Las señales confusas del Presidente Duque

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El pasado viernes 16 de noviembre se publicaron las encuestas sobre los primeros 100 días del gobierno del Presidente Iván Duque. Los resultados no podrían ser más alarmantes, pues en tan poco tiempo pasó de tener una aprobación del 53% a una del 27%.

¿Qué nos indica esto? Pues, que el Presidente de la República no está haciendo bien su tarea, que ha incumplido sus promesas de campaña y que la opinión pública exige coherencia. Santos tardó casi 8 años en llegar al mismo abismo de impopularidad, después de haber realizado un sinfín de corruptelas y de traiciones, y de entregarnos a las garras de las FARC, por cuenta de un Acuerdo de paz que fue rechazado en el plebiscito. 

Es indispensable saber lo que está pasando, pues corremos el riesgo de perder el rumbo. Y si éste no se corrige con urgencia, lo que se viene sobre Colombia será de una gravedad extrema, pues muchos lobos acechan al lado de nuestras fronteras, y no pocos  ya están adentro, amenazando con incendiar el País.    

El análisis que sigue no debe ser considerado de ningún modo como un acto de hostilidad al Gobierno, pues el verdadero amigo es quien le dice la verdad al gobernante, y no el que le aconseja despropósitos que lo conducen al desastre.

Es indiscutible que la elección del Presidente se articuló bajo el siguiente Programa de Gobierno: disminuir los impuestos, que son excesivos en nuestro País; hacer los ajustes necesarios al Acuerdo de paz para evitar la impunidad aterradora que nos dejó Santos; combatir en forma implacable la corrupción rampante que se apoderó de todas las instituciones del Estado; recuperar el honor de las Fuerzas Armadas;  y, por último, para no apartarnos de lo fundamental, que se combatiría con firmeza el narcotráfico.

Incumplimiento de las promesas de campaña 

Esto fue lo prometido a los colombianos y evidentemente no se está cumpliendo. Entonces, no es de extrañar que la gente esté indignada por tan radical cambio de plataforma de gobierno. Es posible que los asesores presidenciales nos den explicaciones diferentes y las adoben con tecnicismos confusos, pero cuando la verdad es tan obvia no se necesitan genios para encontrarla. Y quien le diga al Presidente que va por buen camino y que las nuevas propuestas de su gobierno son lo que Colombia necesita para salir de los graves problemas que tiene, ni es su amigo, ni le dice la verdad.

El aumento escandaloso de los impuestos, disfrazando la impopular medida con un nombre diferente, supone que los colombianos somos tontos. Por primera vez en nuestra historia, un presidente propone colocar IVA del 19% a los alimentos de la llamada canasta familiar, lo cual es un despropósito que perjudica a los más pobres, agravando los problemas. Y aunque el sentido común obligue al Gobierno a retirar la propuesta, el daño ya quedó hecho en la imagen presidencial. Además, lo que se propone irresponsablemente es aprobar una catarata de nuevos impuestos, que asfixiarán al sector productivo y a la clase trabajadora.

El más elemental análisis concluye que todas estas medidas elevarán sustancialmente el costo de vida. Además, la propuesta presidencial de devolver parte del IVA recaudado en forma de subsidios a los más pobres, sólo ha entusiasmado a los banqueros y a los corruptos, que se preparan para un verdadero festín con la administración de esos dineros.

Ante el Acuerdo de paz, prometió impedir que los guerrilleros culpables de delitos de lesa humanidad pudieran ocupar cargos públicos. Y una vez presidente, no solo aceptó que fueran congresistas, sino que recibió a los principales jefes de las FARC en el palacio presidencial, invitándolos a participar en la lucha contra la corrupción. ¿Qué podrán aportar las FARC en esta lucha, que además ni siquiera ha comenzado?

A propósito de la corrupción, especialistas de muy alto nivel han denunciado que, por causa de este flagelo, en Colombia se roban cerca de 50 billones de pesos por año (15.000 millones de dólares), cifra que es más de tres veces el déficit que se piensa cubrir con los nuevos impuestos. Sin embargo, este gobierno todavía no ha desenmascarado a ningún corrupto, ni ha descubierto ningún desfalco. Es decir, esta es otra promesa de campaña radicalmente incumplida.

Con respecto a las Fuerzas Armadas, la perplejidad no tiene límites. La actual cúpula militar fue nombrada por el ex-presidente Santos y se ha caracterizado por su falta de eficiencia para enfrentar la subversión terrorista. Cuando lo ha intentado, ha hecho el ridículo. Y si alguien lo duda, la prueba es el terrorista Guacho, disidente de las FARC, responsable del asesinato de varios periodistas ecuatorianos, amo y señor del sur-occidente de Colombia, contra quien se hizo un gigantesco operativo de 8.000 hombres durante los primeros días del gobierno, sin conseguir absolutamente ningún resultado.

Por último, la comunidad internacional, y en especial nuestros principales aliados, esperan de nuestro gobierno un combate eficiente contra el narcotráfico, que se multiplicó por la complicidad del gobierno de Santos con las FARC. Pero el plan para erradicar las más de 200.000 hectáreas sembradas en coca todavía no se conoce.

Los enemigos de Colombia están al acecho

En medio de este panorama desolador, pasan inadvertidos algunos esfuerzos del Gobierno para corregir los graves problemas del País. Lo que la mayoría de los colombianos está percibiendo, es que los asuntos más graves, urgentes, y significativos no se han comenzado a resolver. Y, en consecuencia, la credibilidad del Presidente se fué al abismo.  

Solo han pasado 100 días y los errores cometidos evidentemente se pueden corregir. ¡Esto es lo que queremos todos los colombianos, con extrema urgencia! Sin embargo, lo que estamos viendo es que el Presidente y su equipo de colaboradores, integrado en su gran mayoría por amigos del gobierno anterior y por tecnócratas desconectados de la realidad, perdió el rumbo en medio de una noche oscura y no saben para dónde van.

Muy por el contrario, quien perdió las elecciones sí sabe muy bien lo que quiere y está cumpliendo sus promesas al pie de la letra. Que nadie tenga la menor duda de que en Colombia ya existe una ofensiva conjunta entre guerrilleros, narcoterroristas, agitadores sociales, secuaces de Maduro, de Castro, de Ortega  y muchos otros, que planean incendiar a Colombia y lanzarla en el caos del socialismo bolivariano. Y esto, mientras el Presidente frustra a sus electores, auto-demoliendo su gobierno y su propio partido.

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