Ettore Gotti Tedeschi: “Se diría que alguien en esta Iglesia se ha dejado adular por el canto de las sirenas”.

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InfoVaticana / l’Occidentale                              8 de junio de 2020

El Observatorio Cardenal Van Thuân, a partir del documento del arzobispo Crepaldi sobre el post-coronavirus, ha activado una mesa de trabajo para analizar, desde un punto de vista católico, la crisis en curso y pensar respuestas adecuadas a la luz de la Doctrina social de la Iglesia.

Más que la pandemia en sí misma, las medidas tomadas por los gobiernos y la consiguiente desestabilización del marco económico, social, jurídico-político y geopolítico colocan esta crisis como un momento excepcional. Los procesos en curso son extraordinariamente rápidos, de modo que dinámicas de época como la secularización de Europa (en el frente cultural), la crisis de identidad y de misión de la Iglesia posconciliar (en el frente eclesial), la superación del paradigma liberal-democrático hacia el liberal-radical (en el frente jurídico-político-ideológico), la reestructuración del capitalismo, el intento hegemónico global de la China capitalista-comunista (en el frente geopolítico) y el avance de la agenda transhumanista progresan visiblemente a pesar de la miopía de la crónica.

Hemos hablado de todo ello con el profesor Ettore Gotti Tedeschi, economista, intelectual católico de fama internacional, banquero, ex profesor de Estrategia Financiera y Ética de las Finanzas en la Universidad Católica del Sagrado Corazón de Milán y de Ética Económica en la Universidad de Turín, consejero para los problemas económicos-financieros y éticos en los sistemas internacionales del Ministerio de Economía en la época del Ministro Tremonti, director de la Cassa Depositi e Prestiti, ex Presidente del Instituto de las Obras Religiosas (IOR) y del fondo F2i , y miembro del Instituto Aspen.

 

Profesor, entre la cuarentena de países enteros y el colapso del precio del petróleo, parece que la economía mundial no puede esperar nada bueno. Se habla de una recesión global … ¿Nos ayuda a comprender la situación económica en la que nos moveremos durante los próximos meses?

Para responder quiero decir, ante todo, que esta denominada pandemia nubla de alguna manera las certezas que teníamos en la ciencia y en el enfoque científico de su solución. Si no sabemos lo que sucederá desde el punto de vista de la salud, creo que es bastante difícil hacer pronósticos económicos. Pero me gustaría intentar ampliar el problema. El origen de la pandemia se ha identificado en el virus Covid 19 y su transmisión. Se nos dice que este virus se ha generado en China gracias a la ignorancia de las normas elementales de higiene (en un sentido amplio), normas que para nosotros serían, a su vez, indispensables, obligatorias.

Sin embargo, con China ha habido relaciones comerciales crecientes durante décadas. ¿Es posible que los organismos internacionales de control de la salud (OMS) nunca se hayan preocupado por las condiciones higiénicas del país que abastece al mundo occidental con una parte muy alta de su producción para nuestro consumo? Producción que se ha deslocalizado a China porque producir allí e importar cuestan mucho menos que producir aquí. ¿Nunca nadie se ha preguntado en qué condiciones se fabricaban estos productos? ¿Por qué podían costar infinitamente menos? ¿En qué condiciones higiénicas se producían y en qué condiciones higiénicas vivían los trabajadores que los producían? ¿Y nadie se ha molestado en comprobar si, además de los productos, podríamos haber importado, directa o indirectamente (a través de contactos personales), también las consecuencias de esta falta de normas de higiene?

Ni siquiera nos hemos preguntado qué razones han impuesto un proceso de deslocalización tan acelerado, mal concebido y gestionado. En la práctica, no se han investigado los orígenes y las causas del fenómeno que permitió la transmisión global de la pandemia. Si se desconoce la causa real de un problema tan amplio y complejo, no hay duda de que existe un riesgo de diagnóstico erróneo y, por lo tanto, de pronóstico. Pero, sobre todo, se nos condena a no ser capaces de afrontar los riesgos de transmisión de otros virus. Si se identifica en el Covid la causa de la situación actual, ¡estamos listos!, al ser el Covid la consecuencia de otras causas, mucho más distantes en el tiempo y más complejas de resumir.

Las causas reales residen en la negación de las leyes naturales y, en primer lugar, las relacionadas con la vida humana y los nacimientos. Fue el colapso deseado de nacimientos en Occidente lo que generó una serie de efectos cada vez más negativos (deslocalización acelerada en China, vinculada a los bajísimos costes de producción, para hacer que los occidentales consuman más y más), el último de los cuales es la pandemia. Todo ellos fruto del caos resultante de la negación del orden natural del Creador.

Además, es necesario reflexionar sobre el hecho de que esta pandemia del Covid ha generado un fenómeno que no se materializa fácilmente: el miedo. Pero es la decisión de aislamiento (cuarentena) lo que ha generado y está generando los efectos de la crisis económica. En primer lugar, sobre la oferta (sobre la producción de bienes y servicios) y, en consecuencia, sobre la demanda (consumos), que a su vez se refleja sobre la oferta, abriendo un círculo vicioso. Pero este impacto del bloqueo es asimétrico, diferente entre las regiones económico-políticas, aunque interdependientes entre ellas. Por lo tanto, uno puede pensar en un gran cambio de paradigma. Pero las variables involucradas todavía son demasiadas para hacer previsiones. Sólo se pueden imaginar escenarios.

Algo un poco más probable es el fin del papel dominante que los bancos centrales han tenido hasta ahora (especialmente desde el 2008), que han inundado el mundo con liquidez a tasas cero. Este poder debería volver a los gobiernos, obligados a intervenir directamente en las soluciones necesarias. Estas soluciones se referirán precisamente a la economía real, que debe volver a generar riqueza.

