La mentira sobre Taiwán: un referéndum no aprobó el «matrimonio» homosexual

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El Parlamento aprobó la Ley del matrimonio homosexual de la mano del Gobierno aunque el 67% de los ciudadanos votaron «no» a la aprobación de la misma.

InfoCatólica 25/05/19

La aprobación del matrimonio homosexual por parte del Gobierno de Taiwán ha sido celebrada por el homosexualismo político y por algunos sectores internacionales que han querido presentarlo como un avance social en Asia, el primer país que legaliza las uniones homosexuales, derivado de la decisión del pueblo soberano.

Sin embargo, lejos de ser así el referéndum que debía confirmar la Ley que aprobaría el matrimonio homosexual supuso la derrota del mismo: el 67% de los ciudadanos votaron «no» a su aprobación. Sin embargo, el referéndum no era vinculante y el Parlamento aprobó la Ley de la mano del Gobierno desoyendo el clamor popular de más de 2 tercios de los votantes, que la rechazaron.

El Parlamento de la isla aprobó los matrimonios del mismo sexo por 66 votos contra 27 votos de los diputados. De las 3 propuestas que tenían los diputados, esta era la más extrema porque las otras hablaban de «relaciones del mismo sexo» y «uniones homosexuales», y no de matrimonios. Además, era la única que ofrecía derechos de adopción, aunque limitados.

Asia constituye un continente donde el homosexualismo político no ha penetrado hasta el momento en profundidad.

La prensa internacional ha informado sobre las 35.000 personas aproximadamente que se habían concentrado alrededor del Parlamento en favor de la decisión, aunque al lado del resultado del referéndum se traten de una minoría ruidosa.

Un proceso iniciado en 2017

La polémica empezó en 2017, cuando el Tribunal Constitucional anuló la prohibición que pesaba entonces sobre los matrimonios del mismo sexo, concediéndole a las parejas homosexuales los mismos derechos que a las heterosexuales para casarse. Para ello, había que cambiar las leyes en un plazo de dos años, que cumplía la próxima semana.

Sin embargo, el proceso sufrió un duro revés en noviembre, cuando la mayoría de los taiwaneses votaron en referéndum que la unión de 2 personas del mismo sexo no podía llamarse matrimonio. Como ocurrió en España en su día, también argumentaban que ese nombre solo podía darse a la unión de un hombre y una mujer.

Sin cambiar dicha definición de matrimonio del Código Civil, el Parlamento ha aprobado una nueva ley especial para equiparar a las parejas del mismo sexo. Aunque todavía no tienen los mismos derechos, la comunidad homosexual ha saludado la medida por el avance que supone, sobre todo en una región tan tradicional en este sentido como es Asia.

El ejemplo de Taiwán, que es independiente de facto pero cuya soberanía es reclamada por China, es contemplado con admiración por las comunidades homosexuales de sus vecinos, donde no tienen reconocimiento legal o incluso son perseguidas. Aunque China despenalizó la homosexualidad en 1997 y dejó de considerarla una enfermedad mental 3 años después, los matrimonios del mismo sexo son todavía ilegales y hay un fuerte estigma social, sobre todo en el mundo rural.

Más tarde aún lo hizo Vietnam, que solo despenalizó las uniones homosexuales en 2015. En otra decisión histórica, el Tribunal Supremo de la India dictaminó el año pasado que las relaciones homosexuales ya no eran delito.

Peor todavía es el caso del pequeño y rico sultanato de Brunéi, que en abril desató una condena mundial unánime por penar las relaciones homosexuales y el adulterio con la muerte por lapidación. Las autoridades de Brunéi, donde no se ejecuta a nadie desde 1957, ya han aclarado que no se aplicará la pena de muerte por dicho «delito», pero su mera criminalización refleja la represión que sufren los homosexuales en algunos lugares de Asia

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