El suicidio de Asocaña

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Eugenio Trujillo Villegas – Sociedad Colombiana Tradición y Acción

Gran revuelo causó el nombramiento de Franck Pearl como presidente de Asocaña (Asociación de cultivadores de caña de azúcar). Y no es poca la perplejidad que produjo esta absurda decisión, que fue tomada esta semana por uno de los más importantes gremios económicos del País. En efecto, es sencillamente suicida escoger por vocero de tan importante asociación a semejante personaje, pues fue uno de los principales promotores y artífices del narco acuerdo de la Habana, que está conduciendo a Colombia hacia el desastre, a los empresarios a la ruina, y a los guerrilleros supuestamente pacificados al poder.

El Sr. Pearl fue consejero de paz en el Gobierno del ex presidente Álvaro Uribe (2002 – 2010), cargo que ejerció sin cuestionamientos, pero que después, en el gobierno siguiente, con Juan Manuel Santos (2010-2018), le permitió abrir las puertas de la negociación con las FARC y los demás grupos terroristas. Sin embargo, durante el gobierno de Santos asumió el liderazgo, junto con Humberto de la Calle (negociador del Proceso de Paz) y el General Oscar Naranjo (vicepresidente), de la más escandalosa, nociva y perjudicial negociación con los grupos alzados en armas. ¡En resumen, esa negociación se redujo a la claudicación del Estado ante absolutamente todas las exigencias de los terroristas!

El acuerdo de paz con las FARC está destruyendo a Colombia

Como consecuencia de ese nefasto Acuerdo, Colombia fue humillada. Las FARC lavaron su inmensa fortuna criminal producto del narcotráfico y el terrorismo; los cultivos de coca aumentaron durante ese gobierno de 50.000 a más de 200.000 hectáreas; diez de esos terroristas llegaron al Congreso de la República sin haber obtenido un solo voto y ahora pretenden nombrar a diez y seis más; se creó la JEP (Jurisdicción Especial para la Paz), como un tribunal especial de justicia para conceder la más absoluta impunidad a todos los crímenes de la subversión; la estructura criminal de las FARC se convirtió en un abrir y cerrar de
ojos en centenas de grupos disidentes que continúan destruyendo el País hasta hoy; miles de terroristas que estaban presos quedaron en libertad y a otros tantos se les concedió total impunidad.

En consecuencia, el desarrollo futuro de Colombia quedó hipotecado ante el escandaloso costo de la claudicación, que supera los cuarenta mil millones de dólares (150 billones de pesos) durante los próximos doce años. Y todo este inmenso adefesio, se lo debemos al ex presidente Santos y a sus más inmediatos cómplices, entre los cuales está el inefable Sr. Pearl, quien jugó un papel fundamental en esta tragedia histórica que vivió nuestra Patria. Además, la farsa de la supuesta paz fue rechazada en el plebiscito de 2016, pero el Gobierno se robó el resultado, en complicidad con algunos dirigentes de la oposición.

Mientras todas estas cosas acontecían, una parte de Colombia estaba inexplicablemente adormecida, y la otra estaba sobornada con los ríos de dinero que salían del Palacio de Gobierno, con la finalidad única de comprar conciencias y conseguir apoyos incondicionales para la paz. Pero hubo quienes denunciamos y nos opusimos a esta entrega infame de Colombia a sus enemigos. En efecto, en documentos ampliamente divulgados por todos los medios, la Sociedad Colombiana Tradición y Acción lo denunció permanentemente. En uno de esos documentos, ampliamente difundido en la víspera del plebiscito, decíamos lo siguiente:

“Y cuando se comience la mutación de la verdadera Colombia en otra totalmente marxista, y ese proceso sea dirigido por una minoría obtusa, radical y totalitaria, llevándonos a la miseria, al caos y a formas de violencia aún mayores de las que ya tuvimos, los promotores del proceso pasarán a ser objeto del más profundo rechazo por parte de la inmensa mayoría de los casi 50 millones de colombianos. Y la gloria que se atribuyen se transformará muy pronto en vergüenza y repudio de todo el País”.

(Cfr. No a la entrega de Colombia a las FARC. El País. Sep 30 de 2016. El Colombiano, Oct 1 de 2016).

La clase empresarial no puede ser representada por sus enemigos

Pues bien, lo dicho en 2016 se aplica hoy por entero. Es inaceptable que un gremio empresarial de la importancia de Asocaña, que representa a la industria azucarera, que siembra cerca de 250.000 hectáreas en caña, que produce 2,4 millones de toneladas de azúcar y 500 millones de litros de etanol, que genera unos 300.000 empleos directos, que es la mayor fuente de prosperidad para 27 municipios del sur-occidente de Colombia, generando enormes beneficios para el País, escoja como presidente a uno de los artífices de esta tragedia del Proceso de Paz, que tiene por uno de sus objetivos la destrucción del sector empresarial colombiano.

Para completar esta locura, es bueno recordar que el gobierno de Santos, con el Sr Pearl entre sus funcionarios más destacados, fue uno de los mayores enemigos y perseguidores del sector azucarero, llegando al extremo bochornoso de inventarse presuntas transgresiones legales de algunos ingenios azucareros, a los cuales les impuso abultadas multas, algunas de ellas, superiores a las utilidades anuales de esas empresas.

Con todos estos antecedentes, fue tal la indignación y el rechazo que produjo este absurdo nombramiento, que tan solo dos días después fue revocado. En un comunicado del pasado 29 de mayo, la Junta Directiva de Asocaña se retractó de nombrar al Sr Pearl como su presidente. Actitud que honra a quienes reconocen y enmiendan el error cometido, pero que enciende las alarmas sobre la idoneidad de los empresarios que tomaron esta desafortunada decisión.

Ella corresponde a la actitud inexplicable y suicida que frecuentemente toma el sector empresarial del mundo moderno. Tal como lo decía Lenin, le obsequian al enemigo la cuerda con que serán ahorcados, tal como lo vienen haciendo los mayores capitalistas del mundo al construir sus fábricas y transferir su tecnología a la China comunista, con las gravísimas consecuencias que hoy estamos viviendo. No apenas por la misteriosa pandemia que vino de allá y arruinó la economía del mundo, sino sobre todo, porque China se convirtió en la mayor fábrica del
planeta, poniendo en alto riesgo la libertad y la economía del orbe.

Cali, Mayo 30 de 2020

 

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