Esto ocurrirá en función de algunas variables, las más importantes de las cuales son: 1) tiempos de riesgo de pandemia; 2) acciones emprendidas con prontitud en Europa y Estados Unidos para reequilibrar la economía; 3) guerras comerciales entre las diversas áreas económicas para aprovechar esta oportunidad competitiva (este es un punto fundamental); 4) nuevas alianzas geopolíticas; 5) baches en el camino (deseados, previstos, imprevistos e impredecibles); 6) suerte; 7) Intervención de la Providencia… Si la recesión global se puede evitar o no, es en función de estos 7 factores.

En este contexto global, ¿cuál es la situación en Italia? ¿Qué dinámicas económicas y financieras le interesarán a nuestro país? La acción del gobierno italiano, por parte de más de un observador y de muchos empresarios, se considera seriamente inadecuada, si no del todo equivocada. El tejido productivo (desde la agricultura al artesano, pasando por la pequeña y mediana industria) sale con los huesos rotos de estos meses de encierro, sin mencionar el comercio, el turismo y la restauración. ¿Qué se puede hacer para salvar y relanzar el tejido productivo generalizado que caracteriza el modelo económico italiano? El presidente Berlusconi propone una reducción drástica de impuestos/tasas, un shock fiscal, ¿qué opina usted?

Decía que este impacto económico es funcional a la estructura económica de un país, a los tiempos y las condiciones de la decisión de imponer el aislamiento y la reapertura posterior. Italia ya no tiene grandes empresas que impulsen la economía (como era antaño la industria del automóvil) y su estructura industrial está compuesta por medianas y pequeñas-medianas empresas. Relanzar una economía que tiene sectores impulsores (es decir, con industrias inducidas) es más fácil que relanzar una economía compuesta por Pymes, muchas de las cuales están impulsadas por la economía de otros países (por ejemplo, Alemania).

En Italia, el fenómeno del aislamiento o bloqueo-suspensión de las actividades económicas equivalía, en la práctica, al 50% y hasta el 80% de la actividad productiva y los servicios. Pero también me gustaría explicar lo que significa en la práctica. Imagínese que tiene que cerrar su actividad durante un mes. Una actividad siempre tiene costes fijos, en los que se incurre, aunque no se trabaje (por ejemplo, alquileres y parte de la mano de obra) y costes variables en los que se incurre según el volumen de la actividad (materias primas, energía, etc.). Si se ve obligado a cerrar el negocio por un mes, pero con la previsión de reabrirlo, hay que ser capaz de sostener todos los costes fijos. Si no se tienen los recursos para hacerlo, se debe recurrir al crédito bancario (o al usurero).

Los bancos deben decidir si financiar este período de crecimiento extraordinario de la deuda y, a su vez, deben tener una garantía; y esta garantía, en una situación de este tipo, debe ser otorgada por el Estado con las estructuras financieras disponibles (en Italia, el CPD lo hace con SACE). El Estado también debe conceder ayudas de subsidios al desempleo y exenciones fiscales varias.

Sin embargo, tan pronto como se reabran las actividades, los préstamos deben ser reembolsados ​​y los intereses pagados. Esto significa que se debe intentar recuperar las ventas perdidas (prescindiendo de mil detalles). Y esto es factible para algunos sectores, pero para otros es imposible. Por lo tanto, se deben prever medidas extraordinarias, como extraordinaria es una pandemia (subvenciones a fondo perdido, por así decirlo). No quiero olvidarme de la necesidad de apoyar el lado de la demanda, es decir, los ingresos, que deben integrarse con diversas medidas, incluidas las de suspender las cuotas de los préstamos, los impuestos, etc.

Bien, este ejemplo, muy simple, puede ser aplicado a dos sectores económicos divergentes: el farmacéutico y los hospitales, que han visto crecer la actividad, y el turismo-hoteles-restaurantes que han visto cómo se colapsaba hasta el 100%. Básicamente, a finales de 2020 podríamos tener sectores económicos que perderán poco, entre un 6 y un 8% de la facturación (como los alimentos), y los que perderán más, entre un 20 y un 25% (como las fábricas de muebles, el sector del automóvil, etc.). Pero está claro, lo dije en la introducción, que todo depende de los tiempos del bloqueo y las condiciones de reactivación de la actividad. De hecho, hay tres fases para manejar estas condiciones: 1) la fase de supervivencia; 2) la fase de reactivación; 3) la fase de recuperación económica. En cada una de estas tres fases, que repito serán diferentes no sólo para cada área económica nacional sino también para las regiones dentro de una nación, se han previsto varios tipos de intervención de apoyo por parte de tres instituciones distintas: 1) la Unión Europea; 2) cada nación de forma individual (por ejemplo, Italia); 3) el Banco Central Europeo. Y, por supuesto, el ámbito privado.

Se necesitan sobre todo recursos financieros para garantizar que se supere la crisis (en la fase de supervivencia y reactivación). Estos medios financieros, que han sido previstos y aprobados a nivel europeo, son de cuatro tipologías: 1) fondos europeos específicos (el famoso MES) para necesidades sanitarias; 2) una forma de emisión de bonos europeos garantizada especialmente por el presupuesto europeo (bonos de recuperación); 3) el apoyo del BCE para ayudar a las emisiones de deuda de los distintos países (incluso si se consideran “bonos basura”); 4) programas específicos para cada país (decreto SalvaItalia, decreto de liquidez, etc.). Todo ello dirigido a apoyar la oferta y la demanda, de forma inmediata.

Resumiendo, se han previsto tres roles institucionales para el apoyo y la reactivación de las economías de los países europeos: UE, BCE, los Estados de forma individual (además de los particulares). Se han previsto tres tipos de maniobras: financiera (a corto y largo plazo), fiscal (exenciones), de capital de riesgo o a fondo perdido (aún abierto). Se han previsto tres categorías de “beneficiarios”: las familias, las empresas, los bancos (que deben ser intermediaros y dar apoyo financiero). No querría repetirme, el éxito de este plan de rescate está en función de variables independientes (tiempos de solución de bloqueo, contagios posteriores, interrupción de negociaciones a nivel de la UE, etc.). En este momento, la drástica reducción de impuestos propuesta por el presidente Berlusconi me parece difícilmente realizable. Más bien temo lo contrario, pensando en quién está en el gobierno.

