Aborto ¿terapéutico?

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La vida humana inocente, en cualquier condición en que se encuentre, está sustraída desde el primer instante de su existencia a cualquier ataque voluntario y directo. Éste es un derecho fundamental de la persona humana, de valor general en la concepción cristiana de la vida; válido tanto para la vida todavía escondida en el seno de la madre como para la que ha visto ya la luz fuera de ella; lo mismo contra el aborto directo que contra la directa occisión del niño, antes, durante o después del parto. Por muy fundada que pueda ser la distinción entre aquellos diversos momentos del desarrollo de la vida nacida o todavía no nacida para el derecho profano y eclesiástico y para algunas consecuencias civiles y penales —según la ley moral—, en todos aquellos casos se trata de un grave e ilícito atentado contra la inviolabilidad de la vida humana.

Este principio vale tanto para la vida del niño como para la de la madre. Jamás y en ningún caso ha enseñado la Iglesia que la vida del niño deba ser antepuesta a la de la madre. Es un error plantear la cuestión con esta disyuntiva: o la vida del niño o la de la madre. No; ni la vida de la madre ni la del niño pueden ser sometidas a un acto de supresión directa. Por una u otra parte la exigencia no puede ser más que una sola: hacer todo esfuerzo para salvar la vida de ambos, de la madre y del hijo.
Es una de las más bellas y nobles aspiraciones de la medicina el buscar siempre nuevas vías para asegurar la vida de entrambos. Si, no obstante todos los progresos de la ciencia, se dan todavía y se darán en lo futuro casos en los que se deben contar con la muerte de la madre, cuando ésta quiere conducir hasta el nacimiento la vida que lleva dentro de sí y no destruirla violando el mandamiento de Dios No matarás, no queda al hombre, que hasta el último momento se esforzará por ayudar y salvar, otra solución que inclinarse con respeto ante las leyes de la naturaleza y ante las disposiciones de la divina Providencia.

Pío XII, Discurso Nell’ordine, al Congreso Nacional del “Frente de la Familia”, 26 de noviembre de 1951

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