11 de septiembre: ¿casi medio siglo de confrontación?

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Al conmemorarse casi medio siglo del 11 de septiembre de 1973 mucho se ha comentado el hecho de que hoy se mantienen irreconciliables las posiciones antagónicas de ayer.

¿Cómo explicar esta permanente división entre los chilenos?

Es sabido que las cicatrices que dividen a una sociedad, al igual que en un organismo sano, con el tiempo tienden a disminuir y desaparecer. Poco a poco, el olvido paulatino de los sucesos pasados, la desaparición de sus protagonistas y el cambio de las circunstancias que provocaron la herida social, van tejiendo una nueva piel y las cicatrices se atenúan y desvanecen.

Esto ha ocurrido con todos los enfrentamientos y guerras civiles en la Historia de Chile, desde la Independencia hasta la guerra civil de 1889, con Balmaceda. Sin embargo, el 11 de septiembre del 73’ se mantiene tan fresco en la Memoria colectiva como si hubiera ocurrido hace poco tiempo.

Surge entonces naturalmente la pregunta: ¿por qué motivo esta cicatriz no desaparece de nuestra convivencia nacional?

La respuesta a esta pregunta nos importa pues ella nos explica, en buena medida, el presente de nuestra vida nacional.

Comencemos por decir que el enfrentamiento de 1973  no se debió sólo a causas políticas o económicas. Ella obedeció principalmente al enfrentamiento entre dos tipos de sociedades opuestos.

Un modelo lo representaba el Gobierno y los Partidos de la UP, que se basaba en una concepción estatista y dominadora del Poder Público, de modo que todas las esferas de la vida económica, política, social e incluso religiosa emanaban del Estado.

El otro modelo de sociedad estaba representado por los que consideraban que el centro de la vida social no se encuentra en el Estado, sino en el conjunto de los particulares y en el respeto a los derechos que emanan de su propia dignidad de hijos de Dios, y en especial, al respeto del derecho de la propiedad privada.

Naturalmente, de la confrontación entre ambas concepciones de sociedad no podía sino salir un conflicto. Ese enfrentamiento se vivió en el Chile de los 70’ de un modo paradigmático, fruto de un largo proceso de lucha de clases que culminó con el 11 de Septiembre de ese año.

La segunda causa por la cual el recuerdo de ese enfrentamiento se mantiene tan vivo en nuestro presente, es que de  aquel entonces hasta ahora, la izquierda nunca se ha dado por vencida, ni se ha convencido de que  su sueño de igualdad es utópico.

Al contrario, ella sólo espera la ocasión propicia para retomar la obra “inconclusa” de Allende. Y, de acuerdo a los actuales Gobernantes de la Nueva Mayoría, esa hora llegó para quedarse.

Por lo anterior, quienes vivieron y sufrieron esta agresión del marxismo y que ven el intento de perpetuarla en nuestros días, no puedan dejar de mantener todas las sospechas y desconfianzas de que nos encaminamos al mismo y fatídico destino.

Ambas posiciones se mantienen irreconciliables, pues la primera mantiene todos los deseos de imponer nuevamente sus postulados, y la segunda, aunque más optimista y confiada, no ha perdido del todo la memoria del fantasma UP.

Por esto, las cicatrices no pueden cerrarse, y no podrán hacerlo hasta que los enemigos de la libertad individual cedan en sus propósitos destructivos.

El cráneo de Lenín.

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Un hecho noticiado esta semana en la ex Alemania del Este nos ilustra la actitud de quienes sufrieron la agresión comunista.

La noticia informa que: “Veinticinco años después de la caída del Muro, Lenin regresó el jueves a Berlín, donde la cabeza de una inmensa estatua en su honor fue desenterrada y transportada en un camión por toda la ciudad.

La imagen del cráneo circulando por Berlín recordó a la escena de la película “Good Bye Lenin” (2003), en la que aparecía la cabeza de Lenin, colgando de un helicóptero y sobrevolando Berlín Oriental justo después de la caída del muro.

En principio, el cráneo formaba parte de un monumento realizado por Nikolai  Tomski, presidente de la Academia Soviética de las Artes, que representaba a Lenin de cuerpo entero delante de una bandera roja. Medía 19 metros de altura”.

Imagine el lector que esa cabeza no fuera de piedra sino de un conjunto de personas vivas, que estuviesen intentando, junto con sus aliados políticos, reconstruir la Alemania de Hoenecker. Y más aún, que esas personas hubieran consiguido, gracias al olvido de muchos, volver a instalarse en el Poder. ¿Cree Ud. que los alemanes de Berlín podrían estar tranquilos viendo nuevamente erguir el Muro de la Vergüenza?

Es precisamente esta situación la que estamos sufriendo los chilenos. El fantasma de Allende,  vuelve a perturbar seriamente  la vida nacional y los ladrillos con los cuales se está construyendo nuevamente nuestro “Muro de la Vergüenza” son las pésimas reformas que el Gobierno está imponiendo.

“La derecha ha hecho mal su pega”

 

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Era de esperar que, ante este cuadro de avance socialista,  los partidos políticos que representan al electorado opuesto a esta agenda estatista hubiesen levantado un ideario que los identificase para liderar la oposición.

Sin embargo hasta ahora, pasados casi dos años del período de la Nueva Mayoría, los partidos políticos de centro derecha no aciertan a proponer un conjunto de ideales que consiga aunar e interpretar los anhelos de los opuestos al socialismo. A lo más han discutido el nombre que los agruparía y se han levantado esbozos de candidaturas presidenciales. Como si el envoltorio fuese más importante que el contenido, y como si el problema fuese más de personas que de ideas.

Al respecto de este comportamiento de los líderes de la derecha nacional, el ex comunista y actual adherente a los principios de la libertad individual, Sr. Roberto Ampuero, fue preciso al responder  a la pregunta realizada por un periodista: “¿Se ha demorado la oposición en reaccionar?

-Aquí hay un tema que tiene que ver con la batalla de las ideas. Durante mucho tiempo se ha pensado que el área de donde se generan las ideas está en manos de la izquierda, mientras nosotros nos dedicamos a la inversión, a la producción y a que sean eficientes las cosas. Es un error pensar que la ideología y las ideas no son necesarias y que los resultados positivos de la economía son un argumento suficiente para que la gente opte por un determinado modelo. La derecha no ha hecho bien su tarea.”

Tal declaración obviamente no está realizada para desmoralizar a sus líderes, sino al contrario, para estimularlos a que sepan “hacer bien la tarea”.

Y si el lector nos preguntase cómo hacerla bien, le diríamos simplemente que levantando los ideales opuestos a lo que vemos en la actualidad. Es decir, el respeto a la autoridad y a la propiedad privada, como garantía de la libertad individual, la oposición al aborto y la promoción de la familia, como célula básica de la sociedad; y en una sola palabra, la promoción de todos los valores cristianos que a lo largo de nuestra historia nos constituyeron en una nación próspera, digna y respetable.

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