En esta crisis, no sólo los escenarios geopolíticos están en rápido movimiento, con la China de Xi que tiende cada vez más hacia un proyecto hegemónico global, sino que el propio capitalismo parece estar experimentando una reestructuración acelerada. Los dos planos se cruzan donde el espacio virtual es ahora un terreno privilegiado, tanto para la economía como para la dinámica del poder de los diferentes regímenes. Existe la impresión de que la crisis actual se está utilizando para remodelar el sistema económico (comercio electrónico, economía web, moneda virtual, abolición del efectivo, ingreso universal), esto también en Italia, que siempre se ha caracterizado por el capitalismo familiar agrícola-manufacturero-comercial, tradicionalmente medio-pequeño y arraigado en el territorio. Como siempre, los sistemas/paradigmas económicos llevan consigo una idea del hombre y de la sociedad. Por un lado, una posmodernidad globalista, apátrida e impersonal con una presencia dominante del Estado; por el otro, el variado mundo que la libertad de los hombres plasma en las mil expresiones de la empresa económica vinculada a la familia y al territorio. ¿El capitalismo familiar/territorial italiano todavía tiene suficiente energía para superar esta crisis y esta temporada ideológica y, tal vez, representar precisamente la fuerza de la resistencia y del renacimiento?

Comencemos con la pregunta sobre China. Es probable que intente imponer su proyecto hegemónico, pero ahora es más difícil y muy diferente de antes. Los países occidentales se ven obligados, para recuperar sus economías, a repatriar muchas producciones que se habían deslocalizado en China en los últimos treinta años. Esto significa que China se verá obligada a adaptarse al cambio y cambiar su modelo económico tradicional (centrado en la producción de bajo coste para exportar, coexistiendo con un consumo interno todavía bajo), reduciendo las exportaciones y centrándose en la economía nacional. Esto significa aumentar el poder adquisitivo de China y, por lo tanto, hacer crecer los costes y, por ello, ser menos competitivos en muchas producciones (especialmente en países que tienen que repatriar la producción, también gracias a las nuevas tecnologías, para salvar la ocupación). Por lo tanto, China buscará nuevos espacios competitivos  en los que dominar como, por ejemplo, el automóvil eléctrico con baterías de litio. Intentará relanzar la Ruta de la Seda, pero se verá obstaculizada por Estados Unidos, país con el que ha comenzado una inevitable guerra fría contra los aranceles. Por supuesto, China siempre corteja a Alemania, el gran e histórico aliado europeo de Estados Unidos, pero también corteja a Italia, porque necesita sus puertos para el comercio de la Ruta de la Seda. Las sospechas del Covid hacen que China sea mucho menos creíble y esto tendrá un peso. Así que, concluyo, probablemente no será hegemónica como podría haber esperado ser antes de la pandemia, pero seguirá siendo una potencia económica de la que no se podrá prescindir (representa el 30% del PIB mundial y es, potencialmente, el primer productor mundial en el sector automovilístico).

A nivel global, esta pandemia ha comenzado un proceso original gracias a un efecto de propaganda (sanitaria) entre las naciones. Ha comenzado una forma de competencia que busca ganar debilitando a otras naciones con la excusa de una pandemia más o menos mal gestionada. Estados Unidos-China representa un ejemplo mayor de esto, puesto que se acusa a China de no haber sido transparente y fiable. A un nivel menor se ve en la competencia relacionada con el turismo entre las naciones que viven especialmente de esto, como es el caso de Italia, España, Grecia, Austria,  y que se acusan de estar aún en riesgo de pandemia. Creo que debemos imaginar un proceso de selección natural entre las empresas-naciones en los próximos tiempos.

En cuanto a la crisis del capitalismo occidental, hace décadas que es evidente y, más exactamente, desde que terminó el período de la guerra fría en 1989. Comienza en la década de 1980 y estalla en 2007, dispersando los efectos en todo el mundo capitalista, sobre todo creando la crisis de sostenibilidad de la deuda en Occidente. Esta crisis nunca se resolvió con un desapalancamiento real (deflación de la burbuja de la deuda), lo cual me temo que se hará gracias a los efectos del Covid. Esto se debe a que las intervenciones de recuperación (soluciones para el rescate) que han sido aprobadas y están a punto de implementarse, en realidad son soluciones a fondo perdido o están financiadas por deudas, pero a muy largo plazo. Producirán deflación a corto plazo, pero inflación a mediano y largo plazo. Es evidente que el papel del Estado será predominante en estos períodos y el papel del sector privado mucho menos. Alemania será el líder de Europa, que ahora verá realizada una forma de federalismo gestionado por ella misma. Francia parece haber adoptado la estrategia de crecimiento mediante adquisiciones en Italia. Italia, que ya no tiene empresas impulsoras, tendrá “regiones impulsoras” como Véneto, Lombardía, Emilia… y necesariamente tendrá que contar con sus medianas empresas, muchas de las cuales son familiares. Estoy convencidísimo de que la empresa familiar mediana tendrá un papel importante en la recomposición de la economía, gracias a su tamaño, flexibilidad, elasticidad, etc.

No hay duda de que hay ciertos elementos en su uso (tecnología digital, inteligencia artificial, economía verde…) de los cuales se puede prever muy poco sobre cómo se utilizarán y con qué resultado económico/social. Dibujar escenarios es fácil, basta tener la imaginación de un novelista. En este caso me aventuro a dar una hipótesis. Los amos del mundo, en esta perspectiva, serán las plataformas tecnológicas (Amazon, Google, AliBaba…), pero también los hackers.

Un Occidente sin alma, que ha renegado del cristianismo y sin una cátedra moral que lo guíe dada la afonía de la Iglesia, ¿qué posibilidad tiene de resistir a la larga a las adulaciones de la tecnocracia china capaz de ofrecer un modelo de sociedad y estado aparentemente “exitoso”? ¿No existe el riesgo de que la misma Iglesia quede encantada con la sirena china?

