¿Al César lo que es de Dios?

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La sentencia divina “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” fue universalmente violada en esta cuarentena. Y, lo que es peor, ella fue violada tanto por los representantes del “César” cuanto por los de Dios.

Es la amarga constatación de millones de católicos en el mundo entero,  para quienes la Santa Misa dominical significa infinitamente más que las ofertas de los supermercados y que han visto los templos católicos cerrados y los comercios alimenticios abiertos.

Sin embargo, lo más doloroso en toda esta penosa situación es que los templos se han mantenido cerrados por orden perentoria de las propias autoridades eclesiásticas, muchas veces tomando la delantera a las propias disposiciones del “Cesar”.

Tal actitud hizo con que en muchos países europeos, como en España, se toleraran los cultos mahometanos por ocasión del Ramadán y se mantuviera la prohibición de apertura para las iglesias católicas.

Agravando lo anterior, no han sido los miembros del clero, los que han recurrido a las instancias judiciales para impedir este cercenamiento de la libertad del culto católico, sino que en general, han silo elementos del laicado, justamente indignados por esta discriminación arbitraria contra la piedad católica, como ocurrió la semana pasada en Francia.

En nuestro territorio la situación no ha sido muy diferente.

El Obispo auxiliar de Santiago, Monseñor Roncagliolo, explicando las disposiciones de la autoridad diocesana de Santiago, confirma esta actitud de dependencia en relación a las autoridades civiles: “Hemos trabajado como una suerte de espejo de los instructivos del gobierno, sabiendo hacia dónde caminábamos”.

La honrosa excepción a esta actitud de “espejo” de las resoluciones civiles en materia religiosa, fue la de Monseñor Felipe Bacarreza, Obispo de los Ángeles, quien enfrentó valientemente las disposiciones de las autoridades civiles en materia de libertad de culto.

El Obispo no sólo no las acató, sino que continuó con la celebración de las Misas en la Catedral de su diócesis, manteniendo los cuidados necesarios para no poner en riesgo la salud física de sus fieles e instruyó a sus párrocos: “en lo posible, aumentar una o dos Misas en el templo parroquial, de manera que los fieles, que de todas maneras serán menos que lo habitual, se distribuyan en más celebraciones y puedan mantener mayor distancia unos de otros”.

Esa valiente actitud del Obispo de Los Ángeles terminó siendo respaldad jurídicamente por fallo del Seremi de Salud de Bio Bio, quien emitió una resolución dejando sin efecto la prohibición de celebrar actos religiosos, que él mismo había decretado con anterioridad. En el considerando 19 de la referida resolución, el Seremi de Bio Bio reconoce que el cierre de las Iglesias va contra la libertad de culto consagrada en la actual Constitución de la República.

Lo anterior demuestra bien cómo cuando se enfrentan debidamente a las autoridades civiles en materias que se entrometen en asuntos religiosos, se pueden revertir esas decisiones.

Obviamente que los primeros perjudicados de esta situación fueron los fieles privados de la asistencia religiosa en todo el resto del País, especialmente aquellos que no pudieron recibir los sacramento “in articulo mortis”.

Sin embargo, no fueron sólo ellos los únicos perjudicados. Peor aún que el perjuicio individual fue el aumento de la distancia entre Pastores “conformistas” y la gran mayoría de los fieles.

En efecto, lo que más une al rebaño con su Pastor, es constatar que en las situaciones de peligro, éste “es capaz de dar la vida por sus ovejas”. Pero, cuando las ovejas constatan que, lejos de “dar la vida”, los Pastores se ordenan como “espejo” a las resoluciones del “Cesar”, puede ser que ellos no digan nada, pero la desconfianza -ya no pequeña- aumenta todavía mucho más.

No cabe duda que los Sres. Obispos perdieron una espléndida oportunidad de recuperar la credibilidad perdida. Se omitieron en una hora crucial para el bien de las almas a ellos confiadas y cruzaron los brazos dejando a todos los fieles sin el principal alimento: “’No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. (San Mateo, 4, 3-4)

Al terminar esta cuarentena, es probable que los fieles vuelvan a frecuentar las Iglesias, pero ellos no verán en el oficiante al Pastor “que da la vida” por ellas. Y, como en materia religiosa, el principal vínculo entre los fieles y sus Pastores es la confianza, la mayor perjudicada será la Fe de los chilenos.

Pero, cuando disminuye la Fe, lo peor de todo es que el amor de Dios también se debilita pues, sin Fe, no existe el amor a Dios.

Credo; pasado, presente y futuro de Chile.

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