Lo “imposible” es posible. Y se hace real.

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Estamos en tiempos difíciles por enrevesados y, además, oscuros y oscurecidos. El “caos” intelectual, moral y religioso montado en el mundo, fruto del montado en la Iglesia, es tan incontestable como evidente: es real.

El cardenal Caffarra, de felicísima memoria, predicaba en la Misa del III Domingo de Cuaresma, el 27 de febrero de 2006: “La verdadera historia del hombre comienza cuando empieza a “ver” con seriedad [con respeto, con admiración y devoción] la realidad: la realidad que le rodea (…). Sin prejuicios, sin ideas preconcebidas”.

Y, como es natural tratándose de este cardenal, “tiene más razón que un santo”.

Hoy, en la Iglesia -el mundo y lo que le corresponde viene después-, entre otros tipos de personas, están las necesitadas de seguridad a como dé lugar.

Por ejemplo: las que se agarran a aquello tan socorrido de “el Papa es el Papa”, que para ellos, no solo les es más que suficiente, sino que anula cualquier otra consideración, así se caiga el mundo. Lo mismo con “al Papa lo elige Dios”. Y punto.

Como es lógico, no critico esta “necesidad” de seguridad, máxime cuando se desmoronan tantas y tantas cosas. Esa necesidad la entiendo perfectamente. De entrada, porque yo también la quiero, y la busco. E intento darla a los demás, porque es mi oficio.

El problema son las “falsas” seguridades, fundamentalmente por infundadas.

A esto se añade que, cosas que hace unos años eran impensables, pues parecían imposibles, hoy no son solo posibles: es que son absolutamente reales, y están ahí.

Por ejemplo. Hace setenta años, era impensable que a alguien se le ocurriese decir que en el Vaticano podía haber un lobby arcoiris. Pues ya hace tiempo que, públicamente, lo ha afirmado la misma Jerarquía. Y ejemplos como éste los hay para todos los gustos. Por dar una vuelta de tuerca: los miles de abusos sexuales por parte de clérigos, religiosos y demás.

Ítem más: impensable por imposible, antes del CV II, que en la Iglesia Católica, se rompiera la unidad de Doctrina, la unidad de Liturgia, la unidad con Pedro, etc. Hoy es pan de cada día. Como hace poco más de un año, a nadie en la Iglesia le podía caber en la cabeza que un Sínodo de Obispos tuviese los deberes hechos antes ya de empezar. O que la Pastoral arrasara con la Teología.

O que se tuviese miedo a la misma Palabra de Dios y se la callase. Hace unos domingos, el Evangelio recogía aquello tan fuerte de Jesús a Pedro: “Apártate de Mí, Satanás, que me escandalizas”. Ahora, en la última versión oficial en España, lo de “apártate de Mí” ya no se puede “sufrir”, pues hace sangrar las orejas, y se ha sustituido tan ricamente por ‘ponte detrás, Satanás’. Maravilloso. Como mínimo.

O sea: “apártate”, que no tiene ninguna dificultad para ser entendido, se transmuta, por arte de la “delicatessen para incultos” en “ponte detrás”, que es y significa exactamente lo contrario del apartarse. Porque “ponte detrás de Mí” es, ni más ni menos, que el signo -el sitio- del “ser llamado por Cristo”. Justo, lo mismito que lo de “apártate”. Imposible de casar, por otro lado -es ridículo, por no decir otra cosa-, “la llamada” con lo de “Satanás” que viene a continuación.

¿Que cómo va a ser posible que todo un Concilio, el Vaticano II, le pegue un tiro a la misma Iglesia? Pues es lo que ha pasado. Y no lo digo yo: otros lo han dicho ya antes y desde hace mucho.

Por ejemplo, el cardenal Siri, padre conciliar, escribía y denunciaba en 1975: “Cambiados más o menos conscientemente, con más o menos sutileza y a veces incluso con astucia, en una amalgama especulativa sin contornos precisos y sin referencias fundamentales, que sirve de base para una precipitación hacia la humanización integral de toda la religión…”; y lo escribía como compendio de lo que se había hecho durante y después del susodicho Concilio. Y añadía: “El mensaje evangélico y las enseñanzas de la Iglesia sobre la nueva creación, sobre la renovación del hombre y de todas las cosas ha sido fundamentalmente alterado”. Sin resquicio alguno.

Muchas voces se alzaron, durante y después. Pero no hubo empeño por parte de quienes más debían de remover lo tan mal hecho. ¿Por qué? Quizá por no querer reconocerlo, porque habían sido parte activa o pasiva. Quizá porque lo de “Madre”, sí; pero ya lo de “Maestra” se estaba convirtiendo en algo demasiado “duro” que impedía, en su propia lógica, cualquier conato de “Gobierno”.

“En la Iglesia hay una crisis de Fe”, es el resumen que tantos hacían, en especial al ver, sin poderlo “creer” apenas, lo que estaba pasando.

Quod est demostrandum!

Pues así se están haciendo las cosas, reverdecidas como están las malas hierbas.

“Mejor, imposible”, título que se ha hecho memorable.

http://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.ph

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