En vísperas de la elección presidencial de 1993

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Manifiesto TFP de Chile (1)

Nos aproximamos a una elección que, en la teoría del sistema democrático vigente, sería un hecho clave de nuestra vida política en este fin del siglo XX. No obstante, en la mente de los electores, encargados de llevar esta teoría a la práctica, parece no tener tal importancia, lo cual constituye una incongruencia entre doctrina y realidad que podrá ser profundamente nocivo para el país.

Por medio del sufragio el elector entrega las llaves de los Poderes del Estado, del Ejecutivo, del Legislativo e indirectamente del Judicial a un grupo de ciudadanos, para que manden, intervengan, legislen, discutan, reformen…; para que hagan y deshagan, en último análisis.

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Indiferencia del país real por lo que hace y dice el país político

 Según la teoría de la democracia representativa, las elecciones son un acto fundamental y decisivo que presupone un elector-rey consciente, informado y con voluntad de ejercer cabalmente su “soberanía”. Sin embargo, tal presupuesto no parece compatible con la presente realidad chilena, en la cual un fenómeno nuevo erosiona, desprotege y vacía la vida política del país, comprometiendo su desarrollo normal.

Ocurre que el elector se manifiesta cansado y escéptico de la política y de los políticos, sin pasión ni entusiasmo por la cosa pública, preocupándose sólo por asuntos de carácter individual, familiar o, cuando mucho, cultural. Incontables electores se dejan arrastrar a las urnas, porque la ley a ello los obliga; pero, por indiferencia, no ponen énfasis en sus opiniones, limitándose a dejar hacer, sin temer ni esperar mayor cosa de la contienda electoral.

Así, a menos de dos semanas de la votación, los candidatos no logran entusiasmar a su electorado ni suscitan aprensiones en sus adversarios. Debate propiamente tal, no ha habido, porque las discrepancias no son muchas, ya que algunos de ellos prefirieron callar sobre lo que puede chocar a la opinión, de donde la propaganda cae en el vacío.

Sin embargo, cuando los candidatos hacen esfuerzos —a veces serios y ricos de contenido, a veces próximos a lo carnavalesco— para asumir características definidas frente a la nación, no logran conmover a la opinión pública apática y displicente frente a esta singular campaña electoral.

La frustración ante la actividad política es un fenómeno mundial

Todo sucede como si un silencioso pero profundo divorcio se viniese gestando entre el Chile real y el Chile político, entre la Nación y el Estado; un divorcio sin peleas ni altercados apasionados, pero por eso mismo más profundo.

Simplemente, el Chile real, que es la Nación, decepcionado de su cónyuge político, pierde la confianza y hasta el interés por él, porque éste ya no lo entiende, ni lo representa ni lo interpreta. Psicológica y mentalmente se alejaron tanto que a cada uno casi no le importa lo que su contraparte piense, diga, haga o deje de hacer; no se inquieta por su suerte.

No se trata sólo de apatía y desidia nacionales. Un cansancio y un escepticismo profundo en las instituciones recorre el mundo. El Estado, tal como hoy se presenta, se muestra desinteresado e impotente ante los problemas de la sociedad actual, y esto se vuelve patente por doquier y a los ojos de todos.

Sin ir más lejos, en Iberoamérica, el poderoso Brasil y la otrora próspera Venezuela son elocuentes ejemplos de cuán poca relación resta entre la acción del mundo político y el bien común; en Europa occidental, Italia es un caso típico en ese sentido, país donde la DC sufre en estos días la más amarga derrota de su historia y en beneficio de los comunistas; en Europa oriental, Polonia, Rumania y los países bálticos, entre otros, sorprenden al mundo con sus paradójicas opciones electorales.

El olvido de las tragedias pasadas es el primer paso rumbo a las futuras

Estos últimos hechos deberían abrir los ojos de Chile: ¡países que ayer celebraban su liberación del comunismo y que hasta hace poco lo juzgaban muerto, hoy, por medio de elecciones, ponen en el Poder a esos mismos comunistas, olvidando los crímenes que cometieron!

