¿El relativismo prepara la paz o el desorden?

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Apartemos una objeción primaria: ¿combatir el relativismo — y, por ende, la

llamada reconciliación y la tolerancia — no equivale a trabajar por la división y la

guerra?

Cuando el hombre relativiza sus principios y costumbres, sus hábitos de

comportamiento sobrevivirán siempre y cuando no le resulten muy incómodos. Se

irá adaptando a lo que determine el consenso general, porque tal vez nada le

cueste tanto como resistir a la opinión supuestamente unánime de sus semejantes.

Al calor de la revolución cultural, el consenso adquiere tonalidades cada vez más

libertarias e igualitarias. En esa dirección será arrastrado el español relativista.

Al final de esta evolución revolucionaria, la víctima de este consenso no se sujetará

a ninguna ley, estará tiranizada por sus instintos y no conseguirá vivir en una

sociedad modelada según los principios de la moral cristiana. Tratará de destruir

todas las instituciones que se le antojen opresivas de quien quiera llevar una vida

completamente libre y lúdica, a la manera de un fauno.

Entonces desparecerán las estructuras y las costumbres que protegen el orden

social. ¿La situación así creada será la paz o el caldo de cultivo de continuos

conflictos?

La paz florece en otro ambiente. En la concisa definición de San Agustín, la paz es

la “tranquilidad del orden” (XIX, De Civitate Dei, c. 13). Procuremos, pues, el orden,

y tendremos paz.

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(*) ESPAÑA  ANESTESIADA SIN PERCIBIRLO AMORDAZADA SIN QUERERLO EXTRAVIADA SIN SABERLO LA OBRA DEL PSOE. Covadonga Informa, Año IX, Núm. 123, MarzoAbril-Mayo 1985  Pag. 15

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