¡Qué atrevida es la ignorancia! Claro que peor las ideologías.

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José Luis Aberasturi                     InfoCatólica                    13.12.19

La ignorancia, que ya es un mal en sí mismo sea cual sea su horizonte, cuando se pretende “norma” y se intenta “discurrir” con ella como bandera, amén de retratarte, te deja con todas las vergüenzas al aire: excepto la vergüenza moral, que ya no se tiene, porque se ha abandonado mucho antes.

Por eso, cuando se intenta “argumentar” -¡qué sarcasmo!- con ella, pues… ¡sale lo que sale! Sinsorgadas, por decirlo suavemente.

Un ejemplo de libro lo tenemos en la última rajada de la señora de Cospedal -que, como de la Iglesia Católica no tiene más que una idea muy somera, si se puede llamar “idea” a lo suyo- se apunta a todas y cada una de las “machadas” -¡ahora sí!, aunque en un sentido muy distinto al que lo emplea ella- al uso y consumo de la ignorancia y de la ideología dominantes.

Es que no se deja ni una en el caletre; porque, acomplejada sin saber ella misma muy bien por qué ni de qué -los demás sí estamos al cabo de la calle sobre sus deficiencias en la temática que nos ocupa-, tiene que “demostrar” que, del tema eclesial y de la opinión de las mujeres al respecto -les habrá consultado a conciencia, digo yo-, sabe y mucho: de ahí esa retahíla de memeces que suelta.

Les recojo: a Cospedal le extraña que, en la Iglesia, “ni por asomo se considere que el problema de la falta de vocaciones se puede resolver permitiendo la ordenación de mujeres sacerdotes”; y también y antes “la posibilidad de ordenar a sacerdotes casados”. Opina y propone que, con la abolición del celibato, “se evitarían muchos casos de ruptura de la regla conocidos y aceptados de forma completamente hipócrita”; añadiendo que “para algunos, incluso desaparecerían perversiones que con demasiada asiduidad se han dado en nuestra Iglesia; mejor dicho en los sacerdotes de nuestra Iglesia con relación a sus fieles”. Y sigue, que hay más: los estamentos eclesiales “son mucho más conservadores que el resto… y no consideran a la mujer como parte fundamental para dirigir, pensar o decidir, sí para ayudar, ejecutar y funcionar”. Y, sin cortarse un pelo, que para eso ha sido lo que ha sido, califica el NO categórico a la ordenación de mujeres como un “disparate monumental y una injusticia manifiesta que, por su reflejo claramente machista [esto no podía faltar bajo ningún concepto], provoca el rechazo de tantas mujeres jóvenes a los postulados de una Iglesia que, como de muchas de ellas, es la mía”: así, con un par, tal cual y sin anestesia…

¿Qué autoridad tiene esta buena señora dentro de la Iglesia? Da la impre, de que ninguna. ¿Desde qué postulados se lanza a la yugular de la misma -la Iglesia- con los clichés más “moderns trans”, por no tildarlos lisa y llanamente de “gilipolleces”, en perfecto castellano?

Pues, desde los mismos por lo que es partidaria del aborto “self service”; de la destrucción de la familia con la anticoncepción, el divorcio, el ayuntamiento estable o temporal, el arrejuntamiento homosexs o multisexs; de la corrupción de menores con la ideología de género… y demás programas al uso y abuso.

Y eso que no le tiembla la mano para declarar que la Iglesia Católica es la suya -dos o tres veces en su vida ha debido ponerse peineta y mantilla, y salido en una procesión-; pero, a lo que se ve, pues lo dice públicamente, no tiene el más mínimo respeto hacia Ella: se apunta a todo lo que la mancilla, la calumnia y la combate: hermosa manera de pertenecer a una iglesia. Con gente así, da gusto ser párroco, por ejemplo. U obispo. O cardenal, como Kasper o así.

Por supuesto, no está al día de lo que la Iglesia ha declarado y declara al respecto -por ejemplo, del “sacerdocio femenino”-, lo ultimísimo con el mismo papa Francisco, y antes con san Juan Pablo II dejando zanjada la cuestión para siempre en la Iglesia. Y, caso de estarlo, le importa un pimiento: la ideología que ha contagiado al 99% de los políticos occidentales   -descuento a Trump: el único que se salva, por lo que dice y hace, soltándose de la mano del NOM: ¡le salva ser millonario antes que político: justo lo contrario que al resto!-, las ideologías, repito, suplen con muchas creces.

A estas gentes, en el entendimiento, solo les caben las “ideologías” que son “NADA, con aire a presión”: para aceptarlas hay que renunciar a PENSAR. Y se nota en cuanto hablan.

¡Qué sabrá ésta de cómo funciona la Iglesia POR QUERER DIVINO! Da la impresión de que muy poquito: hace mucho que en Ella solo está de turista.

