Maduro va ganando

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Después de los intentos fallidos de febrero y abril, los países que en algún momento buscaron sacar del poder a Nicolás Maduro parecen haber tirado la toalla. Solo Estados Unidos, que esta semana anunció nuevas medidas contra el régimen bolivariano, muestra determinación para forzar la salida del dictador.

La Conferencia Internacional por la Democracia en Venezuela -celebrada en Lima con delegaciones de 50 países- se limitó esta semana a hacer llamados para continuar la presión internacional. Los gobiernos que hasta hace poco impulsaban un cambio de régimen en Caracas tienen hoy otras prioridades. Argentina está concentrada en la campaña presidencial; Brasil intenta superar el estancamiento económico; Perú se aboca a las reformas institucionales; Colombia sufre con las dudas de Iván Duque. El interés del gobierno chileno también ha decaído. Los problemas internos acosan al Presidente Piñera, quien decidió poner pausa. Cambió a su canciller, un crítico decidido de Maduro, y puso en su lugar al comedido Teodoro Ribera, que bajó el tono hasta hacerlo casi inaudible.

Venezuela continúa provocando una crisis migratoria monumental. No obstante, ya casi nadie habla en serio de sacar del poder al chavismo. Maduro y sus secuaces se han convertido en parte del decorado, pese a que son la causa directa de un drama que continuará desarrollándose mientras ellos se encuentren a cargo del país.

La experiencia demuestra que deponer al régimen bolivariano resulta muy difícil. Pero desistir sería una negligencia. No solo por una cuestión humanitaria, sino principalmente porque Venezuela se ha convertido en una fuente de inestabilidad regional, un problema cuya solución pasa obviamente por remover a los responsables de la crisis. Esto no significa que no haya que negociar con ellos, sino que es imprescindible no perder de vista que el objetivo debe ser que abandonen el poder y no permitir que conversen solo para ganar tiempo, como hacen en el “diálogo” con la oposición que se realiza en Barbados bajo los auspicios de Noruega.

Sostener una presión constante sobre Caracas constituye una obligación, así como idear y apoyar mecanismos pacíficos que permitan remover a la mafia chavista. Esto debería ser una prioridad para los países de América del Sur, incluso al costo de provocar tensiones con potencias como China o Rusia. A éstas debe exigírseles que cesen su respaldo a Caracas si desean mantener vínculos de amistad con la región.

Maduro está ganando por cansancio. Mientras él permanece apernado en el Palacio de Miraflores, la migración venezolana sigue fluyendo, provocando una crisis que pronto llegará a ser intolerable. Sacar a Maduro debe volver a ser un objetivo inmediato, antes de que el asunto provoque un estallido.

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