Régimen masacra a indígenas para ocupar tierras ricas en oro.

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ELKIS BEJARANO DELGADO      DIARIO LAS AMÉRICAS      14 MARZO 2020

El intento de pasar ayuda humanitaria para Venezuela a través de la frontera fue uno de los pretextos utilizados por el régimen de Maduro

 

Mujeres indígenas reciben asistencia médica en las comunidades. Perseguidos por el régimen una comunidad de pemones tuvo que cruzar hacia Brasil

La masacre de las comunidades indígenas es el método empleado por el régimen de Nicolás Maduro para obligar a esas poblaciones autóctonas a huir de la zona minera de Venezuela y poder así explotar el oro y otros minerales estratégicos con grupos irregulares, controlados desde Miraflores (Palacio Presidencial).

En la actualidad, unas 342 familiares de la etnia venezolana Pemón se relocalizaron en cuatro comunidades del territorio brasilero a donde llegaron hace un año, cuando ocurrió la masacre en su comunidad, días previos al 23 de febrero, fecha escogida por el presidente encargado Juan Guaidó para ingresar a Venezuela camiones cargados de ayuda humanitaria desde la frontera de Colombia.

Uno de los líderes de esta etnia, Ricardo Delgado, quien fuera alcalde de la Gran Sábana en 2004, en exclusiva concedida a Diario Las Américas desdibuja la estrategia del régimen de Nicolás Maduro para apoderarse de un suelo que no solo ha sido sagrado para estas comunidades autóctonas sino que gran parte del territorio pertenece al Parque Nacional Canaima.

Delgado asegura que el intento de pasar la ayuda humanitaria a través de los puntos fronterizos fue la excusa perfecta para atacar a una población que ya se había organizado contra el atropello de la dictadura y que estaban investigando si los funcionarios del régimen estaban trabajando en apoyo a los grupos irregulares. Recientemente había ocurrido la matanza en Canaima donde se asegura que asesinaron a unas 45 personas y los pemones querían evitar que se repitiera en su zona.

“Desde el 21 de febrero nos informaron, comenzaron a llegar muchos vehículos desde Caracas. Me informan de la llegada de 60 autobuses; la gente de Tumeremo nos indicaba que estaban pasando muchos carros del régimen. Eran buses donde venían los “pranes” (líderes de las cárceles); diez camiones con comida; diez convoyes militares y 350 camionetas, además de carros oficiales y particulares, con más de 3.200 personas.

Nosotros detuvimos a cuatro camiones. Eran milicianos (civiles armados por el régimen de Maduro) vestidos de militares que iban a Santa Elena. A las 4 am se presentaron los convoyes con los tenientes. Les preguntamos a dónde iban y ellos dijeron que iban a dar apoyo a una unidad, pero no sabían cuál era. Después de lo de (la masacre de) Canaima yo les dije que a nosotros los uniformes no nos dicen nada. No dejamos que pasaran, y ellos aparentemente se regresaron, pero no”.

Comenta que el 22 en la madrugada se comenzaron a escuchar disparos. “A las 5:40 am empieza esa ráfaga. Yo estoy pensando que los muchachos de la comunidad habían desarmado a delincuentes o colectivos y los estaban combatiendo, pero no era así. No había tranca ni protesta, pasaron cuatro convoyes del Ejército de Nicolás Maduro, disparando al aire para que nadie los detuviera. Se bajaron, dispararon y comenzó la masacre. Ese día murieron tres y 12 resultaron heridos. Los militares luego de eso se fueron”.

Relata que cuando estaban recogiendo a los heridos pasaron otros autobuses, desde donde dispararon al aire y lanzaron bombas lacrimógenas a los heridos. Asevera que le pidió a uno de los generales del Ejército que parara la masacre, que no permitiera que pasaran más autobuses, pero fue imposible. “Siguieron pasando y fue cuando ocurrió la matanza de la masacre en Santa Elena”.

Tanto Delgado, como el diputado de oposición Américo De Grazia y el alcalde Emilo González fueron señalados por el régimen de ser los culpables de ambas matanzas, por lo que tuvieron que huir por las trochas que hay en las fronteras.

“En ese momento comenzamos hacer las denuncias. Muchos indígenas se vieron obligados a salir de sus casas bajo la amenaza de que los autores de la masacre volverían. Como las fronteras estaban cerradas tuvieron que caminar por las trochas que conducen a Brasil. Y así fueron desplazadas unas 342 familias que ahora intentan rehacer sus vidas en suelo brasilero, pero con la esperanza de volver”.

Investigación en curso

Delgado asegura que siguen investigación la acción del régimen. “El oro puede pasar a pie sin ningún tipo de control de Venezuela a Brasil. Cada día pasan 60 camiones de alimentos de Brasil a Venezuela. Esa es la investigación que estamos realizando y es la denuncia que hacemos para ver qué organismo puede tomar medida al respecto. 60 camiones es mucha comida. No tengo precisado el precio en oro pero no hay otra manera de pagar eso sino es con oro.

Quiere decir que está pasando oro de contrabando para comprar comida. ¿Para dónde va esa comida? Esa comida no está llegando a la población, la comida es para sostener la guerrilla, los colectivos, los sindicatos, la milicia, los rusos y todos los cuerpos represores que mantienen el régimen. Con 60 camiones el país debería estar abastecido y no ocurre eso. Estamos pidiendo al Departamento del Tesoro de Estados Unidos que sancionen a una de esas empresas que tienen propiedades en EEUU y que están vendiéndole al régimen para que las otras digan que no van a seguir con el negocio”.

Pero el problema tiene muchas aristas. Una de las grandes preocupaciones de Delgado es que los irregulares que hay en la zona se están casando con las indígenas y campesinas, es decir están formando vínculos que serán muy difíciles de romper”.

Investigación en el limbo

Las comunidades indígenas no son las mismas de hace 20 años. Ahora conocen la tecnología y a través de sus redes informativas logran vencer la censura y comunicarse entre ellos. “Todos los efectivos (involucrados con la masacre) están identificados. En los videos está todo. Sabemos quiénes son. No están detenidos, más bien los elevaron de cargo, no sé qué pasó ahí. Hace una semana ellos celebraron en el aeropuerto de Santa Elena la valentía de los hombres que no permitieron la entrada del imperio. Y no hay justicia para los fallecidos”.

Vidas fracturadas

Las familias pemones venezolanas están en cuatro comunidades también pemones pero en territorio brasilero. “Ellos son una misma comunidad y no tienen distingo entre quienes son de Venezuela y quienes son de Brasil. Pero los venezolanos quieren volver a sus hogares. Quieren ganarse la vida como siempre lo han hecho. Algunos cruzan de vez en cuando, pero regresan a Brasil porque es más seguro”.

Comenta que actualmente están construyendo casas para estas familias. “La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) a través de la propuesta de Reforma de Ayuda Alimentaria ADRA provee las tejas para el techo. Los mismos indígenas proveen madera. Y ACNUR entrega las lonas para cubrir mientras se van consolidando

https://www.diariolasamericas.com/america-latina/regimen-masacra-indigenas-ocupar-tierras-ricas-oro-n4194833

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