Los Mandamientos de la ley de Dios son 10

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Autor: P. Jorge Loring(1)

                  La moral católica obliga a todos los hombres

Los mandamientos son preceptos de la Ley natural impresos por Dios en el alma de cada hombre.

Por eso obligan a todos los hombres de todos los pueblos, y son valederos para todos los tiempos, constituyendo el fundamento de toda moral individual y social. «La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma», dice la Sagrada Escritura.
Dios ha impreso los mandamientos en el alma de tal modo que, incluso los que se las dan de ateos y dicen que no hay Dios, reconocen esta ley impuesta por Dios al hombre, y se ofenden cuando se les llama ladrones o embusteros.

La moral católica no sólo obliga a los católicos, obliga a todos los hombres; pues se basa en la Ley natural. Todo hombre, católico y no católico, está obligado a no matar, no robar, no explotar al prójimo, no calumniar, etc.
Esto no excluye que haya mandamientos exclusivos para los católicos, como el ir a misa, práctica de sacramentos, etc.

La Ley natural «es algo que nos pertenece intrínsecamente, que está grabado en los más íntimo de nuestro ser.
(…)

 
Para salvarse se precisa obedecer todos los mandamientos

 

Las cosas no son malas porque Dios las prohibe, sino que Dios las prohibe porque son malas.

Todos los mandamientos son para todos: nadie puede dejar de cumplirlos, y es necesario cumplirlos todos para salvarse. No basta decir: «yo no robo ni mato».
Para salvarse hay que guardarlos todos. Para condenarse basta faltar a uno.

Para poder pasar por un puente es necesario que no se haya hundido ninguno de sus arcos. Dice el Apóstol Santiago el Menor que el que guarda los demás mandamientos pero quebranta uno solo, se hace culpable de todos.


La verdadera felicidad esta en cumplir los mandamientos


Los mandamientos de la ley de Dios constituyen el programa más completo y más perfecto que se ha dado en el mundo, para conseguir la paz y la tranquilidad a los individuos, a las familias, a los pueblos y a las naciones.
(…)

Las mayores tragedias que vemos en esta vida ocurren frecuentemente porque no se guardan los mandamientos.

Por eso están las cárceles llenas de desgraciados, por eso el hambre de muchos hijos, por eso los disgustos en tantas familias, tantas lágrimas y tantas penas.

Si se cumplieran los mandamientos de Dios desaparecerían muchos problemas de hoy: delincuencia, terrorismo, violaciones, madres solteras, adulterios, hijos extramatrimoniales, abortos, homosexualidad, drogas, SIDA, etc. Si todo el mundo cumpliera los mandamientos, la vida en la Tierra sería un cielo. (…)

Dice una sentencia catalana, «El qui no té fe, no té fre»: «el que no tiene fe, no tiene freno». Una sociedad que no acepte valores auténticos va camino del suicidio.
Para muchos hoy no son valores la familia, la fidelidad matrimonial, los hijos, el respeto a la vida de seres humanos inocentes, la moralidad sexual, la honradez, la verdad, la religión, la moral…
¿A dónde vamos por este camino? ¿Qué futuro nos espera? Dice Dios en la Biblia: «Mis mandatos son luz de los pueblos».


La verdadera libertad reside en el cumplimiento de los mandamientos


«El reconocimiento de Dios no se opone en modo alguno a la dignidad humana, sino que es su fundamento. Cuando el hombre organiza el mundo sin Dios, acaba organizando una sociedad contra el hombre». (…)

Libertad es la capacidad para poder elegir entre dos valores auténticos. Pero elegir el mal, abandonando el bien, no es libertad sino esclavitud. El hecho de que algunos prefieran ser esclavos es lamentable. Pero las joyas no pierden valor aunque haya personas que no saben apreciarlo.

La libertad con Dios, es auténtica. La libertad sin Dios es un engaño.

Dios no quita libertad para lo bueno, sino para lo malo. Con esto ayuda al hombre. Elegir lo malo es una equivocación. Quitar la libertad para lo malo es un bien. «La verdadera libertad es el derecho a no estar impedido para hacer lo que es bueno».

«No hay verdadera libertad sino en el servicio del bien y de la justicia». «El ejercicio de la libertad no implica el derecho a decir y hacer cualquier cosa».

El cristiano se siente libre, no porque hace lo que quiere sino porque quiere hacer lo que Dios manda. Obedece a Dios libremente, sin coacción. Ser libre no es hacer lo que a uno le gusta. El ludópata elige libremente jugarse el dinero, pero es un esclavo de su vicio. (…)

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(1) -Extractos de artículo publicado en http://es.catholic.net/abogadoscatolicos/783/2621/articulo.php?id=25354

– Los subtítulos son del editor.

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