La elección del Vaticano: ¿Jimmy Lai o Xi Jinping?

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George Weigel         First Things         InfoVaticana         9 6 2020

A mediados de mayo, el líder chino Xi Jinping reveló un plan para evitar la legislatura de Hong Kong e imponer una nueva y draconiana ley de “seguridad nacional” en la antigua colonia británica. Supuestamente destinadas a defender Hong Kong de los “secesionistas”, los “terroristas” y la “influencia extranjera”, estas nuevas medidas han sido, de hecho, planificadas para frenar a los valientes hombres y mujeres del dinámico movimiento en favor de la democracia de Hong Kong, que hace tiempo que exacerban el totalitarismo de Pekín.

Con el mundo distraído por el virus de Wuhan (que la torpeza y la prevaricación del gobierno chino ayudaron a hacer global), el régimen de Xi Jinping, más brutal que nunca, piensa que este es el momento adecuado para tomar medidas aún más represivas contra quienes, en Hong Kong, desean la libertad e intentan defenderla. Esta última demostración del intento de Pekín de imponer el poder comunista en Hong Kong coincide con la persecución más reciente de mi amigo Jimmy Lai.

Jimmy y yo sólo nos hemos visto una vez. Pero desde hace tiempo me une un sentimiento de amistad con este católico, un converso que puso su considerable riqueza a disposición de importantes actividades católicas y que ahora está arriesgándolo todo para apoyar el movimiento en favor de la democracia de Hong Kong. Arrestado en febrero y, de nuevo, en abril, Jimmy Lai ha sido acusado de ayudar a organizar y guiar “las protestas no autorizadas”. Es verdad que estaba en las primeras filas de las manifestaciones en favor de la democracia, pero la pregunta es: ¿por qué los comunistas chinos consideran las protestas pacíficas en apoyo de la libertad, que Pekín solemnemente prometió proteger, como una traición?

A finales de mayo, los matones de Pekín le dieron otra vuelta de tuerca a la represión: el caso de Jimmy Lai fue trasladado a un tribunal que podía emitir una sentencia de cinco años para este católico de 72 años, o incluso sentencias consecutivas. ¿Qué más se puede esperar de un régimen que ha estado intentando llevar a la bancarrota el periódico pro-democracia de Lai, el Apple Daily, presionando a las empresas chinas e internacionales para que no le compren espacio publicitario?

Es vergonzoso, pero muchos han cedido a estas presiones, y un reciente artículo en una página de opinión del Wall Street Journal informa que el 65% del Apple Daily ha quedado fuera del mercado publicitario de Hong Kong. Mientras tanto, Pekín intenta garantizar a la comunidad empresarial que todo va bien y, al mismo tiempo, advierte a los líderes empresariales (como también a los diplomáticos y a los periodistas) que no se “unan a las fuerzas anti-chinas en la estigmatización o demonización” de las nuevas leyes de seguridad nacionales.

Es posible que el régimen de Xi Jinping sea menos estable de lo que quiere que el mundo piense. Los regímenes que se sienten seguros no aumentan la represión, como ha hecho Pekín en estos últimos años. Además, etiquetar cualquier crítica al gobierno de Xi Jinping como “anti-China” no es lo que haría un régimen que está seguro de su legitimidad y estabilidad. Son tácticas desastrosas y denotan nerviosismo, no una tranquila autoconfianza.

El intento de acabar con el movimiento democrático de Hong Kong forma parte de una campaña más amplia de represión que no ha perdonado a las comunidades religiosas chinas del continente. Un millón de musulmanes uigures siguen encerrados en los campos de concentración de Xinjiang. Las iglesias protestantes están bajo amenaza constante. Y se siguen tomando medidas represivas contra los católicos y sus iglesias, a pesar del acuerdo firmado hace dos años (y que sigue siendo secreto) entre la Santa Sede y el gobierno chino.

Este acuerdo, que concedió al partido comunista chino un papel protagonista en el nombramiento de los obispos, se parece sumamente a uno en el que el Vaticano cede mucho a cambio de promesas vacías; los católicos chinos que no acatan la línea del partido, tal como el partido define esa línea, siguen siendo perseguidos. Los efectos que tendrá este triste asunto sobre la misión evangelizadora de la Iglesia en la China del futuro -con suerte, una China post-comunista- no serán positivos.

En todo el mundo se han levantado voces en apoyo de los valientes defensores de la democracia en Hong Kong. ¿Se ha oído la voz de la Santa Sede? Si es así, yo no la he oído. Y tampoco otros. ¿Quizás los oficiales del Vaticano están haciendo firmes declaraciones en secreto, en Pekín y en Roma, a favor de la libertad religiosa y otros derechos humanos básicos? Ojalá sea así. Pero si la actual política de la Santa Sede respecto a China es una repetición de la fracasada Ostpolitik llevada a cabo en Europa central y oriental en los años 70, estas declaraciones seguramente serán tibias y totalmente inútiles.

Con uno de sus más valientes hijos católicos sentado ahora en el banquillo de los acusados enfrentándose a lo que podría ser cadena perpetua, el Vaticano debe enfrentarse a una elección decisiva: ¿Jimmy Lai o Xi Jinping George Weigel?

Publicado por George Weigel en First Things.

https://infovaticana.com/2020/06/09/la-eleccion-del-vaticano-jimmy-lai-o-xi-jinping/

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