2015: El año de la inseguridad

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Es natural que, al término de un año, nos preguntemos cuál fue la nota característica de las preocupaciones que absorbieron a los chilenos.

Para responder a esta pregunta, la última encuesta CEP nos proporciona importantes elementos de respuesta. De acuerdo con los datos entregados las últimas semanas, “la delincuencia es la principal preocupación de los ciudadanos nacionales, imponiéndose con el 58% de las opiniones”.

Las notas más baja que obtuvo el Gobierno fueron “Control de la Corrupción” con un 2,4 y su gestión contra la delincuencia, con un 2,6. Como consecuencia de lo anterior el mismo 58% desaprueba al Gobierno. Peor aún, el 62% considera que la Presidenta: “No tiene el liderazgo adecuado para enfrentar situaciones de crisis”.

Estos datos son resultados de la inseguridad en que viven los chilenos, producto de una violencia desatada y que la mayoría considera que no ha sido debidamente combatida por el Estado.

Ahora bien, lo propio de todo ser vivo es que, cuando él se siente inseguro, tiende a replegarse sobre sí mismo. Cuando la inseguridad afecta al conjunto de la sociedad, ella naturalmente pierde su cohesión interna, pues cada grupo social busca con prioridad su propia sobrevivencia.

La misma encuesta CEP señala una fuerte caída en valoración a personajes políticos. Este desinterés por la política y por los políticos en general es un claro síntoma del repliegue y de la pérdida de cohesión social. Cuando lo privado se encuentra en peligro, lo público siempre pasa a segundo lugar de preocupaciones.

Así, la vida se va transformando en un estado de defensa permanente y de agresividad latente, pues crece la desconfianza no sólo en las instituciones sino también entre las mismas personas.

Este mal no es exclusivo de los chilenos. Él se hizo sentir, en mayor o menor medida, en el mundo entero. Véase los atentados de París, las olas migratorias de Oriente Medio y el surgimiento de grupos que reivindican su propia defensa. Los resultados de las recientes elecciones en Francia y en España son síntomas de esta misma realidad.

De mantenerse esta tendencia ¿hacia dónde ella nos puede conducir?

En nuestra época de caos los pronósticos son precarios, pero lo que lógicamente tiende a producirse es un descuartizamiento de los Estados-naciones.

El siglo XXI parece condenado a deshacer definitivamente  la idea de nación que caracterizó al  siglo XIX, o la de los grandes bloques rivales que marcó el siglo XX, sustituyéndolos por la de un conjunto más o menos inconexo de tribus que se unen y desunen por intereses pasajeros o caprichos.

El futuro nos dirá si esta tendencia se confirma, pero es útil desde ya señalarla y advertir los riesgos que ella podrá causar, entre los cuales está el aparecimiento de caudillos populistas que se presentan como “salvadores” y que terminan agravando aún más la situación. O el de una “Nueva Constitución” que consagre preferentemente los derechos de las “minorías” étnicas, sexuales, etc. con perjuicio del bien común de la sociedad.

Algún lector podrá quizá objetar que no es simpático terminar el año señalando un panorama negro, que sería más “políticamente correcto” limitarse a desear un feliz 2016.

Concordamos con nuestro hipotético objetante en que puede no ser simpático; sin embargo, consideramos que la verdadera amistad no nace de lo “políticamente correcto”, sino de la honestidad y de la verdad. “Buenas cuentas, conservan amistades.”, dice el refrán. Y para que las cuentas sean realmente “buenas”, ellas deben considerar con rectitud los problemas que podemos encontrar en el horizonte.

Lo que no quita que, a pesar de todo lo anterior, no dejemos de desear a todos nuestros lectores un año 2016 lleno de realizaciones en el cumplimiento del deber, por encima de las adversidades que podamos encontrar.

©Credo Chile.

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