Sexualización precoz de la Infancia y pefofilia

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Sexualización precoz de la Infancia y pefofilia

 

Estimados radio oyentes

A través de este espacio queremos conversar con Ud. respecto a temas que seguramente le van a interesar.

¿Qué pasa con nuestras familias? ¿Cuáles son los principales problemas que ella enfrenta? ¿Cómo conducir a nuestros hijos en medio de las dificultades propias a su edad? ¿Cuáles son los principales riesgos? ¿Cómo conducirnos nosotros mismos como padres de familia?

Quizás algunas de estas interrogantes Ud. ya se las hizo, quizás a algunas de ellas Ud. aún no encontró una respuesta que lo deje contento.

En realidad existe un sinfín de temas que a todos interesa. A todos, pues la familia es la célula básica de la sociedad. Y por “célula básica” debemos entender que ella es un cuerpo vivo en torno del cual se constituye la sociedad.

Ahora bien, como todo cuerpo vivo, la familia tiene aspectos de fortaleza que le dan vigor y otros aspectos que la atacan hasta llegar a disolverla.  Conocer las fortalezas de nuestras familias, de mi familia y saber cultivarlas es un trabajo diario.

Es ciertamente el trabajo más importante del día de hoy que Ud. está comenzando o quizás terminando al sintonizarnos.

Comencemos entonces por tratar un tema que viene siendo diariamente noticiado en los medios de comunicación: Los abusos sexuales a menores de edad.

Estamos todos de acuerdo en que tales hechos de pedofilia merecen un absoluto rechazo.

 

Sin embargo, hay un fenómeno que contribuye poderosamente para que ellos ocurran. Se trata de la “sexualización precoz de la infancia”. Y, a pesar de ser ésta una importante causa para la repetición de estos hechos, no existe frente a ella un rechazo similar.

Esta semana, fue publicado un interesante reportaje en un matutino de Santiago el cual informa que “un estudio realizado en los EEUU con escolares de 6 a 9 años reveló que la sexualización de su autoimagen es cada vez más precoz”.

La Directora del Knox College de Chicago, Christy Starr, autora principal del estudio, declara: “Nos sorprendió que tantas niñas quisieran parecerse a las muñecas sexy, particularmente entre los 6 y 7 años”.

Por su parte la psicóloga de la Universidad Diego Portales, Paz Valenzuela, afirma al respecto: “Creo que si replicáramos este estudio en Chile, encontraríamos una realidad bastante similar”.

La psicóloga chilena señala como una de las principales causas de este fenómeno el hecho de que los adultos se están transformando en adolescentes y, según su opinión, muchas madres apresuran la salida de la niñez de sus hijas. La psicóloga chilena da como ejemplo de este fenómeno la ropa que las mamás escogen para sus niñas chicas.

Así, los adultos se van tornando adolescentes y los niños en adultos.

En definitiva, a estos aspectos, de acuerdo con la opinión de la experta “se suma a la idealización del cuerpo juvenil sexualizado, que se ve reforzado por los medios y la moda”. ([1])

El mismo proceso lo sufren los niños varones, los cuales, cada vez con menos edad, tienden a identificarse con los cantantes musicales rock y estrellas de la farándula.

De este modo, mientras las muñecas y los dibujos animados infantiles son cada vez más “sexuales”, el sexo se va transformando más frecuentemente en un juguete.

Los niños van entrando en un verdadero círculo vicioso. Por un lado desaparece el mundo maravilloso que debe poblar sus imaginaciones infantiles y por otro, ellos se van sumergiendo en la procacidad de la vida sexual.

Concluyendo nuestro comentario, si los niños son así precozmente sexualizados, ¿Cómo extrañarse entonces que abusos de pedofilia ocurran cada vez con más frecuencia?

Siembra viento y cosecharás tempestades… Dice el sabio refrán popular.

Nuestro consejo:

No acelere ni retarde el proceso natural del crecimiento de sus hijos. Trátelos de acuerdo a lo que es propio de su edad, muéstrele lo bonito de ser niño, que se divierta como niño, que sepa recibir el afecto propio al niño.

Y si Ud. ya es adulto, permítanos decirle: no quiera parecer un adolescente. Su hijo debe ver en un Ud. a un padre o a una madre y no a un hermano o a una amiguita.

Así cada uno cumplirá su papel propio y su familia se fortalecerá.

 

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