Fidel Castro o la tragedia que ensombreció a Cuba

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Antonio Sánchez García           “El Nacional” de Caracas           20 XII 2020

Culmino la relectura de las memorias de Huber Matos con el amargo sabor de haberme asomado a la que una de sus víctimas más ilustradas, el periodista y escritor cubano Carlos Franqui, considera la peor tragedia sufrida por Cuba en sus más de quinientos años de historia. Si todas las revoluciones modernas han dejado tras suyo un reguero de sangre y devastación, ninguna menos productiva, más automutiladora e innecesaria que la impuesta por la siniestra tozudez, la megalomanía enfermiza y la desaforada ambición de su Deus ex machina, Fidel Castro. Que no satisfecho con sumir a su país en el peor descalabro de su historia, torcería el rumbo de toda la región, con un saldo el más desgraciado imaginable: el caos y la desintegración de todo un continente y últimamente la devastación de Venezuela y la pérdida de una de las más poderosas riquezas de América Latina.

Los hechos narrados por Huber Matos, una de las tres figuras fundamentales del proceso revolucionario cubano, junto con Fidel Castro y Camilo Cienfuegos, al extremo de haber sido considerado el máximo heredero del poder revolucionario en caso de la desaparición de Fidel Castro, son tan incontrovertibles que asombra la vigencia inalterable de su figura, aún hoy, después de su muerte y el rotundo fracaso de sus intentos de construir una sociedad socialista en Cuba. El grave deterioro de su economía y la crisis que afecta a Venezuela, su principal auxilio, la dejarán entregada a las peores fuerzas de su desintegración. Ni Rusia ni China parecen proclives a tirarle un salvavidas. Y España, el otro país que ha solido auxiliarla, pasa por momentos tan graves como Venezuela. ¿Quo vadis, Cuba?

Si bien es cierto que la derrota de Donald Trump alivia las presiones que las autoridades cubanas venían sufriendo de parte de Estados Unidos, tampoco la victoria de Joe Biden puede compararse con la de Barack Obama. Los factores latinos, actualmente tan importantes en la conformación del ambiente político norteamericano, no le serán propicios al gobierno de Díaz-Canel. A lo que se suma la emergencia, finalmente, de una fuerte corriente disidente en el seno de la sociedad cubana. Lo que hace prever la dinamización de la oposición interna y el fortalecimiento de los factores que exigen una mayor liberalización del férreo control estatal del castro comunismo cubano.

La minuciosa y detallada descripción del proceso que llevó a la instauración de la tiranía castro comunista cubana por parte de Huber Matos abruma y desconcierta. Aún más desconcertante y abrumadora resulta la absoluta tolerancia, pasividad y complacencia con que los gobiernos del hemisferio se han excusado de intervenir en auxilio del pueblo cubano y en defensa de su propia integridad. Fidel Castro será una mácula ominosa en la historia sociopolítica de la América Latina moderna. Tan oprobiosa como las de Adolf Hitler y Joseph Stalin para la historia de Occidente. Las tiranías de Cuba y Venezuela son situaciones intolerables del siglo XXI. Extirparlas es un compromiso de alta responsabilidad política y moral.

Es la deuda pendiente del Occidente civilizado.

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