Libro: «Eutanasia. Lo que el decorado esconde»

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Este libro se basa en hechos y en datos. Sus autores –médicos, enfermeros, psiquiatras y filósofos– parten de sus experiencias en la atención a enfermos que afrontan el final de la vida, en un país donde la eutanasia está despenalizada.

InfoCatólica 13/06/20

Un tema que entraña tanto sufrimiento exige el máximo respeto hacia quienes pasan por este trance. Los casos terribles que de vez en cuando se hacen públicos llevan a muchas personas a concluir que el único final de vida bueno es el que ofrece la eutanasia.

Sin embargo, en los países donde se ha despenalizado la eutanasia, la práctica de la ley ha conducido a una pendiente resbaladiza que termina desbordando los supuestos iniciales y que afecta a colectivos para los que nunca fue pensada, como los enfermos psiquiátricos, los menores de edad y quienes manifiestan «cansancio vital». Esta normalización conduce incluso a que algunos médicos y enfermeros ofrezcan la eutanasia como «remedio» del sufrimiento a pacientes que no la han pedido.

Ante esta práctica legal, ¿puede ser la eutanasia la única solución que nuestra sociedad ofrezca a sus ciudadanos? ¿Deben desestimarse o rebajarse los cuidados paliativos por ser más complejos y costosos? ¿Acaso la máxima humanidad se limita a sentir compasión por quien sufre sin siquiera ayudarle a repensar su decisión? ¿O la verdadera ayuda consiste, más bien, en «hacerse cargo de él», promoviendo en la sociedad –sobre todo en el ámbito sanitario y familiar– una «cultura paliativa» que se ocupa del sufrimiento, el deterioro, la soledad y el desamparo del próximo humano?

Sobre esto reflexiona el libro con 200 páginas, 10 testimonios-expertos.  Casi todos son belgas sanitarios que cuentan lo que han visto tras 18 años de eutanasia legal en Bélgica.

https://www.infocatolica.com/?t=noticia&cod=37894

1 Comment
  1. Verónica Correa says

    ¡Como vemos hoy la fuerza del relativista moral y del que comparte el libertinaje!, cuando escuchamos hablar sobre la validez de la eutanasia y del aborto, en cualquiera sea el caso, no puedo dejar de hacer la siguiente reflexión.
    Impresiona la soberbia del ser humano, al ser una simple creatura , vulnerable e ignorante hasta el extremo de lo esencial, “ el enigma de la vida “, que desde que el mundo es mundo sigue siendo la mayor de las incógnitas.
    ¿Que derecho es el que podemos atribuirnos para tener la libertad de terminar así de simple, con la propia vida o con la vida de otro?, si no sabemos con certeza el porque de nuestra existencia ni el porque del momento de su fin. Necesitamos regular nuestro accionar, y combatir el razonamiento equivocado de que todo vale dependiendo de quien venga, de donde venga y del momento que venga.
    Existen valores que hoy deben renacer, como la moral, el sentido común, el buen criterio y la consciencia, teniendo ellos como obligación el permanecer en nosotros para resguardar la verdad en nuestra vida. El hacer caso omiso de ello sin duda produce la confusión, el desorden y el caos en una sociedad.
    Tanto la eutanasia como el aborto, son una falsa e ignorante compasión. Ante tanta duda que nuestra fragilidad humana nos depara, la reflexión nos alerta en un “pare” de lo que nuestra razón es incapaz de dominar. Si no podemos crear la vida, ni predecirla, al no someter al tiempo ni controlar el porvenir, nuestra razón no logra sino especular el devenir en la vida del ser humano desde su comienzo hasta su fin, y el ¡detente! no te compete acabar con el misterio y milagro de ella, adquiere una verdad absoluta.
    Al ser simples creaturas no tenemos la potestad de manejar a nuestro antojo el pasado, el presente ni el futuro, esencia de nuestra existencia, con los pies puestos en una tierra que nos interpela y sorprende a cada momento, incapaces de someterla a nuestra voluntad, siendo así nuestra realidad querámoslo o no, con la cual quedamos total y completamente sin el derecho a la soberbia de hacer lo que nos da la gana con la vida, por la sencilla razón que nos debemos a Alguien Superior, dador de vida, con la real Autoridad de entregar y terminar dicha vida en el momento preciso según su parecer, quedando así nosotros con nuestro único derecho, la humildad y sometimiento a su voluntad.

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