¿”America first”?

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Los diarios del mundo entero han comentado las dos primeras semanas del gobierno Trump y sus declaraciones –twits mediante– que han causado natural preocupación en las naciones del mundo occidental, entre las cuales también se encuentra Chile.

El leit motiv de esos anuncios es el de “America First”. Aparentemente, nada de más natural que los norteamericanos quieran la protección de sus propios intereses antes que los de sus vecinos o aliados.

Sin embargo, analizando con más atención la consigna, ella anuncia un cierto abandono del liderazgo mundial que, hasta ahora, para bien o para mal, los Estados Unidos representaban.

En efecto, lo propio de las naciones líderes, así como de los individuos o de las instituciones que ocupan un papel de auténticos dirigentes, es que ellas se preocupen, en primer lugar, del bien común y, en segundo lugar, del bien propio.

Es así que se constituyen las élites en cualquier sociedad bien organizada. Aquellas personas que dan más para el bien de todos, naturalmente son reconocidas como quienes dan la nota y marcan el rumbo a toda la sociedad.

Ejemplifiquemos. Todos los chilenos podemos postular: “nuestra familia primero”; pero si los Carabineros postulasen lo mismo, nos dejarían a todos muy preocupados. Lo que la sociedad espera de ellos es que sean capaces de posponer sus propios y naturales preferencias, en favor de la tranquilidad y el orden de todo el país.

Ese espíritu de sacrificio por el bien común constituyó uno de los predicados característicos de la nobleza en las épocas de caos social, y, en la esfera geopolítica, le pertenece a los países grandes, que cumplen similar función. De ahí el conocido adagio: “Nobleza obliga”.

Así, desde las dos Guerras Mundiales, hasta ahora, los Estados Unidos hacían el papel del “sheriff” del mundo. Más aún, cuando del otro lado estaba “el malo”, es decir, la Rusia soviética y sus satélites que amenazaban con bombas atómicas.

La enorme riqueza norteamericana, su capacidad de defensa y ataque, su conciencia de una misión providencial (“God Bless America”), confirmaban esa posición de liderazgo mundial.

Los recientes anuncios del Presidente Trump, si bien parecen contar con el apoyo de sus electores, están inquietando a sus socios y amigos. El primero de ellos es México, país vecino, que vive más o menos dependiente de los acuerdos comerciales y de servicio con los Estados Unidos y que ahora se siente amenazado con las penas del infierno, por la consigna “America First”.

Pero, lo que se da con el país más cercano, se repite con todos aquellos que están en similar situación en las otras dos Américas, que ven cerrarse los acuerdos comerciales que entusiasmaban a tantas personas en todas las latitudes.

Los dirigentes de la NATO, por su parte, y en general los Jefes de Estado europeos, están preocupados por la actitud que tendrán los Estados Unidos en el caso de que se repita una situación como la que vive Ucrania, una de las naciones que fueron dominadas por la tiranía soviética y fue semi anexada nuevamente. Máxime cuando Trump no esconde sus simpatías por el ex agente de la KGB y enigmático presidente ruso.

Todos estos factores amenazan perturbar el relativo orden internacional. Peor aún, si los Estados Unidos abandonan su posición de líder mundial, este vacío será rápidamente llenado por otras naciones que aspiran a ocuparlo: China comunista o la misma Rusia, que se dispone a celebrar el centenario de su revolución bolchevique.

Parece un contrasentido que, después de casi treinta años del derrumbe de la ex URSS, sean precisamente dos naciones –comunista una, y ex comunista la otra- que están por cosechar los frutos del “Americana First”.

No queremos decir que todo lo realizado por Trump, en estas dos semanas, constituya un mal ejemplo para el resto del mundo. Al contrario, vemos con viva simpatía sus declaraciones a favor del derecho de nacer y sus anuncios de retirar los fondos públicos a las instituciones abortistas como la Planned Parenthood. Parecen también muy oportunas sus alertas contra el peligro del terrorismo islámico.

Tales medidas, ciertamente tendrán una buena repercusión entre las naciones en que se discute el aborto, entre las cuales Chile, o experimentan una inmigración musulmana descontrolada, como en Europa.

Para concluir, creemos que la consigna “America First”, y el modo como se la está aplicando, puede ser un mal negocio para los Estados Unidos. Si pierde su preminencia internacional le será muy difícil recuperarla. Si no, que lo digan la España del siglo XVI, la Francia del XVII o la Inglaterra del XIX.

Perder un liderazgo legítimo es siempre un mal negocio para el que lo tiene y un perjuicio para el resto del mundo, pues deja un vacío que podrá ser ocupado por alguna nación que no lo merezca.

©Credo, pasado, presente y futuro de Chile.

 

 

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