¿Ganaron los Castro?

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Poner fin al embargo puede ser vital para que la debilitada economía cubana no colapse. Y Obama puede ofrecer eso, pero negociándolo: a cambio de avances en libertad y respeto a los DDHH de los cubanos. En realidad, los Castro perdieron.

por Axel Buchheister – La Tercera 21/12/2014

El acuerdo entre Cuba y los Estados Unidos de reanudar lazos a nivel diplomático, que comprende el intercambio de espías y de un norteamericano que más bien era un rehén, y algunas liberalizaciones en el trato a la Isla, ha sido interpretado por la derecha norteamericana como una victoria de los Castro, que no habrían entregado nada de lo que importa: democracia y más respeto a los derechos humanos de los cubanos.

Parece ser una reacción más emocional que analítica, pues los Castro -quizás sólo habría que decir Raúl- no obtuvieron algo que les importa mucho: el fin del bloqueo. Además, hay que entender que la falta de relaciones, que se cortaron en 1961, era como una reliquia de la Guerra Fría. De la época en que Cuba era una pieza clave en la confrontación ideológica y geopolítica de las dos grandes potencias, pero que hoy no pasa de ser una simple tiranía de dos hermanos ancianos que se aferran al poder, cuando ya están próximos al fin de su ciclo. Porque una vez que ya no estén, lo más probable es que su régimen se desmoronará. Entonces, seguir en la lógica de hacer como que no existen, cuando los países mantienen relaciones diplomáticas entre otras razones para influir en los otros, carecía de sentido, sobre todo cuando el más grande y exitoso puede influir bastante más que al revés (de hecho, nada).

los castro

El momento no puede ser más propicio. Los Castro han sobrevivido los últimos 15 años gracias a la subvención que reciben de Venezuela. Y la billetera de este benefactor está cada día más escuálida, merced a las bajas de producción y precio del petróleo, y de su propio desgobierno. En consecuencia, poner fin al embargo puede ser vital para que la economía de la isla no colapse, y con ella los Castro.

Y Barack Obama puede ofrecer eso, pero negociándolo: a cambio de avances en libertad y respeto a los derechos humanos de los cubanos. Si lo que verdaderamente importa son cartas que todavía no se han jugado: los jugadores apenas acordaron tener relaciones normales. Al ser el levantamiento del embargo competencia del Congreso, Obama tiene al socio a quien culpar: los republicanos, que no le dejan acabar con el bloqueo así no más. Y si éstos son hábiles, podrán escribir las condiciones que se impondrán para concederlo, ya que dominan el Congreso. Oponerse sin más, anclados en la lógica superada de la Guerra Fría, no sería racional.

Pero hay otro factor que justificaba dar el paso: Estados Unidos mejorará sus relaciones con Latinoamérica, cuyos gobiernos pedían hace tiempo el restablecimiento de las relaciones y el fin del bloqueo. Con ello ganará prestigio, credibilidad y respaldo, para otra cosa que importa: sacar a Maduro y su corte chavista. Habrá más margen para presionar con efectividad a Venezuela para que respete la democracia y a su pueblo, como también para demandar a los gobiernos latinoamericanos que dejen de hacer la vista gorda con lo que pasa en la nación petrolera. En realidad, los Castro perdieron. Es cosa de jugar las cartas con habilidad y la derrota se hará evidente.

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