El pánico los mató

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“Expreso” de Lima                                           30 de agosto de 2020

La sociedad peruana contemporánea viene involucionando a pasos agigantados frente a lo que tradicionalmente han sido sus valores morales, principistas y democráticos, al margen del orgullo con que solía sobreponerse al poderoso ante el intento de callarla, menospreciarla o, peor todavía, herirla en su dignidad.

Quizá sea uno de los trastornos derivados de esta cultura postmodernista cuya vivencia ha demostrado fundamentarse en el egoísmo, el consumismo y la frivolidad. Aunque en nuestro caso estas taras han sido multiplicadas por la incultura derivada de una Educación Pública de mala calidad, proporcionada por un Estado corrompido por sucesivos gobernantes que no han dado la talla para encaminar a la sociedad hacia un escenario de prosperidad y convivencia, basado en el mutuo respeto, la meritocracia y la Justicia. Vivimos rodeados de aquello que se denomina “la cultura chicha”.

Lo más grave de todo es que quien propicia esta degeneración es la mismísima autoridad. Empezando por el presidente, escoltado por los congresistas, ministros, jueces, fiscales y burocracia en general. Por si fuera poco, esta decadencia la magnifican al tope los decibeles de una prensa infame, henchida de corruptelas, sometida al poder, acostumbrada a medrar del Estado a cambio de apoyo al régimen de turno. Y encima, decidida a sobrevivir a base de vulgarizar su actuación como supuesta vocera de la opinión pública, destacando –casi en exclusivo– aquellas perversiones sociales propias de la decadencia, para mimetizarse y así embutirle a las mayorías sus cada vez más decrépitos medios de comunicación.

Esta lucubración encaja con lo que ocurre en el Perú a raíz de la pandemia. Como en la novela orwelliana 1984, este gobierno mantiene supervisado y sometido al público, infundiéndole miedo y sojuzgándolo con medidas coercitivas. Pero no para evitar que robe o asesine como ocurre a diario. ¡Sino para que no se reúna ni se divierta! Como pasó la semana anterior con la tragedia en una discoteca, donde centenar y medio de jóvenes –sucede en todo el mundo, sin que los Estados usen la fuerza para impedirlo– se divertían, desafiando las represiones del necio vizcarrismo que intenta esconder su crimen de lesa humanidad al no haber sabido gestionar el Covid-19.

Vizcarra utiliza a la Policía para frustrar reuniones dizque prohibidas. Y la intimidación que producen los uniformados en una sociedad con altos niveles de requisitoriados –donde asimismo se consume licor– abre espacio al pánico. Fue entonces el pánico lo que generó la muerte de aquellos 13 ciudadanos, que fallecieron ahogados al ser aplastados por no poderse abrir la puerta de salida porque –hoy se sabe– la Policía la había cerrado posiblemente para evitar que saliesen sin confrontar sus identidades.

El viernes recién apareció un video que demuestra esta realidad, desmintiendo a la Policía y al oficialismo, quienes alegaban que “los asistentes cerraron la puerta” como excusa para culpar al público y exculpar a la autoridad.

Lamentablemente la sociedad cayó en el juego, víctima de la desinformación aplicada por el gobierno y difundida por la prensa encanallada. Ojalá nadie vuelva a dejarse llevar por estas manipulaciones que humillan al ciudadano.

https://www.expreso.com.pe/opinion/el-panico-los-mato/

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