Es enorme el grado de confusión a que llega la opinión pública de esas naciones, pero ese fenómeno, por desgracia, también afecta a nuestro país porque, por inercia y displicencia, parece dispuesto a entregar —como muchos indicios anuncian— las llaves del Poder a un Presidente y a un Congreso de espíritu kerenskiano.

Hay en Chile quienes alimentan la ilusión de que no serán afectados por los problemas políticos. Este optimismo de que “aquí no pasará nada”, es análogo al que llevó a la derecha chilena en 1964 a emigrar del campo de batalla político y doctrinario, creyendo que un socialista los salvaría de la amenaza comunista.

En esa época, la derecha abdicó de su poder y de su influencia en favor de Frei y de la Democracia Cristiana… Después vino Allende. ¡A un Kerensky normalmente sigue un Lenín, aunque este se lo presente bajo apariencias de “renovado”!

Los chilenos sabemos bien que los Kerenskys, por más que los imaginemos cargados de buenas intenciones, no tienen carácter suficiente para enfrentar situaciones difíciles, como las actuales. Son, por el contrario, los hombres del “ceder para no perder”, que alimentan la ilusión de calmar al adversario marxista con concesiones, como Pilatos.

Sí, como ese Pilatos que, reconociendo expresamente la Inocencia del Hijo de Dios, mandó, no obstante, azotarlo, para contentar a un populacho enardecido! Y que, después, como éste pidió más, su crucifixión, lo mandó crucificar y se lavó las manos (Lc. 23,1-25).

También sabemos que los Kerenskys sólo llegan al Poder y se sostienen en él gracias a la omisión, a la desidia y al optimismo de los sectores más sanos del país, especialmente de sus élites tradicionales. Este es uno de los problemas centrales del momento, a respecto del cual la TFP quiere llamar la atención de sus compatriotas.

Una obra clave para que el mundo venza las crisis producidas por la defección de incontables dirigentes

En reciente libro —”Nobleza y élites tradicionales análogas en las Alocuciones de Pío XII al Patriciado y a la Nobleza romana”— el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira muestra hasta qué punto Pío XII previó la crisis de inorganicidad en que caerían las democracias igualitarias de la postguerra, si las élites tradicionales se desentendiesen de la vida pública.

En esa obra —vivamente elogiada por cardenales, teólogos, príncipes, historiadores y hombres de acción— el fundador y Presidente de la TFP brasileña destaca el importante papel que le cabe a la nobleza y a las élites tradicionales análogas en la difícil hora actual.

El eminente pensador católico señala cómo, aún ahora, incluso después del mundo haber desoído durante décadas las apremiantes palabras de Pío XII, todo puede ser salvado, si la augusta voz del Pontífice tiene eco en un buen número de almas de la clase dirigente.

En efecto, si las élites asumen con convicción y valentía el papel que tienen según la Doctrina Católica y el Derecho Natural, la Divina Providencia podrá escribir a través de ellas una de las páginas más bellas y gloriosas de la Historia.

En su famosa serie de Alocuciones a la Nobleza y al Patriciado Romano —comenta el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira— Pío XII alertó al mundo contra los males de una sociedad masificada, contra los peligros de la dictadura de las mayorías y de la democracia sin valores, llamando a sus distinguidos oyentes a una reacción en defensa del espíritu católico.

Así, pues, el autor recuerda la importante e insubstituible misión de las élites tradicionales en la sociedad, concitándolas a no encerrarse en sí mismas, sino a dar la batalla por el bien de la Patria y de la civilización.

El fundamental papel de las élites para el futuro de Chile

Ese llamado es particularmente oportuno para el Chile de hoy. Si nuestras élites —sea por despecho en relación a los políticos, sea por reacción desdeñosa ante un pueblo que en su entender no supo valorar la recuperación moral y material del País— abandonan la vida pública y social; o, lo que sería peor, si se diluyen en la masa, abdicando de su misión de guías y modelos de la sociedad; si ellas, en suma, dejan de ser élites, se crearán las condiciones para que el caos y la confusión contemporánea dominen y traumaticen a la nación.

