3,2%, victoria a lo Pirro

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“Ándate vendida”, le  gritaron los empleados  estatales durante la manifestación frente a la Moneda a la Presidenta de la CUT, Bárbara Figueroa.

Pocos días antes, la misma Figueroa profirió tantas groserías contra el Ministro de Hacienda, durante la discusión parlamentaria del reajuste, que la Cámara resolvió colocar un muro de vidrio a fin de proteger a las autoridades públicas del hemiciclo.

A su vez, el Partido Comunista votó en pleno, primero contra el reajuste del 3,2% y después se abstuvo, actitud que le valió una nota de censura de los otros partidos integrantes de la NM.

Finalmente, el Gobierno consiguió aprobar el proyecto de reajuste laboral al sector mejor pagado de Chile, gracias a los votos de la oposición.

¿Quién ganó en todo este enfrentamiento?

A primera vista, se diría que fue el Gobierno,  pues se aprobó el 3,2% de alza en los sueldos. Sin embargo, de acuerdo a las declaraciones de las partes concernidas,  los que triunfaron fueron los más radicales, los manifestantes de la “calle”.

Veamos cómo lo juzgan los contendientes.

El Ministro de Hacienda se dio por satisfecho pues “no dieron el brazo a torcer”;  el PC decidió revaluar su participación en el Gobierno para no perjudicar su sintonía con los “movimientos sociales”; la DC consideró que el “nuevo trato” prometido por el Gobierno no se había dado y, para finalizar, el inefable Ministro Fernández valoró que el PC se haya abstenido, lo cual, a su vez, también fue criticado por el PDC.

En resumidas cuentas, una bolsa de gatos.

Los únicos que celebraron fueron los organizadores de la huelga ilegal. De acuerdo al presidente de la ANEF, Raúl de la Puente,  se consiguió mantener “la unidad y la fuerza para enfrentar (al Ejecutivo en) la negociación de 2017”.

Cuando se “gana” una batalla con el completo desangramiento y división de sus propias fuerzas, recurriendo al apoyo del campo opuesto, y cuando los “perdedores” celebran la “derrota”, se llama una victoria al estilo de Pirro.

Como el lector debe recordar, el nombre proviene de Pirro, rey de Epiro, quien alcanzó una victoria sobre los romanos con el costo de miles de sus hombres. Pirro, al contemplar el resultado de la batalla, exclamó “Otra victoria como ésta y volveré solo a casa”

Es lo que le ocurrió a Bachelet en esta semana.

¿Quiénes perdieron?

Todo el país. Los enfermos de los hospitales públicos que no fueron atendidos, los que nacieron y los que murieron que no obtuvieron sus registros, los que se quisieron casar, los que quisieron salir de Chile, los que regresaron al País. En una palabra, el país real, el que trabaja con sacrificio y no pertenece a los autodenominados “movimientos sociales”.

Pero más allá de los perjuicios inmediatos, hay una consecuencia aún más negativa.  Es la instalación de una mentalidad que lo espera todo del Estado y que considera que para alcanzarlo se debe exigir a través de las manifestaciones de protestas y huelgas ilegales y violentas, característica de los países socialistas.

Es lo que informa la última Encuesta Nacional Bicentenario 2016. De acuerdo con sus conclusiones, “se acrecienta la tendencia al alza en la valoración del rol del Estado como responsable del bienestar personal con mayor énfasis en la igualdad, la que tiene una valoración en aumento respecto del crecimiento económico”.

A lo anterior se suma que, de acuerdo con la misma encuesta, quienes opinan que la gratuidad en los estudios debe ser universal, para ricos y pobres, subió en 10%.

Cuando en un país decrece la convicción que el triunfo depende de cada uno y crece la posición opuesta, poco importa saber si el próximo Gobierno estará en manos de la izquierda o de la derecha, pues ambos estarán inclinados a consentir con ella, los primeros para halagarla y los segundos para moderarla.

¿Cómo salir de este espiral descendente?

La respuesta excede el espacio de este comentario. Sin embargo, digamos una palabra al respecto. La mentalidad descrita es lo que comúnmente se conoce como “la masa”, o sea la que es dirigida por los demagogos de turno, que les prometen “pan y circo”.

Falta que se haga presente en el escenario nacional aquello que no es masa, sino fermento. O  sea, quienes  comprenden que lo necesario es el sacrificio y la perseverancia individual.  Una verdadera y auténtica élite nacional, aquella misma que con tesón, a través de varias generaciones, hicieron grande nuestra Patria.

¿Dónde está esa élite, que no se le ve actuar? ¿De qué sirve la sal si ella no sala? Lamentablemente, gran parte de sus integrantes  han perdido la conciencia de su misión y sólo se dedican a gozar la vida, sin aquella noción del bien común que tenían sus ancestros.

Por detrás de lo ocurrido la semana pasada, el verdadero enfrentamiento está entre estas dos mentalidades. Una, la del proletariado que todo lo exige y espera  de arriba. Otra, la de quienes conocen su responsabilidad individual, en cualquier nivel de la escala social en que se encuentre, y que, antes de exigir derechos, reconoce sus propios deberes.

Es lo que el Papa Pio XII llamaba, la diferencia entre la masa y el pueblo auténtico.

©Credo Chile

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