Incluso prescindiendo de la sirena china, hemos tenido y tenemos infinitas sirenas esperándonos en la puerta de nuestra odisea. Para todas estas sirenas, sólo se debe aplicar una regla. La encontramos en el Evangelio de Juan (17, 15). Jesús le dice al Padre, intercediendo por todos nosotros: «No te pido que los saques del mundo», es decir, de las tentaciones del mundo, de las sirenas, etc. «sino que los preserves del Maligno». Desarrollemos este concepto. En primer lugar, el Señor nos pide que intentemos santificar nuestro ambiente, no huir de él. Debemos convencernos de que debemos cumplir con nuestro deber como católicos en nuestro ambiente, no “a pesar de nuestro ambiente, lleno de adulaciones y sirenas”. Sólo así seremos apóstoles y cambiaremos el mundo. Las sirenas, como las llama usted, son indispensables para ponernos a prueba. Si Cristo mismo permitió ser tentado -y precisamente por las adulaciones que usted cita-, fue para enseñarnos que nadie está libre de las pruebas y de la necesidad de elegir. Dicho esto, es cierto que la doctrina de Cristo no es “popular”, no genera éxito (aparente) a nivel humano, no está en sintonía con las modas del momento y los gustos de las personas. Lo que me parece una locura es que la autoridad moral enseñe o permita creer que hay que abstenerse de enseñar esto porque los tiempos son corruptos y sería demasiado difícil, si no imposible, no caer en la tentación y no dejarse atraer por las sirenas. Pero, ¿ha leído usted Amoris Laetitia? ¿No ha tenido la impresión de que excusa el efecto “sirena”? Como si ya no se creyese realmente en la libertad/responsabilidad del hombre y en la Gracia que hace posible vivir de acuerdo con las exigencias del Evangelio, resistiendo a las tentaciones superiores a nuestras fuerzas humanas. ¿Sabe que progresivamente, en los últimos años, he repensado y reflexionado sobre los dones del Espíritu Santo, comenzando por el don del intelecto, intuyendo que, por medio de este don, se nos permite conocer los misterios de la fe incluso frente a la enseñanza incorrecta de un eventual pseudo magisterio de malos pastores? ¿No cree usted también que, a través del don del intelecto, un católico de criterio puede recibir un conocimiento más profundo (de aquel que podría ser enseñado según las modas teológicas de los hombres de Iglesia de hoy) sobre los misterios revelados y el comportamiento consecuente? ¿No nos enseña, tal vez, el don de la sabiduría a comprender cada acontecimiento dentro del plan providencial del Creador? ¿Incluso llegando a participar, como criaturas, en la visión que Dios mismo tiene de la creación? Existe el riesgo de que, dentro de la Iglesia, haya alguien encantado por la sirena china, por la sirena gnóstica, por la sirena maltusiana, por la sirena ambientalista, pero sobre todo por las sirenas heréticas; sí, es posible, pero Dios nos ha dado los dones del intelecto y la sabiduría para taparnos los oídos o cambiar de rumbo y no escuchar su canto cautivador. Se diría que alguien en esta Iglesia se ha dejado adular por el canto de las sirenas. Pero -y expreso mi opinión personal-, una ex Iglesia católica como esta pronto será sometida a su eliminación como intermediadora. En Europa, por el luteranismo cultural; en Estados Unidos, por un catolicismo más fundamentalista; en China será ignorada. Una autoridad moral banal-tercermundista no será bienvenida ni siquiera por el mundo y pronto le harán cambiar de perspectiva. Temo que, dentro de poco, el papa, este o el próximo, pueda declarar, sin embargo, la integración necesaria (para ciertos escenarios) con los luteranos, completando ese proceso de protestantización de la Iglesia que ha estado llevándose a cabo durante décadas.

El arzobispo Viganò, ex nuncio apostólico en Estados Unidos, ha elaborado un documento interesante, suscrito por cardenales, obispos, sacerdotes, intelectuales y decenas de miles de fieles, sobre la insidia que representa el Nuevo Orden Mundial para la humanidad y para la Iglesia. ¿Puede ayudarnos a comprender cuál es el proyecto que se lleva a cabo bajo el nombre de Nuevo Orden Mundial?

¡Madre mía! Una empresa ardua y compleja. Intento hacerlo con la concisión necesaria. El Nuevo Orden Mundial es la extensión post-ilustración-tecnocrática-positivista del sueño de estandarizar el mundo entero: todos hermanos, todos iguales, todos libres, todos felices, ricos, hermosos y sanos. Sólo, un poco menos en número. A finales de los años sesenta lo intentaron en Estados Unidos gracias a Henry Kissinger y sus amigos. Trataré de resumir: I) las razones propuestas para comenzar el NOM; II) los objetivos establecidos; III) los medios utilizados; IV) los resultados generados. Esto aclarará la preocupación de los firmantes del documento al que se refiere.

I- Las razones propuestas para el lanzamiento del NOM fueron humanamente aceptables, como, por otra parte, todas las utopías ilusorias y demagógicas: demasiadas desigualdades e injusticias en el mundo y, por lo tanto, demasiados riesgos de conflictos. Demasiadas disparidades en la distribución de la riqueza, demasiadas diversidades culturales, demasiadas diversidades religiosas, demasiadas diversidades de gobierno democrático o tiránico, demasiados soberanismos-nacionalismos. Y, sobre todo, demasiado crecimiento de la población. Demasiados seres humanos y la consecuente insostenibilidad para el medio ambiente, demasiados niños y muy pocas mariquitas…

II- Los objetivos declarados del NOM, que fue formulado “para el bien común universal”, fueron consecuentemente: la homogeneización de las culturas, la relativización de las religiones (especialmente las dogmáticas), el freno a la natalidad con todos los medios, el fin de los nacionalismos, la orientación al mercado global.

