Una economía en crisis alimenta la miseria de los venezolanos pero enriquece a la élite chavista

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El estricto control cambiario de Venezuela, sistema que condujo a la hiperinflación y a la ruina económica de ese país petrolero, permitió que un pequeño grupo de personas vinculado a la máxima cúpula del régimen de Caracas amasara inmensas fortunas, sirviendo por años como una “máquina perpetua de dinero” para las élites gubernamentales.

Ese sistema cambiario, que ofrecía a personas selectas una tasa de cambio muy por debajo de la fluctuante en el mercado negro, había sido introducido por el fallecido presidente Hugo Chávez como un instrumento que estabilizaría la economía y reduciría los precios de bienes esenciales como alimentos y medicinas para los pobres.

Pero en los 15 años que transcurrieron desde entonces, el sistema también se convirtió en una herramienta para acumular poder y fortuna entre los máximos líderes del régimen y sus allegados. Según expertos, así como fiscales federales estadounidenses, los nuevo-ricos del chavismo han saqueado miles de millones de dólares de las arcas del Estado.

En un caso sin precedentes presentado semanas atrás en una corte federal de Miami, empresarios y funcionarios del régimen de Nicolás Maduro conspiraron para lavar $1,200 millones en un caso que ha llevado a las autoridades estadounidenses a familiarizarse con la corrupción vinculada con el sistema cambiario venezolano.

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Nueve acusados —junto con cómplices anónimos que incluyen a los hijastros de Maduro y a su allegado, el empresario Raúl Gorrín— se beneficiaron de la enorme brecha entre el tipo de cambio fijo y el flotante tipo de cambio del mercado paralelo, que por años era lo único a lo que la inmensa mayoría de venezolanos tenían acceso, según una acusación federal presentada el mes pasado.

La diferencia entre las dos tasas, según los fiscales federales, permitió a la red de empresarios y funcionarios de la estatal Petróleos de Venezuela multiplicar en solo dos meses una inversión inicial de $42 millones en $600 millones tan solo con emitir un préstamo de 7,200 millones de bolívares a PDVSA.

Con las ganancias, los integrantes de la agrupación compraron mansiones en la afluente zona de Cocoplum, en Miami, así como propiedades lujosas en otras partes de Florida. Ejecutivos de la estatal petrolera recibieron sobornos para que facilitaran el negocio, que cayó bajo la lupa de los fiscales porque algunas de las ganancias mal habidas fueron luego transferidas al sur de la Florida.

El gobierno venezolano no ha respondido a las preguntas de El Nuevo Herald, ni Maduro ha reaccionado a los artículos anteriores del periódico sobre el caso de lavado de dinero en el que él ha sido involucrado. El abogado de Gorrín en Miami negó que su cliente estuviera involucrado en alguna acción ilegal. Russell Dallen, un empresario de Miami que maneja una compañía de inversión de capital y que antes era dueño de un periódico en Venezuela, apodó el esquema de moneda del gobierno como una “máquina perpetua de dinero”.

“Esa es una de las razones por las cuales Venezuela no ha cambiado este sistema [cambiario]”, dijo Dallen, un inversionista financiero que ha seguido de cerca el caso de lavado de dinero. La corrupción vinculada al mercado cambiario está absorbiendo enormes sumas de los ingresos de la industria petrolera, que genera casi todos los ingresos del gobierno. “Están robando el tesoro venezolano”, dijo al Herald Dallen, quien también es abogado. “¿En qué otra industria puedes ganar un millón de veces tu dinero en 10 minutos?”.

Eso puede ser una exageración, pero los márgenes de ganancia deslumbrarían a los grandes inversionistas de Wall Street. En diciembre del 2014, cuando los fiscales dicen que el grupo venezolano se aprovechó de la tasa de cambio del gobierno, 12 bolívares podían comprar un dólar estadounidense. Pero en el mercado paralelo, la tasa en ese momento era de 172 bolívares por dólar. Eso le permitió a la agrupación multiplicar su inversión inicial en una proporción de $14 por cada dólar invertido, o una tasa de ganancia de 1,400 por ciento obtenido en sólo dos meses.

