Sobre un distingo maritainiano

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Alonso Gracián InfoCatólica 26.04.19

1.- Distinción y distingo. No confundamos la primera, tan necesaria en doctrina, con el segundo, tan necesario en demagogia. La fragmentación de la unidad del sujeto que hace Maritain, por ejemplo, es un distingo: por un lado se considera el individuo, que es sólo parte material del Estado; por otro la persona, que es todo, incluso fin en sí misma, y más que el bien común.

Es un distingo tendencioso en clave progresista y liberal de tercer grado, de graves consecuencias morales, sociales y políticas.

Es un distingo que suplanta una verdadera distinción, la que existe entre individuación e individualidad. Es un distingo que sustituye la primacía del bien común, que es lo tradicional, por la primacía privada, que es lo moderno.

2.- Derecho y pretensión.  Aunque la segunda esté subvencionada, aunque reciba aprobación jurídica, ni son lo mismo ni podrán serlo; no se confunda lo justo con lo deseado, ni lo teorético con lo teórico.

3.- El distingo personalista tiene efectos negativos sobre la noción de Estado. Por un lado, funciona con potencia absoluta respecto a los individuos, convirtiéndose en árbitro público del bien y del mal, y de las pretensiones subjetivas de los ciudadanos; por otro, pide también, para la persona, potencia absoluta sobre el Estado, convirtiéndola en árbitro privado del bien y del mal, para poder autodeterminarse. 

4.- La anfisbena social y políticaLa ambigüedad suscita dobles vidas y dobles comportamientos; por una parte, se es sumiso al Leviatán moderno; por otra parte, se reclaman y contra-reclaman, como diría Turgot, los propios derechos.

Bajo este punto de vista, que es bipolar, se pueden apoyar leyes malvadas sin cargo de conciencia, (porque se hace como individuo, como miembro material del Estado, no como persona). Pero se pueden también, al mismo tiempo, promover los propios valores mediante tipos diversos de activismo, (porque se hace como persona, como todo espiritual superior al Estado, no como individuo).

5.- Diagnóstico certero del P. MeinvielleEl distingo maritainiano, aunque pretenda sueños de cristiandades laicas, es contrario al espíritu del cristianismo. Las buenas intenciones no canonizan malos principios. Como expone, con dureza, el P. Meinvielle:

«Tenemos el firme convencimiento de que la famosa distinción entre individuo y persona, que podía parecer una tesis, si no verdadera, al menos inocente, manejada por Maritain como base última explicativa de todo orden moral y de toda la historia, de tal suerte lo subvierte todo, que, con terminología tomista y cristiana, nos da una concepción anticristiana de la vida.» (Julio Meinvielle, Crítica de la concepción de Maritain sobre la persona humana, cit., pág. 14.)

La introducción de distingos de este calibre en el pensamiento católico siempre es perjudicial. Congenia, desde luego, con la cosmovisión moderna. Contribuye a atomizar la sociedad, como advierte Caturelli del liberalismo; fragmenta la individualidad humana y la somete al positivismo; relega la evangelización al mundo de las conciencias, dejando abandonadas a su suerte las instituciones, el derecho, el orden temporal.

Que este dejar a su suerte el orden temporal, sea denominado “autonomía”, forma parte del distingo y de su ambigüedad. Una ambigüedad que parte en dos la vida social: los individuos humanos para lo material, las personas humanas para lo espiritual. Es la Gran Fragmentación del hombre moderno, que Nietzsche llamaría nihilismo.

Alonso Gracián

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