III- Las herramientas utilizadas fueron: el crecimiento de organismos internacionales gubernamentales y no gubernamentales (ONU, Fao, Wto, OMS, Unesco, Banco Mundial, FMI, Unicef ​​..), la creación de estructuras diplomáticas no oficiales y paralelas (por ejemplo, bancos internacionales …), acciones no oficiales necesarias para acelerar el proceso (fin de la Guerra Fría y caída del Muro de Berlín, Manos Limpias en Italia con el consiguiente fin de la Primera República, el Vaticano II y su desarrollo en la Iglesia, etc.). Concretizo qué sospechas pesan, a veces, sobre estos organismos internacionales: la FAO controla la economía de los países pobres (que, según los estándares, tienen demasiados hijos). La Unesco es el Vaticano racionalista secular que “controla” las condiciones de paz, seguridad, educación, ciencia, cultura, justicia, libertad y que, tal vez, a menudo, impone un humanismo “científico”. El FMI financia lo que quiere, por lo tanto, quizás sin quererlo, financia la planificación familiar. Unicef ​​diría que, de vez en cuando, por error por supuesto, apoya el aborto, los anticonceptivos, la educación sexual de los niños, el adoctrinamiento de género, etc. Para lograr los objetivos declarados con estas herramientas, se utilizaron modelos de convencimiento como las grandes conferencias internacionales, preparadas por Think Tanks y varias fundaciones. Sólo recuerdo algunos porque ha habido muchos. Después del Informe Kissinger de 1974, se comienza con la Conferencia de Río de 1977 sobre el Nuevo Orden Mundial. Sigue el Club de Roma de 1978, con los nuevos objetivos de la humanidad. Una segunda conferencia de Río, en 1992, sobre la ecología para la tierra. La Conferencia de Viena de Derechos Humanos, de 1993. La de El Cairo, en 1994, sobre población y desarrollo. La de Beijing, en 1995, sobre el nuevo papel de la mujer. La de Copenhague, de 1995, sobre el nuevo desarrollo social. La de Estambul, en 1996, sobre el nuevo hábitat en el mundo. La de Roma, también en 1996, sobre el problema alimentario. La de Nueva York, en 2000, sobre los problemas del milenio. Y finalmente Johannesburgo, en 2001, sobre el desarrollo sostenible. En 2001 hubo un ataque contra las Torres Gemelas y todo se detuvo (aparentemente).

IV- Los resultados más evidentes que se generaron fueron: el colapso de los nacimientos, pero sólo en el mundo occidental. El consiguiente comienzo del colapso del crecimiento del PIB, compensado de inmediato por el crecimiento vertiginoso del consumo individual y la deslocalización de la producción a países con bajos costes de producción. El envejecimiento de la población y el consiguiente crecimiento de los costes fijos relacionados con el envejecimiento (pensiones y sanidad), absorbidos por un fuerte crecimiento de los impuestos. La separación del mundo en dos áreas: Occidente consumidor y ya no productor, y Oriente productor. La crisis económica financiera global que ha generado deudas insostenibles, desequilibrios geopolíticos, económicos (petróleo), caos, etc., y que incluso ha provocado el famoso deterioro climático ambiental, gracias al hiperconsumismo en Occidente, y la hiperproducción (a bajo coste, por lo tanto, sin atención a la contaminación) en Asia. Por consiguiente, la pandemia del Covid se ha generado en China por razones de higiene (como he mencionado anteriormente). E incluso la no capacidad de reacción sanitaria debido al recorte en los costes sanitarios que han crecido demasiado, como consecuencia del envejecimiento de la población. Todo este desorden surge de las iniciativas del NOM, específicamente las relacionadas con el control de la natalidad y, por lo tanto, con el colapso de la tasa de natalidad en Occidente. La lección debería haber sido que no se pueden negar las leyes naturales de la Creación, pero la reacción ha sido, también de parte de la Iglesia (Laudato si’): proteger el medio ambiente y el clima. En lugar de un Nuevo Orden, se ha creado un nuevo desorden mundial y, sobre todo, moral. Esta vez dramático y global. Con algunas sospechas sobre la compartición de la autoridad moral que escribe la Laudato si’ con conocidos ambientalistas-maltusianos estadounidenses y algunos teólogos en el paro.

En su última entrevista concedida a Peter Seewald, Benedicto XVI habla abiertamente de la «dictadura mundial de las ideologías aparentemente humanistas» y de la «fuerza espiritual del anticristo» que opera en la sociedad moderna: «La sociedad moderna está formulando una fe contraria a Cristo, a la que no nos podemos oponer sin ser castigados con la excomunión social». La crisis sanitaria-económica-social-geopolítica en curso podría acelerar la «dictadura mundial» o bloquear el mecanismo. ¿Qué fuerzas ve usted en marcha en los distintos frentes?

Partiría de las ideologías aparentemente humanistas. Muchos han evocado recientemente un nuevo humanismo (incluido el primer ministro Conte), pero no está dicho que sepan de qué están hablando. También se debía celebrar un nuevo humanismo en Asís en marzo de 2020 (economía de Francisco). Pero ¿podemos pensar en humanizar lo que no ha sido evangelizado antes? ¿O se está pensando en un humanismo pagano (amazónico)? ¿Puede haber un humanismo sin Dios, es decir, sin el Creador de lo que es “humano”? El humanismo cristiano se funda en el conocimiento de la naturaleza humana (compuesta de alma, cuerpo, intelecto), sobre el dogma del pecado original, sobre la necesidad de la redención, los sacramentos y la Gracia. La crisis de la cristiandad, al eclipsar la verdad del pecado original y de la redención, primero ha deshumanizado el viejo humanismo cristiano, permitiendo que lo corrompa el luteranismo (que, mientras justifica el pecado, declara la naturaleza humana corrupta y rechaza la razón), el jansenismo (que niega el libre arbitrio), el cartesianismo (que niega las leyes naturales y la autoridad), el rousseanismo (que impone el mito del buen salvaje). Ahora bien, me parece evidente que cuando hoy hablamos de nuevo humanismo no se está reconociendo la Creación, el pecado original y la Redención. De aquí deriva toda la corrupción moral, especialmente el convencimiento de que es la miseria material la que crea la miseria moral. Por consiguiente, el humanismo no es más que un truco para justificar el materialismo del hombre moderno y sus debilidades morales, separando, por tanto, el cuerpo y el intelecto e ignorando el alma, separando la fe de las obras, negando las virtudes y los méritos.

