Informe advierte contra las ideologías ambientalistas y globalistas

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ACI Prensa                                                                                12 12 2020

Las ideologías medioambientalistas y globalistas son el tema sobre el que versa el informe del Observatorio Internacional Cardenal Van Thuan sobre Doctrina Social de la Iglesia en su edición del año 2020.

Después de haber puesto la lupa el año pasado sobre los problemas del nacionalismo y del soberanismo, y de haber tratado el tema del islam político y de las migraciones, este año el Observatorio se ha centrado en estos dos temas mostrando cómo medioambientalismo y globalismo pueden considerarse, a todos los efectos, como nuevas ideologías políticas.

En concreto, se ha puesto el foco en el profundo carácter anti cristiano de estas ideologías y, sobre todo, sus orígenes eugenésicos y sus posibles derivas. El informe hace hincapié que no trata de negar la necesidad de proteger el medioambiente, pero advierte cómo el cuidado del medioambiente se ha convertido en una ideología política contraria al ser humano. Asimismo, con datos en la mano, cuestiona el discurso oficial sobre el efecto invernadero y el calentamiento global.

El informe tiene una perspectiva continental que muestra, país a país, cómo esta ideología ambientalista golpea las instituciones, comenzando por las instituciones europeas. El estudio presentado por el Observatorio sigue los ensayos presentados por el Arzobispo Giampaolo Crepaldi, ex presidente del Observatorio, y de Stefano Fontana, uno de los motores del Observatorio.

Mons. Crepaldi es el que sitúa las bases teóricas del informe al señalar que el medioambiente, si se entiende como cuestión social, se emplea el concepto de “ecología humana”, un concepto que ya fue definido por San Juan Pablo II en la Centesimus annus. El Papa polaco hizo hincapié en que se da mucha atención al ambiente natural y poco al ambiente humano. El tema de la ecología humana, explica Mons. Crepaldi, no se debe mirar sólo en términos de cuidado del medioambiente, sino de una forma más amplia. Y el nudo crucial es el de la bioingeniería, que es “el banco de prueba del posible encuentro entre ecología humana y ecología ambiental”.

Mientras se habla mucho del problema ambiental, especialmente como “falta de recursos y salvaguarda de los equilibrios climáticos”, cada vez es mayor “el aplanamiento del hombre en su puro actual, la tecnificación de su mundo”.

Mons. Crepaldi explica que se trata de una cuestión que asusta porque “vemos que viene acompañada de la indiferencia hacia lo que no es tecnología. Nos preocupa la tecnología, pero, sobre todo, el hecho que detrás de ella no se vea nada, o se vea la nada, mientras que el hombre se plantea preguntas únicamente sobre el ‘cómo’”.

Destaca que “la desnudez de la tecnología es absolutamente incompatible con la fe cristiana y, por lo tanto, la fe cristiana es indispensable para vencer la desnudez de la tecnología”, porque “el nihilismo de la tecnología propone al hombre ser constructor de sí mismo, pero de ese modo lo convierte en un producto. Propone a su conciencia limitarse a constatar las meras opciones de hacer aquello que se le presenta delante con toda su desnudez”.

Hay un contrapunto a este riesgo tecnocrático y lo subraya Stefano Fontana. Ese contrapunto es el hecho de que la religiosidad, eliminada de la ecología, se encuentra en muchos movimientos ecologistas, demostrando “la convicción milenarista y palingenésica de sus fieles, de sus nuevos dogmas y mandamientos de carácter absoluto que indican nuevos ‘males intrínsecos’ diferentes de los de la moral tradicional, de sus ritos litúrgicos ecológicos”.

El medioambientalismo, subraya Fontana, es hoy ideológico, también porque hace propuestas costosas y elitistas que “empeoran la situación de pobreza y de dependencia social y económica”, en cuanto que “al negar el desarrollo tecnológico, no sólo impide la emancipación social, sino que lo hace en función de los intereses empresariales, con frecuencia multinacionales muy agresivas en términos de beneficio, y de la economía y las finanzas verdes”.

Fontana va más allá. Subraya que “está en curso un proceso globalista que se sirve de las (presuntas) amenazas de la emergencia ecológica y sanitaria, del calentamiento global y de la Covid 19, como ‘estado de excepción’ que exige decisiones soberanas por parte del poder y competencias exclusivas”.

“Tales emergencias se alientan artificialmente para justificar limitaciones de la libertad, comportamientos presentados como obligatorios, nuevos criterios que establecen qué es lo esencial y qué no, comportamientos de masa inducidas por el poder político con la justificación de que es para el bien común”. De esta manera, tanto el nuevo ambientalismo como la ideología sanitaria del coronavirus se presentan como realidad cuando “en realidad son construcciones”. En general, “la utopía/ideología ambientalista culpa al hombre de la amenaza a la sostenibilidad, hasta el extremo de promover un control de los nacimientos, otro elemento claramente gnóstico, planificado y centralizado”.

Luego está el problema de la tecnocracia. Porque también la tecnificación de la reproducción “no sólo tiene el objetivo de limitar los nacimientos, sino también el de construirlos en un sentido eugenésico”.

Fontana denuncia que esto se opone a la teología moral católica, que trata de modificar. De este modo “los temas más propios de la ecología humana, como el aborto, la eutanasia, la procreación artificial, el matrimonio y el correcto ejercicio de la sexualidad se diluyen en una visión amplia del tema de la vida hasta comprender en ella también la tutela del equilibrio de los ecosistemas y la conservación de la biodiversidad, que se persiguen todos juntos y de forma global”.

“Existe un peligro concreto de una dictadura mundial motivada por la emergencia ambiental o sanitaria, pero, como sabemos, tanto una como otra pueden tener una fuente artificial y responder a un proyecto utópico/ideológico”. Pero, ¿de dónde nace el ecologismo? Lo explica en el informe Riccardo Casciole que señala que la idea de fondo del ambientalismo es que “el hombre es claramente un elemento que disturba una naturaleza que se encontraría en condiciones mucho mejores si no existiese el hombre”.

Yendo hacia atrás en la historia se encuentra así la eugenesia como una de las raíces del movimiento ambientalista, pero no sólo, porque “de la misma Sociedad Eugenésica nacen también el movimiento para el control de los nacimientos y el feminismo radical”.

Ante estas amenazas, la Iglesia ya adoptó una posición hace siglo y medio. En el Sillabus de 1864, un documento del Papa Pío IX adjunto a la Encíclica Quanta cura, se “condena el panteísmo, el naturalismo y el racionalismo absoluto”.

En definitiva, el informe se plantea si hemos llegado al extremo del panteísmo, naturalismo y racionalismo absoluto condenado por Pío IX o si todavía existe la posibilidad de una solución cristiana e integralmente humana que de verdad pueda llevar a la humanidad a preocuparse de su futuro sin necesidad de caer en falsas ideologías.

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