“Bien muerto el perro”

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Bajo el alero de la “fiesta de los abrazos” del Partido Comunista y en la presencia del diputado Garín y Núñez, la diputada Santibáñez pronunció el hoy célebre exabrupto, elogiando al gesto del diputado Boric -de lucirse con una camiseta estampada con la fisonomía del Senador Guzmán con dos balas en la frente- : “Bien muerto el perro”.

¿Quién era el “perro”?

Un senador de la República que nunca participó de ningún organismo represivo y cuyo principal “delito” fue el de defender ideas contrarias al socialismo y al comunismo.

¿Y quién lo mató?

Un grupo de terroristas, confesos, condenados y prófugos de la justicia chilena.

Posteriormente la diputada se “disculpa” diciendo que la expresión “no fue feliz”(¡sic!). Similar actitud tomó el diputado Boric. La comisión de ética de la Cámara, por su parte, resuelve no sancionar a la diputada Orsini y al mismo Boric por su reunión con el asesino del Senador, Palma Salamanca

Hasta ahí los hechos conocidos por todos. Veamos si estas declaraciones tienen alguna trascendencia o ellas no son sino “expresiones no felices”.

Un poco de historia.

Hace 51 años, en noviembre de 1967, el Partido Socialista declaraba las conclusiones del Congreso tenido en Chillán que sostenía, en lo relativo a los métodos de lucha, “la violencia revolucionaria es inevitable y legítima” y que era la “única vía “que conducía a la toma del poder.

Tales declaraciones no quedaron en letra muerta, al calor de ellas se inició una verdadera espiral de violencia. Tomas de industria, de campos, de propiedades comerciales, socialización de la educación, “resquicios legales”, todo parecía poco para los adalides de la vía violenta con ropajes de legalidad, en un gobierno de su signo.

Como no podía dejar de ser, la violencia impune suscitó en sus víctimas un deseo de legítima defensa, lo que los llevó a organizarse para salvar lo que se pudiera de esa avalancha socialista. Tal clima de enfrentamiento llegó a un estado de semi guerra civil, interrumpido el 11 de septiembre de 1973.

Vueltos al Gobierno, en una híbrida coalición de DC, PS, PPD, PRSD y otros de menor importancia, los nuevos mentores siguieron una nueva estrategia. No reintentar la vía violenta ni la expropiación forzada de la propiedad privada, sino promover una profunda revolución cultural, desarmando en primer lugar la familia y las normas morales conformes con ella.

Fue la época del consenso. Ella se interrumpió con la introducción, en ese mismo conglomerado, del PC, y se rebautizó como “Nueva Mayoría”. Comenzó entonces una nueva estrategia, que sin renunciar a los cambios culturales, sumó la clásica “lucha de clases” del comunismo, la cual va creciendo hasta el presente.

La Araucanía.

Al mismo tiempo que se produce este nuevo frente de embestida política, las fuerzas de izquierda han hipotecado su apoyo a las reivindicaciones “mapuches”, sin distingo si ellas se enmarcan dentro del cuadro político o ejercen acciones terroristas.

De este modo, los propietarios y empresarios de la zona comenzaron a vivir en un clima de amedrentamiento, amenazas y atentados violentos, que ya hoy hacen parte de la rutina diaria y a las cuales el Gobierno no ha sabido poner debido fin.

Lo que, sumado a las referidas declaraciones “no felices” de los parlamentarios del PC y FA crea un clima particularmente favorable a la expansión de la violencia en otros campos de la vida nacional.

Si no, que lo diga el Presidente del Tribunal Constitucional, Iván Aróstica, golpeado a la salida del mismo Tribunal, o las víctimas del accidente ocurrido el pasado sábado en la ruta 5 sur, como consecuencia de una manifestación de “pescadores”.

 

La legítima defensa.

Lo que vemos como particularmente grave es la formación de un tipo de complicidad con la violencia terrorista de izquierda que desde 1990 no hacía parte del panorama político nacional.

Las referidas “disculpas” en vez de limpiar el clima de tal complicidad, lo agravan. Pues sí lo único que tiene a decir la mencionada diputada es que sus expresiones no fueron “felices”, es que ella continúa pensando lo mismo, pero que debería haber sido dicho de otro modo. Lo cual no hace sino agravar el espíritu de intolerancia comunista.

La complicidad de la Comisión de Ética de la Cámara y el silencio de los habituales defensores de la no violencia solo empeoran el trágico cuadro.

Es natural entonces que así como en la década de los 60’ las víctimas de la violencia se organizaron para ejercer su legítimo derecho de defensa, las actuales hagan lo mismo. Ahí tendremos recreado el clima pre septiembre de 1973.

***Noviembre de 1967, el Partido Socialista declaraba las conclusiones del Congreso tenido en Chillán que sostenía, en lo relativo a los métodos de lucha, “la violencia revolucionaria es inevitable y legítima” y que era la “única vía “que conducía a la toma d

Sin embargo de todo lo anterior, consideramos que hay algo de positivo en lo sucedido. Es que aquellos que sostenían que el comunismo había desaparecido para siempre y que, por lo tanto había llegado la hora de los entendimientos, etc. se deben enfrentar con la triste evidencia. Ellos no sólo están vivos, sino que celebran los muertos que causaron.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile

 

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