Balance de la visita papal: “Víctimas” ruidosas vs. Victimas silenciosas

0 103

No hay duda de que la reciente visita de Francisco a nuestra Patria, en buena medida, fue “copada” por la agenda de las “víctimas” de los abusos por parte de elementos del clero.

A estas “víctimas” no les bastó que una de las primeras declaraciones del Visitante fuera para pedir perdón por los abusos ocurridos. Tampoco les fue suficiente que una delegación de ellos fuera recibida personalmente en la Nunciatura por el Papa. Ellos querían la “cabeza” de un Obispo, y, si la hubieran alcanzado, habrían pedido la de otros tres.

Hay, en estas exigencias, algo de completamente desproporcionado. En primer lugar, parecen ignorar que los principales culpables se encuentran condenados, tanto por la justicia canónica, cuanto por la civil, cuando sus delitos no han prescrito. Y, en segundo lugar, estas “víctimas” no pueden desconocer, aunque les duela, que ellos ya tenían uso de razón, y, en cuanto tales, eran conscientes de los actos que practicaban. Máxime cuando ellos se repitieron y mantuvieron -en algunos casos, por años- llegando a la mayoría de edad.

Sí; ellos fueron verdaderas víctimas, en cuanto fueron desviados de sus buenas intenciones al acercase a la Iglesia. Pero no lo fueron, en la medida en que se dejaron desviar. Ellos no fueron una Maria Goretti, que, a los 11 años, prefirió morir a ser violada.

Debería haber, por parte de estas “víctimas”, un silencio penitencial, que se limitara a hablar sólo para que no se repitiesen los hechos. Pasar de eso, es servirse para provecho propio de una culpa compartida.

Su actitud durante la visita de Francisco fue exactamente lo opuesto.  Es demasiado fácil rezar “por tu culpa, por tu culpa, por tu máxima culpa”…Y, duele decirlo, tuvieron amplio éxito en su estrategia.

Los principales perjudicados por ese éxito, fueron las verdaderas víctimas; las enteramente inocentes, las indefensas, las silenciosas, las invisibles.

Sí, sobre ellas cayó un pesado olvido. Nadie pareció acordarse de que en nuestra Patria se acaba de aprobar la práctica del aborto, y que en virtud de esa ley inicua, morirán cientos de miles de chilenos, que no alcanzarán a ver la luz del día.

Ellos sí que serán verdaderas víctimas inocentes. A nadie le habían hecho mal, no tendrán ninguna culpa en haber sido concebidos, querrán nacer y vivir; y, sin embargo, sobre ellos, ya sea por estar “mal conformados”, porque serán considerados “inviables”, o porque su madre alegará motivos de salud, ellos serán masivamente asesinados.

Hay en estos dos tipos de víctimas y en la atención que se les dio durante la visita papal, una impresionante disparidad. Casi se diría una contradicción. Para unos, todas las atenciones del Augusto Visitante, de los medios de comunicación, de los propios interesados. Para los otros, el silencio más sepulcral.

Quizá algún lector nos podrá objetar que, tratándose de una “visita de Estado”, no le correspondía al Papa intervenir en un tema de política nacional.

No pensamos así. Si bien es cierto que la visita fue “oficial”, no por ello dejó de tener un carácter pastoral. Los temas tratados en sus homilías, como por ejemplo el valor de la inmigración o de los pueblos originarios, podrían también ser calificados de asuntos de “política nacional”, una vez que, a respecto de ellos, existen proyectos de ley que se discuten en el Congreso, y sin embargo, ellos fueron tratados, como temas pastorales, sin ningún tipo de reparo.

¿Qué podría haber sido más pastoral que defender la vida de aquellos que no se podrán defender?

Es justo entonces que nos preguntemos, con todo el respeto y sin querer hacer un juicio que, como simples laicos católicos, no nos corresponde, ¿por qué no hubo ninguna referencia al valor de la vida de los que están por nacer? ¿Por qué no se dispuso de unos quince minutos para recibir al próximo Jefe de Estado, para recordarle el carácter sagrado de la vida humana, desde su concepción hasta su muerte natural? ¿Por qué no se envió un mensaje a los próximos parlamentarios católicos, que asumirán en breve, recordando su deber grave de derogar esa ley inicua?

No, nada de eso lamentablemente ocurrió. Sobre las victimas silenciosas, cayó el más pesado de los silencios.

Una oportunidad, quizá la última, para revertir la ley del homicidio a los inocentes, se perdió. No podemos dejar de consignarlo y lamentarlo vivamente.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.