Santo Tomás Moro, mártir y defensor de la Fe

0 11

INFOVATICANA   20 DE JULIO DE 2019

Un hombre íntegro, fuerte en la fe y fiel a su conciencia, que no dudó en servir a Dios antes que a los hombres hasta las últimas consecuencias. Santo Tomás Moro, mártir en el siglo XVI bajo el reinado de Enrique VIII, es una de las grandes figuras de la Iglesia que presenta el sacerdote Charles P. Connor en su libro Defensores de la fe.

Tomás Moro nació el seis de febrero de 1478. Sus padres, John y Agnes Graunger More, le inscribieron en el colegio Saint Anthony de la calle Threadneedle de Londres. Tras dos años de vida universitaria en Oxford, comenzó sus estudios de Derecho en Lincoln’s Inn y la práctica de la abogacía en 1501. Tres años después entró en el Parlamento. Fue durante estos años cuando trabó amistad con Erasmo de Rotterdam.

Hombre de formación extraordinaria, Tomás Moro se caracterizaba también por su vida ascética. Solía llevar un cilicio, ayunaba y hacía penitencia, iba a misa a diario y leía fragmentos del oficio divino. Como señala el autor de Defensores de la fe citando a Ronald Knox, Tomás Moro aunó lo mejor del Renacimiento sin perder, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, lo mejor del catolicismo.

Erasmo describe así la vida familiar en el hogar de Tomás Moro en una carta al obispo de Viena fechada en 1532, que Charles P. Connor recoge en su obra:

Moro había levantado su residencia a orillas del Támesis, no muy lejos. Era ésta una casa digna y apropiada, sin caer en una magnificencia que pudiera despertar envidia. Vive felizmente aquí con su familia, compuesta por su esposa, su hijo y su nuera, tres hijas y sus respectivos esposos y once nietos. Sería muy difícil encontrar a un hombre que sintiera un mayor afecto por los niños […]. En el hogar de Moro, se diría que ha renacido la Academia de Platón, salvo que en ella los debates eran acerca de la geometría y el poder de los números, mientras que la casa de Chelsea es una verdadera escuela de religión cristiana.

Cuando Enrique VIII llegó al trono en 1509, el futuro del joven abogado parecía prometedor. Sus responsabilidades aumentaron con el paso del tiempo y en 1529 fue nombrado Canciller. A pesar del éxito que parecía acompañar a este nombramiento, Tomás Moro confió a su yerno que no podía enorgullecerse de la amistad del rey. “Si pudiese comprar un castillo de Francia al precio de mi cabeza, -argumentaba – no vacilaría en hacerlo”.

Tres años más tarde, Moro renunciaba a su puesto en la cancillería, tras iniciar Enrique VIII sus maniobras para hacerse con el control de la Iglesia de Inglaterra. El monarca logró que el Parlamento aprobara el Acta de Supremacía, que le presentaba como cabeza de la Iglesia de Inglaterra.

La negativa de Moro a prestar juramento de adhesión al acta terminó con su encarcelamiento en la Torre de Londres, donde permaneció quince meses en los que dedicó sus días a la oración, la meditación y los escritos espirituales. Los frutos de este periodo se aprecian en una de las cartas que dirigió a su hija: “En realidad, Meg, estoy aquí tan bien como en mi casa, porque Dios, que me hizo un niño travieso, me guarda contra su corazón y me acaricia como a un pequeñuelo”.

Nueve días después de la muerte de san Juan Fisher, Moro fue imputado y juzgado por traición en Westminster Hall. Durante el juicio, en el que fue declarado culpable y condenado a muerte, afirmó: “Vuestras Señorías deben comprender que, en las cosas de la conciencia, todo súbdito leal y bueno del rey tiene que pensar en conciencia y en su alma por encima de todas las cosas del mundo”.

Buen siervo del rey, pero sobre todo de Dios, Tomás Moro murió el 6 de julio de 1535. Fue beatificado en 1886, junto a otros mártires ingleses, y canonizado en 1935.

https://infovaticana.com/2019/07/20/santo-tomas-moro-martir-y-defensor-de-la-fe/

Déjanos tu opinión

Leave A Reply

Your email address will not be published.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.