No sabe -no admite- que la Iglesia es extremadamente escrupulosa en distinguir a la perfección -le va su “Ser o no ser” la Iglesia que quiso el Señor Jesús- todo lo que Dios ha puesto en Ella, de lo que Ella pone de cara a Dios y de cara a las almas todas; pues, desde Dios, está para ellas única y exclusivamente.

Desde luego, NO ESTÁ para los postulados de la pseudocultura de turno, fruto de las ideologías de todo género; porque sabe y predica que, sin Dios, no hay cultura digna de ese nombre, por digna del hombre, al que debe servir y formar: la Fe nos la ha dado el Señor y le ha dado su contenido, precisamente para “elevar” y “dignificar” las culturas, y hacerlas dignas del hombre.

Un ejemplo histórico y, por tanto, de libro, fue cómo consiguió la Iglesia española, llevar la Fe Católica desde la Tierra de Fuego hasta el Canadá, arramblando con los ídolos, los sacrificios humanos, la esclavitud, la crueldad, la injusticia… y llevando, con y desde la Fe, la paz de Dios, la dignidad humana y el mestizaje: expresión física y por tanto real de esa Fe: lo que no ha ocurrido con ninguna otra colonización-evangelización, hechas desde otros presupuestos. Con ninguna. Y sólo la masonería ha conseguido asolar lo conseguido.

Esto, que lo debería saber la señora de Cospedal, tan católica ella a lo que se ve -dado lo que le importa la Iglesia: su Fe, su Doctrina, sus Sacramentos y sus postulados-, que ¡se apunta a todo lo contrario! A todo lo que la Iglesia debe abominar, por mandato divino y servicio a los hombres.

No me voy a molestar en pretender “desmontar” esas burradas, aunque algo, poco, he dicho al respecto. Basta leer el Catecismo. O el Evangelio que es mucho más corto. O recitar el Credo -más corto aún- con detenimiento. Y, por encima de cualquier otra consideración o toma de postura: ¡CREER!

Que conste que, dejando claro que no tengo nada contra esta buena señora, he escrito esto, en primer lugar, porque me lo ha dado hecho; pero, en segundo lugar, porque esas declaraciones y esa postura ante la Iglesia se da en una gran multitud de “católicos” que van desde los “no practicantes”, o sea, los católicos de “trampantojo”, “espantapájaros”, “ni fu ni fa”, “aguachirles”, “descafeinados”, “no sabe no contesta” y asimilados…; hasta los defensores a ultranza de una “iglesia” que, en el lado opuesto a los anteriores, solo les conviene a ellos y a lo que ellos dicen que debe ser: NO lo que la IGLESIA ES desde Cristo, su único Fundador y su único Salvador: para estos ¡no se salvan ni los papas santos!

Todos, unos y otros, se caracterizan por, diciéndose “católicos”, no admitir lo que la Iglesia es, lo que dice, lo que declara, lo que defiende. Nunca están -ni estarán- de acuerdo: son como los “indepes” eclesiales.

Pero, en la Iglesia, lo peor son los desgarros de las HEREJÍAS, de lo que vamos sobrados en estos últimos años. Hoy, más que ayer, aunque ni siquiera se atrevan a llamarlo herejías: ni sus autores y promotores, cosa lógica, ni los que deberían ser celosos guardianes.

Y esto sí tiene “mérito”, porque hacía muchísimos siglos que no lo veíamos en la Iglesia: ni el descaro que enarbolan los herejes, ni la falta de amor a la Iglesia de los que deberían encarnar y ser el Buen Pastor, al que representan, que es lo que está detrás.

El Evangelio de la Misa de hoy es especialmente significativo para lo que nos ocupa. Habla Jesús: “Vino Juan, que ni comía ni bebía, y decís: he ahí a uno poseído por el demonio. Vino el Hijo del hombre que come y bebe, y decís: he ahí un comedor y borracho, amigo de publicano y pecadores”.

Exégesis: el caso es CRITICAR. ¿Por qué? Porque los que obran el bien -empezando por Jesús, “el único Bueno” y siguiendo por la Iglesia y sus Santos-, nos retratan y nos dejan como vinimos al mundo: por eso se rechaza, incluso públicamente -¡se precian de afirmarlo y de autoafirmarse!-, lo que hace y dice: siempre podremos retorcer el lenguaje para acomodarnos a lo que mejor nos convenga, por arriba o por abajo.

Y siempre habrá alguien, en y de la propia Iglesia, que lo bendiga. O que “coja la mano al que se somete a un suicidio asistido”. Seguro que luego le celebra unos funerales hasta con gregoriano…

Pero el Señor es tozudamente realista y no deja el menor resquicio: “El que crea se salvará, el que no crea se condenará”.

“A buen entendedor…”.

Amén.

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