Coherencia política, un ejemplo para recordar

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Cuando Santo Tomás Moro fue proclamado Patrono de los Gobernantes y de los Políticos por S.S. Juan Pablo II, la Iglesia colocaba un ejemplo de lo que ella espera de un católico que actúe en la vida pública.

Esta proclamación que puede parecer, a primera vista,  un poco distante en el tiempo, se volvió de una actualidad palpitante en esta semana. En efecto, un conjunto de diputados DC presentaron en el Congreso un Proyecto de “Matrimonio homosexual”, para acabar con las diferencias que existen entre estas “parejas” y el matrimonio natural. Por otra parte, varios diputados del mismo Partido DC, se manifiestan favorables a aprobar la legalización del aborto, mal llamado “terapéutico” y, también esta semana, el Presidente de ese Partido, Senador Ignacio Walker, votó a favor de legislar el proyecto de reforma educacional, contra el cual, él mismo se pronunció en reiteradas oportunidades.

El martirio del Santo Tomás Moro,  indica a los políticos que lo primero que se le pide a un católico que consagra su vida al servicio público, es que él sea coherente con sus principios religiosos. “El hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. Ésta es la luz que iluminó su conciencia”, señalaba la bula de su proclamación como patrono de los políticos.

En verdad, la Fe no es una mera cuestión individual, que se ostenta sólo los días domingos durante 45 minutos para el cumplimiento del precepto, y que se esconde todo el tiempo restante. La Fe es una convicción que debe animar toda la vida de una persona, desde sus aspectos más triviales hasta sus decisiones más importantes. Y eso vale también, y de modo especial, para el hombre de fe que actúa en la política.

Esa coherencia que la Iglesia pide al político católico, es también una exigencia de la propia honestidad democrática, pues los electores eligen a sus representantes en función de los principios del Partido que representan y espera su coherencia personal con ellos.

Por todos estos motivos, la coherencia es la virtud fundamental de la vida de cualquier político, a fortiori, de uno que se dice católico.

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Tres actitudes que manifiestamente contradicen los principios “cristianos”, cuyo lema ostenta su nombre, y en función del cual, muchos electores los votaron.

El resultado de esta incoherencia entre los principios a los cuales se dice adherir y las actitudes concretas que se toman en el Congreso, no afecta sólo a la DC, sino que en general a todos los Partidos que no sean de “estricta observancia” marxista.

¿Cuál es el resultado inmediato de esta incoherencia? Es la pérdida de confianza de los electores en sus representantes. Y cuando acaba la confianza, termina el interés, y las personas se distancian de la cosa política en general.

La enorme abstención en las últimas elecciones, no se soluciona con obligar nuevamente con penas y multas a votar. Se solucionara sólo cuando los candidatos a sean coherentes y defiendan sus posiciones con convicción. Con la misma convicción de la cual nos dio ejemplo imperecedero el gran Santo Tomás Moro.

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