¿Por qué? Porque un país sin élites, o con élites apáticas y encerradas en sí mismas —inmovilizadas por la frivolidad mundana, por el oportunismo o por la inhibición— está en una situación análoga a las de las víctimas del Sida: sin defensas, inmunodeficiente a la agresión de cualquier enfermedad.

Más aún: la apatía electoral actualmente existente en Chile es síntoma de una enfermedad social análoga. Contra esa desidia y ese optimismo, de que “aquí no pasará nada” y de que no es necesario, por tanto, movilizarse por entero para vencer el peligro subyacente en las tendencias que venimos delineando, el país —encabezado por las élites— debe reaccionar enérgicamente, antes de que sea tarde.

La inercia de las élites y las concesiones kerenskianas pueden contribuir a recomponer la amenaza marxista

El optimismo y la desidia de ciertos sectores está hoy llevando al país a correr el riesgo —después de haber dado al mundo un ejemplo memorable, de liberarse de la miseria y del oprobio moral y material intrínsecos al socialo-comunismo— de dar hoy el triste espectáculo de volver a recorrer el camino hacia su perdición, colocando en el poder a un nuevo Kerensky. Un Kerensky II, heredero no sólo de la sangre y del nombre, sino también heredero de la fisonomía moral y política del primero.

Algunos dirán que ese peligro es irrelevante, porque el comunismo no tiene hoy la fuerza ni el poder de seducción de que se jactaba en los años 60 ó 70, antes bien, yace ahora en el más profundo desprestigio en casi todo el mundo.

Un desprestigio respondemos comparable al que afectaba a la secta roja, hace dos años, en Polonia o en los países bálticos por ejemplo. Un desprestigio susceptible de ser

fácilmente compensado por las medidas auto demoledoras y las concesiones de un gobierno capitulacionista, que nutra al enemigo que habrá de derrotarlo, tal como sucedió en esas infortunadas naciones del Este europeo. Tal como quizá esté sucediendo en Italia, donde el ex PCI resurge como el partido más votado.

Y no se alegue tampoco que el actual gobierno DC-socialista ha demostrado en este período una evolución positiva, porque es evidente que la “moderación” de la Concertación en estos cuatro años se debe fundamentalmente a que han encontrado fuerzas, en el parlamento y en la sociedad, que le impidieron hacer lo que quería. Son esas fuerzas las que dieron equilibrio a la nación, y son ellas precisamente las que, siendo hoy víctimas de la apatía y la desidia, dejan al país sin defensas.

La Democracia Cristiana, la Izquierda Católica y el socialo-comunismo prepararon esta indefensión, pues siempre se aliaron para instigar el odio de clases y decapitar las élites. La desastrosa Reforma Agraria, de la cual —a pesar de su índole indiscutiblemente nefasta— nunca se arrepintieron, fue precisamente eso, sin que haya hoy la menor señal de enmienda.

Es intrínseco a las izquierdas difamar, aislar y descabezar a las élites, porque éstas son capaces de enfrentarlas y derrotarlas, lo cual vuelve evidente que, apenas ellas puedan, volverán a tomar ese rumbo igualitario.

Súplica a la Santísima Virgen, Reina y Patrona de Chile

 Pidamos a la Santísima Virgen — en este mes bendito a Ella consagrado, durante el cual desde todos los rincones de Chile se la honra como nuestra Reina, nuestra Madre y especial Protectora— que se apiade una vez más de su pueblo; que ilumine y colme de gracias a sus élites a fin de que cumplan su papel en esta hora; y que evite para Chile el oprobio de recaer en la misma pendiente fatal de la cual Ella misericordiosamente nos rescató.

 

(1) Publicado en El Mercurio Noviembre 1993

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