El madurismo entre el suicidio y la eutanasia

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Venezuela marcha inevitablemente hacia un desenlace sangriento. Agotadas las vías institucionales y de diálogo entre el madurismo, la oposición y los sectores de la sociedad, nada bueno se puede presagiar aunque intentemos ser optimistas.

Un gobierno ciego en toda la ejecución de sus políticas públicas que son vertidas cual letrina sobre la población, y cuyos voceros solo hablan de “sabotajes”, “guerra económica” o factores internos y externos que no les permitirían realizar el cumplimiento efectivo de sus funciones, resultan la más completa confesión del fracaso y el desastre madurista.

Más allá de las implicaciones políticas que el madurismo intente generar a su favor con el supuesto intento de “magnicidio” del pasado 4 de agosto, la única verdad es que esos hechos en vez de haber generado una favorable matriz de opinión a partir de tales amenazas, o sea, con amplia ventaja mediática para Nicolás Maduro y en contra de sus adversarios, terminó como decimos en criollo, saliendo el tiro por la culataporque todo, desgraciadamente para el gobierno, ha terminado en intentar desmentir lo que se vio en un video contra el diputado Juan Requesens.

Ignoro por qué el Kírov del madurismo, es decir, Jorge Rodríguez, por aquello de que el ruso fue denominado por Lenin como el “hombre de la mente” y ambos soviéticos coincidían en que para consolidar la revolución se debía lograr la “educación política”, fue el responsable en mostrarnos las imágenes que según la cúpula del gobierno “comprueban” la barbarie contra el status quo. No en balde, Maduro ha dicho en sus discursos que “Jorge Rodríguez ha hablado hasta con el diablo”¹, lo cual se traduce en una afirmación que solo un hombre con “alto dominio mental” es capaz de establecer semejante conversación.

Por ello, es posible que solo haya sido simple casualidad que el llamado “psiquiatra de la revolución” fuera el principal responsable en mostrarnos las “pruebas” del supuesto “magnicidio”, máxime atendiendo que Kírov como hombre del pensamiento de Lenin fue eliminado físicamente en un llamado magnicidio de un disparo en la cabeza en 1934, hecho sobre el cual existen muchas analogías con lo sucedido hace unos días en Caracas, en virtud de que cuando Kírov fue asesinado, Trotsky fue acusado como autor intelectual estando en el exterior, y posterior a la muerte del integrante de la cúpula del poder soviético, líderes políticos de la época pertenecientes a la revolución bolchevique fueron apresados, mientras más de otra decena era puesta en órdenes de la “justicia” para su posterior ejecución.

Y mientras el gobierno continúa con su dramatismo político, lo verdaderamente dramático lo sigue confrontando la población venezolana. Así tenemos que la región marabina (de Maracaibo) se encuentra totalmente paralizada, cuando el principal medio de comunicación de la región reporta sectores con más de 72 horas sin electricidad, al punto de que ya dicen que el “Zulia no ve luz²”, sin obviar que los más importantes medios internacionales también catalogan a Maracaibo como una “ciudad enferma”³.

Entonces, nos preguntamos: ¿hasta dónde llega la ignominia de un gobierno, cuyos responsables en suministrar energía eléctrica al Zulia solo dicen que todo es culpa del “saboteo”? Y conforme son tan ágiles para mostrarnos pruebas y responsables de un “magnicidio”, ¿cómo es que no aparecen videos, imágenes o documentos que nos muestren quiénes serían los responsables en querer que el pueblo zuliano viva un auténtico infierno?

En todo caso, la única realidad es que Maracaibo y el resto de sus pueblos y ciudades no solamente están paralizadas y sometidas con una constante perversión social, porque aunque intenten “mejorar” la actual situación en el suministro de energía, el colapso eléctrico no vislumbra solución definitiva en el corto plazo, con el agravante de que el resto del país también se encamina hacia la suerte que actualmente vive el Zulia.

Y si el Zulia no ve luz, Apure, Amazonas, Bolívar, Delta Amacuro, así como parte de Guárico, Anzoátegui y Monagas yacen bajos las aguas de los ríos Orinoco, Caroní y otros afluyentes, confrontando una situación de máxima calamidad, que por ahora solo se concentra en viviendas, comercios, fincas, inmuebles, calles y avenidas inundados, pero que con el transcurrir de los días veremos la proliferación de enfermedades como el paludismo, la difteria, el sarampión, en el medio de un país que ni siquiera tiene vacunas para los niños, quienes terminan siendo la población más vulnerable. Es tal el nivel de las aguas que el único medio de desplazamiento en muchas de esas localidades son las canoas. Por supuesto que esos espacios también carecen de electricidad, telefonía e irónicamente hasta de agua potable. En otras palabras, más de la mitad del país entre el noroccidente y el suroriente se encuentra a la buena de Dios, y el gobierno solo continúa hablándonos de “magnicidio”. ¡Hipócritas e indolentes!

¿Y qué ocurre en el resto del país? Aunque tal vez sin las complicaciones humanas y sociales de no tener electricidad en niveles insoportables o el estar afectado por el agua en máximo nivel, la capital de la República está con un pésimo servicio del Metro de Caracas, y el resto de los estados sin transporte público. Ir a Margarita se convirtió en un suplicio, cuando la empresa estatal naviera tiene 10 de sus 11 buques hundidos, y el Táchira se encuentra sin gasolina. Y para colmo, pues los venezolanos deben enfrentar una brutal hiperinflación devengando un salario mínimo que es el equivalente a menos de un dólar en el mercado paralelo, lo cual coloca a la inmensa población en la línea de la miseria.

Aunque suene apocalíptico decirlo, no existe posibilidad alguna de recuperación mientras el madurismo siga en el poder. El desenlace de color muy rojo se aproxima, aunque algunos intenten torcer el rumbo de la historia. Una cosa es establecer analogía de magnicidios y otra emplear tales “magnicidios” como facturas políticas en favor de la cúpula del poder, cuando esa misma historia también ha demostrado que esas crápulas que se olvidaron de los pueblos para generar usufructo del poder terminaron de manera calamitosa sus respectivos gobiernos.

Aun así, existen unos pocos que siguen apostando por este desastre. Son aquellos quienes la corrupción les succiona parte de su retaguardia, o ellos absorben la vanguardia de otros. Peor, es decir, a quienes la senectud solo les permite alegrarse de que niños, mujeres u hombres se encuentren comiendo de la basura, o ver a nuestras enfermeras y médicos protestando por sus salarios y la quiebra del sistema de salud, o llegar al paroxismo de reír cuando los pensionados duermen en las aceras y calles frente a los bancos para retirar unos míseros billetes con el riesgo de ser asesinados, o les genera inmensa “felicidad” saber que nuestra población de tercera edad radicada en el exterior dejó de cobrar sus pensiones porque el madurismo les robó sus fondos para que ellos, como cúpula del poder, tengan esos recursos depositados en cuentas de testaferros en paraísos fiscales.

Venezuela agoniza. El madurismo intenta sobrevivir con respiración artificial en términos políticos. Es simple, en algún momento dependiendo de las funciones que “cumplan”, tendrán que debatirse entre el suicidio y la eutanasia, lo contrario sería el asesinato de todo un país.

 

Fuente:

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/madurismo-entre-suicidio-eutanasia_248056

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