No quisiera parecer apocalíptico, pero no veo ninguna fuerza, realmente consistente, capaz de enfrentarse a las dictaduras mencionadas por Benedicto XVI. Sobre todo, no veo la reacción de las autoridades morales. Como me parece haber anticipado anteriormente, las fuerzas reales de los actores en juego aún no están claras para mí. Entonces es difícil, incluso para mí, hablar de escenarios. Lo que tal vez sea nuevo e inesperado para mí, es el papel de la “nueva filantropía”, es decir, de la “caridad sin la verdad” que está emergiendo con prepotencia y que parece que trate de satisfacer al ser humano en su necesidad de ayuda providencial con la providencia privada que reemplaza, que busca quitar de en medio, a la religiosa. La filantropía se inserta, de repente, en el sistema que estamos observando y viviendo, mostrando que la “caridad” laica es más eficiente que la religiosa (por culpa de la caridad religiosa, que desperdicia, disipa, incluso a veces corrompe, etc.). La filantropía sigue siendo una herramienta incomprensible, es una “imagen para hacer negocios”, goza de altas exenciones fiscales (crédito fiscal de hasta el 50%), vale una cifra muy alta ($ 300 mil millones). Pero parece que también está orientada al control de la natalidad y la inevitable protección del medio ambiente. Está en manos de magnates gnósticos. Aquí, quizás, esto merece atención. Un nuevo humanismo huele a herejía y utopía, a ingeniería social casada con la filantropía restitutiva. Estamos sólo al inicio, pero las plataformas, la inteligencia artificial, etc., presuponen un poder aterrador.

Si la «fe contraria a Cristo» que impregna la «dictadura mundial» en vías de constitución está envuelta en el neo humanismo, llevando, de verdad, al mundo hacia resultados post humanos y, por lo tanto, inhumanos, la Doctrina social de la Iglesia siempre ha afirmado el carácter normativo de la naturaleza humana reconociendo la ley moral natural y el derecho natural clásico como parte esencial de la Doctrina social misma. La naturaleza heterosexual, monógama e indisoluble del matrimonio, la sacralidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, la inmoralidad de la anticoncepción, son verdades morales, pero también condiciones para una sociedad verdaderamente buena para el hombre. ¿Nos ayuda a comprender, por ejemplo, cómo las políticas de limitación de los nacimientos y de sustitución del paradigma familiar por el individualista han determinado un sistema socioeconómico insostenible?

Quisiera evitar caer en argumentos en los que sólo un teólogo apologista puede contribuir con consideraciones que yo empobrecería demasiado. Pero usted me pregunta cómo se ha reforzado “la fe contraria a Cristo” y siento la responsabilidad de dar una respuesta. A finales del siglo XIX, León XIII vio a los demonios bailar en San Pedro, escuchó a la famosa voz ronca pedir más tiempo para ganar el desafío. Le fue concedido. Este es el tiempo, que está acabando, pedido por el gusano infernal que se desató para ganar el desafío.

Todo lo que no es natural, lo que niega las leyes naturales evidentes que representan la síntesis del Génesis (Dios creó al hombre y a la mujer, sed fecundos, multiplicaos y servíos de la tierra y de todos los seres vivos) es hoy el pensamiento dominante. Todo ha sido totalmente alterado (género, maltusianismo, ambientalismo y animalismo) incluso con la complacencia de quienes deberían querer combatirlo. Cómo ha tenido éxito la política de control de la natalidad, puede que ya lo haya dicho anteriormente. ¿Cómo, en un sistema económico maduro como el mundo occidental, puede crecer la riqueza, el PIB, si la población disminuye? Sólo con un consumismo individual cada vez mayor que se logra produciendo a un coste cada vez menor y, así, poder ofrecer productos a precios cada vez más bajos y hacer crecer la ilusión de tener más poder adquisitivo. Hasta que, con tal de consumir, se está obligado a comprar deuda, siempre y cuando encuentre crédito… ¿entonces? La familia ha sido y es combatida porque compite con el Estado, el cual no quiere que la familia imparta a sus miembros una educación individual, subjetiva y demasiado peligrosa en el mundo, que debe tener culturas uniformes. La familia, en este sentido, es considerada soberanista, egoísta… Debe ser destruida.

Entonces, la lección es simple para aquellos que quieren entender. Si ignoro las leyes naturales del Génesis divino, rompo el equilibrio. Es como abrir la “caja de Pandora”. Si quiero producir caos, basta ignorar y contradecir la orden. Si supiera cuántas veces he discutido, sin resultado, estos temas en los últimos 30 años…

Por consiguiente, para salir de la crisis, sin caer en una peor al poco tiempo, es necesario volver a la centralidad de la familia, revalorizar la maternidad, fomentar la procreación, favorecer la estabilidad de los núcleos familiares y la propiedad privada. Incentivar el matrimonio y la formación de familias numerosas, el ahorro y el espíritu empresarial. Sin embargo, para hacer esto se necesita una batalla cultural que tiene muchas facetas económicas. ¿Hay alguien que esté llevando a cabo esta batalla? ¿No debería hacerlo el Magisterio social de la Iglesia?

