La esperanza en Venezuela la ahoga el smog de la complicidad

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Este pasado 11 de septiembre cuando dos impactantes hechos se conmemoraron, otra vez volví como tantas veces desde hace décadas a constatar confabulaciones y sesgos que emergen de unas mafias comunistas muy bien posicionadas en el mundo e incansablemente activas en la búsqueda de la destrucción de toda idea que no les sea afín. Tanto las aberradas opiniones sobre los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 como los que sacudieron a Chile en 1973 nos presentan claramente los fines que traen consigo.

Del golpe militar de Chile en el cual esos coros marxistoides, o si se quiere marxistómanos, solo nos hablan del malvado Pinochet, quien junto con Francisco Franco son a su entender los únicos tiranos conocidos, y en el caso chileno, por supuesto se guardan muy bien de contar o al menos tomar en cuenta el horror que en muy poco tiempo comenzó a vivirse en Chile bajo la presidencia de Salvador Allende, marioneta confesa de la tiranía cubana, que de inmediato tomó las riendas de la nación austral, tanto que el tirano Fidel Castro se trasladó hacia allá y permaneció desde el 10 de noviembre de 1971, hasta el 4 de diciembre de ese mismo año, dejando muy bien organizada la invasión y el control.

Y sobre los aterradores sucesos del 11 de septiembre integrantes de coros que sostienen y propagan que no fueron grupos terroristas islámicos los que ejecutaron esa criminal acción, sino que ésta fue planificada y llevada a cabo por grupos de Poder norteamericanos interesados en crear motivos para atacar al Islam y sus “dulces” militantes…

Ambas versiones de esos hechos nos muestran cartillas ideologizantes por las cuales millones de zombis se guían y de las que sacan opiniones y posiciones y que permiten que cualquiera con sentido común asuma la peligrosidad de este momento en el cual esa izquierda muy bien organizada en carteles y hasta en partidos a los que ahora llaman “Progresistas” se mueve –en muchos lugares con asertividad- para atornillar regímenes comunistas e impedir toda alternancia, toda libertad y toda verdadera democracia.

Así es imperativo para mí denunciar a una pseudo oposición a la tiranía de Maduro y sus jefes castro-comunistas, que educados con las cartillas a las que hago referencia han logrado infiltrarse en lo que se nos ofrece como disidencia y así confundir al ciudadano y atornillar la Narco-tiranía que bien paga los favores. Igualmente a unos vivarachos sin ninguna solidez moral a quererse presentar como “progresistas” vistiendo con los atuendos del hampón Hugo Chávez, alabando lo que llaman “Su legado”.

Justo hace ya un año, en este mismo espacio escribí lo que titulé: Venezuela: ser comunista tiene valor curricular, y no solo es que tan peligroso hecho continúa, sino que se agudiza y hoy por hoy es poca la verdadera oposición política y mucha la conchupancia ñangara. Hoy en día, como ya lo he dicho desde hace años, recogemos la terrible cosecha de la siembra del discurso falso de una izquierda canalla que demostró en Venezuela y Cuba con total horror, pero también en Argentina, Uruguay, Ecuador, Bolivia, Brasil, Nicaragua, Colombia y otros países de una Latinoamérica envenenada por el letal discurso castro-comunista la necesidad de alarmarnos seriamente e impedir así que esto continúe sucediendo.

Impedir en Venezuela, con carácter de urgencia que esto continúe. Que el Poder Legislativo (Asamblea Nacional) aprovechándose de los votos de millones que los elegimos, sea el reducto y la “Oficina” de lo que creemos “Oposición” y la realidad nos está mostrando que ese demoníaco comunismo se ha encargado hasta de construirnos la oposición al castro-chavismo, y así tenemos hoy que como adalides disidentes hay una cuerda de izquierdosos resentidos y amorales que se enorgullecen de ser hijos de comunistas y comunistas ellos mismos aunque militen como parte del plan, en partidos aparentemente democráticos y agrupaciones que se nos venden como las que nos sacarán de este espanto que vivimos… Cuadrillas “De acción rápida” dedicadas a seguir inoculando el odio social, el resentimiento de clase y la satanización de todo lo que sea anticomunismo. De todo lo que permita el liberalismo como fórmula para la reconstrucción de una Venezuela que ha pagado con sangre permitir el engaño de malandros comunistas.

Esta misma semana que finalizó vimos en la ONU a la embajadora estadounidense Nikki Haley, acusar a Diosdado Cabello, presidente del mamotreto made in Cuba “Asamblea Nacional Constituyente” de ser responsable de una red de narcotráfico. A Luis Almagro y otros grandes amigos de Venezuela y su derecho a volver a la democracia, denunciando y abogando desesperados por poner fin a una tragedia nunca vista en América. Pero vemos también, a “Opositores cooperantes” todos comunistas o socialistas y todos orgullosos de algo tan maléfico, apurados por crear la matriz de opinión de que los venezolanos saldremos de este espanto con votos que les ubiquen a ellos donde puedan negociar y sacar rédito… Votos que simplemente eternicen la narco-tiranía y termine de destruirnos como nación. Ñangaras o como les llaman en España, perroflautas en roles de políticos cuyos valores son ser hijos de comunistas y comunistas ellos mismos, llamarse Stalin, o haber nacido en una barriada… Estos colaboracionistas ya trabajan en elecciones para diciembre y le garantizan a Nicolás Maduro su permanencia vaya a saberse hasta cuándo.

Por eso, aquí no hay mucho ni qué inventar ni qué hacer, aquí en Venezuela es urgente que disipemos el smog de la complicidad, obliguemos a cumplir mandatos constitucionales que bien señalan los artículos 333 y 350 de la Carta Magna y entendamos que ningún plan de reconstrucción, de reactivación económica, de retorno al país de esos seres desesperados que se han ido puede darse si no salimos primero del narco-régimen y su cuadrilla de opositores complacientes. Que una acción militar como la que se dio en Panamá el 20 de diciembre de 1989 no es una invasión extranjera, es un acto liberador, más cuando los venezolanos estamos aplastados por los cubanos, los chinos, los iraníes, los rusos y por supuesto el narcotráfico internacional. Venezuela ya no puede con tanta palabrería y tan poca acción. Solos no podemos enfrentar una canalla variopinta y armada hasta los dientes. La tragedia venezolana también es una Operation Just Cause, no cometamos la torpeza de no tener en cuenta el dogma que asegura que Dios nos hizo a su imagen y semejanza, por tanto no honrar ese privilegio siendo críticos es pecado mortal.

https://www.infobae.com/america/opinion/2018/09/16/la-esperanza-en-venezuela-la-ahoga-el-smog-de-la-complicidad/

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