El Mes de María

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Señor Director:

Sin duda, para usted y para mucha gente no son desconocidas las siguientes palabras: “Oh, María, durante el bello mes a ti consagrado, todo resuena con tu nombre y alabanza. Tu santuario resplandece con nuevo brillo, y nuestras manos te han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presides nuestras fiestas y escuchas nuestras oraciones y votos. Para honrarte, hemos esparcido frescas flores a tus pies, y adornado tu frente con guirnaldas y coronas…”.

El Mes de María siempre fue el mes de las flores, y al menos en Santiago de Chile la importancia de esta ceremonia religiosa tenía un hermoso exponente en la celebración que se hacía en la iglesia San Francisco. No olvidemos que esta iglesia centenaria, ubicada en plena Alameda, tenía como vecino nada menos que la pérgola de las flores. Las pergoleras jamás se olvidaron de las flores para el altar de la Virgen María para todo el año y muy en especial en noviembre.

Las ceremonias del Mes de María tenían dos horarios principales: en la mañana, antes de entrar al trabajo, y en la tarde, cuando terminaba la jornada. Algunas flores se hicieron más conocidas en este periodo: las azucenas, los nardos, ilusión. Esta flor, que se usaba en gran cantidad, de pronto desapareció. Nuestros amables lectores deben recordar esta florcita blanca en los Altares Marianos. Era hermoso el aspecto en la pequeña plazoleta que queda frente a la puerta principal de la iglesia San Francisco, donde se ubicaba la gente que no había podido ingresar al templo por estar repleto.

Todas las puertas de la iglesia estaban abiertas de par en par para darles más aire a los fieles, lo cual permitía que los multitudinarios cantos que entonaban los fieles se oyeran fácilmente a dos cuadras a la redonda.

Una vez ocurrió un hecho que felizmente no produjo ningún efecto desagradable. La juventud socialista, que por esos tiempos, por la influencia política alemana, usaba uniforme para todas sus manifestaciones públicas, ocupó la plazoleta que está frente a la iglesia.

Las grandes puertas abiertas hacían que los cantos religiosos impregnaran la plazuela, al mismo tiempo que estas puertas permitían la entrada de los cánticos de “los convidados de piedras”. El momento más álgido de esta situación se produjo cuando el grupo político comenzó a cantar la Marsellesa Socialista. Para la gente que pasaba era rarísima la mezcla de conceptos religiosos y políticos.

Se comentó en la época que entre las personas conocidas que lucían uniforme, había un médico joven que iniciaba su carrera política. Después lo conoció todo el país con el nombre de Salvador Allende.

Dios se escribe derecho sobre renglones chuecos.

Germán Becker

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