¡Es evidente que es una pregunta retórica! ¿Acaso usted ha visto que a partir del Concilio Vaticano II se esté llevando a cabo esta batalla? ¿Cómo se pueden afrontar y resolver los problemas del mundo ignorando el valor de la vida, de los nacimientos, de la educación familiar, el valor de la propiedad privada y el papel subsidiario del Estado respecto a las personas, las familias y los cuerpos sociales? ¿Qué loco puede pensar que es capaz de resolver estos problemas del mundo ocupándose sólo de pobreza y desigualdad, sin saber cómo y por qué se forman? ¿Cómo es posible preocuparse sólo del ambiente sin saber mínimamente quién ha causado el problema ambiental y cómo? ¿Cómo es posible ocuparse de migraciones (y del verdadero problema humanitario de los migrantes) sin haber comprendido el fenómeno planificado de las migraciones?

Y sin embargo, es lo que parece que la Iglesia ha decidido hacer. La consecuencia es que no resolverá nada, fracasará en todo y perderá credibilidad. Por ejemplo -y prescindiendo de valoraciones morales-, para eliminar la pobreza se debe apoyar un sistema centrado en la iniciativa privada y en la propiedad privada, seguros de que alguien deberá crear antes la riqueza que hay que distribuir y que este alguien no será el Estado con su sistema asistencial, que es peor que la droga porque anula la voluntad, la iniciativa. No será nunca el filantropismo redistributivo, que sirve más bien para controlar a los beneficiarios de la beneficencia. La utopía más engañosa es el igualitarismo y la injusta redistribución de la riqueza que pretende “dar a cada uno lo que no es suyo”. ¡Esta es la doctrina social de la neoiglesia!

Pretender derechos sin deberes y llevando a cabo la irresponsabilidad personal. Estamos volviendo a las bases de toda reflexión (a la moral); es decir, nos estamos preocupando qué está bien y qué está mal, que es justo e injusto, bueno y malo. La Iglesia, que debería enseñar qué es la riqueza y la pobreza espiritual, puesto que debería ser experta en esto, no lo hace (no lo hace especialmente en los documentos del Magisterio). Para compensar, se ocupa de pobreza material, de efectos climáticos, de gestión de las migraciones, temas de los que no sabe nada.

Nuestro tiempo parece estar caracterizado, en una clara voluntad de remodelar la humanidad, por el trabajo febril en aras de un gobierno mundial y la filantropía de los magnates agnósticos. ¿Cuál es su hipótesis de escenario?

Me temo que están pensando en resolver cada problema con esta fórmula del nuevo humanismo (sin Dios) impregnado de ambientalismo y migracionismo mestizante y sincretista. Ciertamente, con la crisis causada por la pandemia del Covid algo podría cambiar. Pero Europa, que de alguna manera hay realizar, tendrá una guía protestante y laica, por lo que ya no será católica porque no veo al catolicismo producir ideas y propuestas, lo veo sólo dividirse cada vez más.

Creo que hoy hay más diferencia entre los católicos llamados tradicionalistas y los progresistas, que entre los católicos progresistas y los luteranos. Para avanzar una hipótesis, diría que lo que hay es un escenario deseado por el mundo gnóstico (además de la descristianización y de la renuncia de la Iglesia): un mundo ambientalista y de “mestizaje”.

¿Qué es el ambientalismo ecológico? Más allá de las definiciones populistas (el que salvará el futuro de nuestros hijos…) u oportunistas (el negocio de la economía verde), el ambientalismo debe ser la religión universal que sincretiza a todas las otras en la “religión de la Tierra” y sobre ella hace converger la fe. En realidad, esto implica imponer un gobierno global totalitario y omnipotente que legisla y controla todo, incluso lo que es ético o no.

Según el principio base del ambientalismo, el hombre es el “cáncer de la Tierra”, a la que explota ávida e irresponsablemente. Pero esto no es exactamente así. Los daños ambientales se deben, en gran parte, al hiperconsumismo/hiperproducción de los últimos cuarenta años. Para compensar la negación de los nacimientos se tomó la decisión de explotar cualquier otro recurso en un insensato consumismo individual. En la práctica, se trata del efecto dominó de la transgresión de la primera ley natural (Génesis), el respeto de la vida y el aumento de los nacimientos. Una vez contradicha esta, siguen otra serie de contradicciones entre la cuales la segunda, referida al ambiente, explotado para compensar la negación de la vida.

No dejaré nunca de repetirlo. Antes, el hombre siempre había perfeccionado, dentro de sus límites, la creación: había transformado el desierto en oasis y la jungla en jardines. El objetivo del hombre no era saquear de manera destructiva la tierra, sino trabajarla y hacer que produjera para cubrir sus necesidades. Ciertamente, el hombre, en la modernidad, gracias a que prevalecen la herejía y la exaltación de su capacidad técnica, se ha corrompido y a menudo ha abusado, pero en lugar de hacer frente al abuso se ha cambiado la ley. ¡Una locura!

Por tanto, ¿cómo nace el ambientalismo, el de hoy? Nace gracias al hiperconsumismo en Occidente y la hiperproducción en Oriente. Nace, sobre todo, gracias a la deslocalización productiva acelerada, cuyo único objetivo es el bajo coste. ¿Y por qué se ha llevado a cabo? Porque se tenía que crecer (o mantener) el poder adquisitivo aquí, en Occidente, bajando los precios para aumentar el consumo y hacerse ilusiones de riqueza. ¿Por qué? Para compensar la caída de los nacimientos.

La inmigración, después del problema climático, es el más controvertido. Ha sido propuesto con una diligencia humanitaria exagerada, pero artificial, que prescinde de las causas del problema y de sus soluciones. En principio fue explicada, de manera no convincente, con guerras y carestías; después, con la necesidad de colmar la brecha demográfica de Europa.

Pero la historia de las guerras que producen prófugos se reajustó cuando se descubrió que los conflictos que se ponían como justificación al fenómeno eran debidos, en su mayor parte, al Estado islámico. Conflictos, estos, provocados o tolerados, pero nunca abordados por la ONU. Es más, hay la sospecha de que se han tolerado para la venta de armas. También la historia de las carestías es dudosa, porque las migraciones procedentes de los países pobres son poquísimas, entre el 5 y el 9% del total. La mayor parte de los flujos migratorios tiene, en cambio, una clara matriz islámica.