Oportunidades como éstas no están disponibles para la gran mayoría de venezolanos, cuyos salarios no alcanzan ni siquiera para comer tres veces al día. Hace dos meses, el salario mínimo mensual era apenas suficiente para comprar un cartón de huevos.

En agosto, Maduro impuso una conversión monetaria que en esencia eliminó cinco ceros a la moneda nacional e incrementó el salario mínimo en un 3,500 por ciento, elevándolo del entonces equivalente de 50 bolívares por mes a 1,800 bolívares. Pero incluso el nuevo salario es insuficiente para rescatar a millones de personas de la pobreza cuando una bolsa de hielo cuesta 165 bolívares y el dólar se cotiza en 110 bolívares en el mercado paralelo.

En un intento poco entusiasta por detener la hemorragia de divisas a través de la corrupción, el Ministerio de Economía y el Banco Central de Venezuela emitieron el viernes nuevas regulaciones que apuntan a flexibilizar el rígido control cambiario, permitiendo que el público pueda comprar directamente dólares estadounidenses. Ese cambio también pone fin a las subastas controladas por el gobierno que asignaban a empresas e individuos favorecidos por el régimen comprar dólares a tasas preferenciales.

Pero no hay garantías de que las nuevas reglas logren frenar el abuso generalizado del sistema cambiario o aumenten el suministro de dólares de Venezuela. Además, puede que sea una medida demasiado débil que está siendo introducida demasiado tarde. Ya son decenas de miles de millones de dólares que Venezuela ha perdido a través de la corrupción cambiaria. “Es poco probable que la nueva regulación conduzca a una mejora significativa en la economía de Venezuela”, dijo Diego Moya-Ocampos, analista latinoamericano de IHS Markit. Las medidas “deberían hacer que el sistema cambiario sea ligeramente más flexible [pero] el suministro subyacente de dólares para alimentar este mercado seguirá siendo mínimo”, agregó.

Desde que Chávez introdujo controles al sistema cambiario argumentando que era necesario para frenar la fuga de capitales, luego del paro petrolero del 2003, las empresas y empresarios venezolanos, junto con ciertos miembros del público con amistades influyentes, han intentado tener acceso al lucrativo sistema cambiario. Pero esa propuesta nunca fue fácil. Y en los últimos tiempos, ese acceso dependía del tipo de relaciones con el régimen que tuviera el solicitante y su disposición de convertir en socios a los influyentes dirigentes del chavismo.

Un prominente académico estadounidense que ha estudiado los controles monetarios y asesoró a gobiernos de América del Sur y Europa Oriental, dice que el mecanismo de intercambio en Venezuela es uno de los principales factores detrás de la hiperinflación del país, que según sus cálculos se ha disparado a una tasa anual de 62,000 por ciento.

La Asamblea Nacional de Venezuela, sin embargo, cree que la tasa es aún mayor, y dijo que en julio alcanzó 200,000 por ciento, lo que coloca al país en vías de superar la proyección de un millón por ciento para finales de año anunciada por el Fondo Monetario Internacional. En los últimos tres años, la hiperinflación ha hundido al país en una situación desesperada, y la espiral económica se ha visto agravada aún más por la decisión de Maduro del mes pasado de devaluar el bolívar y aumentar el salario mínimo, dijo Steve H. Hanke, profesor de Economía Aplicada de la Universidad Johns Hopkins.

El régimen de Chávez y después el de Maduro creó una “tasa mentirosa” que permitió a los expertos políticos hacer fortunas instantáneas al jugar con el diferencial entre las bajas tasas de cambio oficiales y las altas tasas del mercado. Pero solo un número muy pequeño de personas cercanas a la jerarquía política de Venezuela tienen acceso a las tarifas oficiales favorables, dijo. “Con la hiperinflación, las oportunidades de ganancias se magnifica más allá de lo que puede imaginarse”, dijo Hanke al Miami Herald.

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