparato público, parecen ser la tónica general de la gran mayoría de los países más o menos alineados al “bolivarianismo”.

De ahí que, cuando Ud. viaje por estos países no sentirá falta de noticias de Chile. Tampoco sentirá envidia del desarrollo y prosperidad de nuestros vecinos. Todos estamos en el mismo pantano socialista que no hace sino sumergirnos todos los días un poco más abajo que el día anterior.

La discordia de la gratuidad

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Hay un dicho de todos conocidos y que afirma una gran verdad: “A caballo regalado no se le miran los dientes”. Cuando recibimos algo gratis, sólo nos queda decir gracias.

Sin embargo, la gratuidad de la enseñanza superior ofrecida por Bachelet  ha encontrado un clima general de rechazos y polémicas de parte de todos los rectores de las  universidades, tanto de las estatales cuanto de las privadas.

¿A qué se puede deber esta reacción?

Obviamente a que el regalo viene envenenado. Igual que la Reforma educacional de enseñanza media, la meta del Gobierno parece ser la de colocar en sus manos la educación de todos los jóvenes del País.

Es decir, la letra chica del regalo, muestra que éste no pasa de una simple expropiación de todo lo que se ha conseguido en materia de enseñanza universitaria gracias a la iniciativa privada a partir de la década de los 80’.

Como ciertamente el Estado no dará la calidad de que hoy gozan instituciones universitarias como la Católica de Santiago y otras, y sobre todo, como estas universidades no son obsecuentes a lo que manda el Gobierno de turno, entonces se trata de establecer una gratuidad que les ponga una pistola al pecho: “O se dobla y acepta mi ayuda  o quiebra económicamente”.

Lo que producirá, como lo hacía notar un comentarista, la generación de dos tipos de instituciones de enseñanza superior: aquellas universidades que no aceptarán bajar su calidad de enseñanza, y que por lo tanto no aceptarán la gratuidad, y sólo podrán subsistir si aumentan los aranceles de los alumnos. Éstas serán las Universidades a las cuales sólo podrán optar los hijos de los ricos.

Las otras serán las que aceptarán bajar sus niveles de calidad para obtener los recursos del Estado. Serán las universidades de los pobres.

Es claro que cuando unos y otros vayan a buscar trabajo, el título de los primeros valdrá por un currículo y el de los segundos valdrá el precio del cartón en que está impreso el nombre del pobre egresado.

¿Será ésta una buena medida para hacer progresar a las familias con menos recursos? ¿No será al contrario, crear una nueva e irritante discriminación que terminará con la expropiación lisa y llana de las universidades privadas?

En una  y en  otra hipótesis, el futuro de la enseñanza superior se ve amenazado con un  grave perjuicio de aquellos a quienes  se dice querer beneficiar.

Este es el resultado de la utopía igualitaria socialista.

Los socialistas no aprenden. Su tozudez ideológica les impide ver lo que está en la raíz de esta discusión. Los particulares son capaces de alcanzar por si mismos resultados muy superiores a los que el Estado les puede proporcionar cuando se entromete.

¿Un ejemplo? El transantiago.

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