Hay quien ha avanzado la teoría de que la pobreza en los países africanos ha sido facilitada ignorando los acuerdos comerciales de importación de sus productos alimentarios (ex G8-África).

Y en lo que respecta a la compensación de la brecha demográfica hemos llegado al ridículo. ¿Realmente necesitamos compensar la brecha después de haberla querido e implementado para reducir la población? Con un paro del 13%, ¿realmente es necesario que llegue a Italia mano de obra extranjera para realizar los trabajos que los jóvenes parados rechazan? ¿Y de verdad hay que legalizar a los trabajadores inmigrantes para evitar el caporalato [contratación ilícita de mano de obra, ndt]? Es la misma lógica de la legalización de la droga para evitar el tráfico de estupefacientes.

Pero, ¿se han calculado los costes de la inmigración comparándolos con las contribuciones económicas efectivas (impuestos y contribuciones)? Y todo esto en un contexto europeo incapaz de tomar decisiones en lo que atañe a la redistribución de migrantes, de poner en marcha una política de expulsión, que ignora, ni siquiera discute, el migration compact, los flujos masivos de inmigración islámica que representan un poderoso factor de desorden y desestabilización para toda la Unión Europea.

¿No es curioso que los migrantes sean todos jóvenes fuertes y sin familia? ¿No son curiosas las lágrimas de cocodrilo de las instituciones eclesiásticas que condenan a quien no acoge y no a quien genera y explota el tráfico de seres humanos? ¿Y que incluso presentan a los migrantes como la “Sagrada Familia”, diciendo que son un “don de Dios”? ¿Acaso no saben que dos secretarios de la ONU (Kofi Annan y Ban Ki-moon) incluso previeron, desearon y programaron con mucha anticipación este fenómeno, amenazando a quien se oponía al mismo? Kofi Annan, en la conferencia de la ONU de los líderes religiosos del 2000, llegó a decir sin tapujos que para que la paz sea universal se debe implementar el sincretismo religioso, creando crear una religión universal (de tipo panteísta), y que la inmigración de pueblos con culturas y religiones distintas ayudaría a este proyecto.

El resumen podría ser que la solución ambientalista, maltusiana, gnóstica y pagana deseada por ciertos ambientes internacionales llevará a un gobierno mundial. Para realizar este proyecto es indispensable tener, de alguna manera, el apoyo de la Iglesia. Curiosamente, en la Laudato Si’ (capítulos 164 e 165) se llega a desear un gobierno mundial, una autoridad política mundial para recuperar la economía, regular los flujos migratorios y para el ambiente.

La agenda socio-política actual prevalente en la Iglesia parece ir en la dirección de la fluidez en la enseñanza moral, del ecologismo a ultranza, del globalismo (con aspectos que son incluso antirreligiosos), de la apertura al neomaltusianismo, de simpatías transhumanistas, de relaciones óptimas con China. ¿No le causa inquietud todo esto? ¿Cómo se lo explica?

Puedo explicarlo sólo con la visión ya evocada de León XIII y el desafío concedido… Pero también parafraseando a san Juan de la Cruz en su Cántico espiritual: «Nosotros, criaturas, deberíamos sentirnos la huella de la mirada de Dios y, en cambio, nos sentimos zapateros que fabrican los zapatos y las suelas para dejar nuestra huella. Deberíamos sentiros la huella del pensamiento de Dios y, en cambio, nos sentimos autores de su pensamiento». Querido don Samuele, ya no meditamos sobre nuestra finitud de criaturas, sobre el pecado original y sobre las consecuencias gracias a muchos de sus compañeros sacerdotes…

Volver a Dios parece ser la única solución. Volver a Dios para volver al orden. Restaurar la civilización cristiana o replantear la civilización basándonos en la Verdad perenne e inmutable que es Cristo. Actualmente parece un proyecto irrealizable y, sin embargo, es la única alternativa verdadera a la «dictadura mundial» contraria a Cristo. ¿Cómo hacerlo? ¿De dónde hay que volver a partir? ¿Tal vez de la realidad de nuestra familia y de nuestro trabajo, haciendo apostolado, educando a nuestros hijos en la integridad católica, generando espacios de vida social, económica, cultural intransigentemente cristianos? ¿Cómo ve usted, en los próximos años, las “resistencia católica” a la «dictadura mundial»?

La resistencia católica que usted desea la veo posible sólo si está acompañada de filas de ángeles enviados a ayudarnos. La veo como fue en el siglo XIX anticristiano, cuando María aparecía una y otra vez para consolar porque se la invocaba continuamente. Sin embargo, deberíamos volver a leer y estudiar dos importantes encíclicas de dos grandes papas, a saber: Sollicitudo rei socialis de san Juan Pablo II y Caritas in veritate de Benedicto XVI.

La primera porque nos hace reflexionar sobre el hecho de que el crecimiento de una civilización no es sólo científico-tecnológico, sino que el hombre debe crecer también en sabiduría, en caso contrario se queda “inmaduro” en su capacidad de gestionar los instrumentos técnicos que, antes o después, no podrá controlar. La segunda para comprender qué significa “autonomía moral” de un instrumento.

En la práctica, creo que la resistencia católica necesita volver a la alimentación de las tres dimensiones del hombre, que está hecho de carne, intelecto y espíritu. Por tanto, además de la alimentación del cuerpo, también la del intelecto y la del alma. Pero, ¿acaso hay hoy en día directores espirituales que sepan ser cocineros aptos para esta alimentación?

Publicado por Samuele Cecotti en l’Occidentale.

Traducido por Verbum Caro para InfoVaticana.

https://infovaticana.com/2020/06/18/gotti-tedeschi-se-diria-que-alguien-en-esta-iglesia-se-ha-dejado-adular-por-el-canto-de-las-sirenas/

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