El confinamiento de Orbán y la crisis de la Unión Europea

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Roberto de Mattei      Correspondencia Romana       30 11 2020

Nos acercamos al trigésimo aniversario de la Unión Europea, pero tal vez llegue antes su disolución, nacida del Tratado de Maastricht del 7 de febrero de 1992.

Dicho acuerdo preveía la libre circulación de personas, mercancías, servicios y capitales por el interior de una Europa sin fronteras y la creación de una eurozona con un banco central y una moneda única. Para pertenecer a la eurozona se aprobó en 1997 un pacto de estabilidad y crecimiento que imponía a los países miembros de la Unión dos rigurosos parámetros: un déficit comercial inferior al 3% del producto interior bruto y una deuda pública inferior al 60% del dicho PIB. El Tratado de Lisboa, suscrito el 13 de diciembre de 2007, definía las competencias y objetivos políticos de la UE.

Han pasado casi tres décadas y todavía no se han alcanzado los objetivos políticos y económicos, mientras que la institución supranacional artificialmente creada en la mencionada ciudad holandesa ha iniciado un inexorable proceso de desintegración que ha tenido una sonada expresión en el Brexit del Reino Unido del pasado 31 de enero. Hacia la misma fecha más o menos, un ciclón arrasó la UE trastornando sus principios.

La irrupción del coronavirus en la escena geopolítica internacional ha obligado a los países europeos a imponer grandes restricciones a la libertad de circulación de sus ciudadanos. Las fronteras, hasta ayer consideradas elementos obstaculizadores y divisiones a superar, han resultado ser insustituibles factores de defensa y de protección para los ciudadanos. Tanto por dentro como por fuera, Europa ha derribado puentes y levantado muros.

Es más, el pasado mes de marzo, mediante una decisión sin precedentes, la Comisión Europea suspendió el Pacto de Estabilidad, permitiendo con ello que países como Italia se debiliten e inyecten liquidez a su economía. La política económica y monetaria europea ha fracasado, y ahora el Comisario de Economía Paolo Gentiloni planea la posibilidad de que el Pacto de Estabilidad siga suspendido hasta 2022 (La Stampa, 11 de noviembre de 2020). A esto hay que añadir, que para enfrentar la nueva situación surgida con la pandemia, la UE ha previsto un plan de  endeudamiento  público de sus estados miembros, basado en un balance septenal igual a 1 billón 150.000 millones de euros y en un fondo europeo de recuperación de 750.000 millones (el Fondo de Recuperación).

Ahora bien, para ser aprobada, esta propuesta requiere unanimidad, y dos estados –Hungría y Polonia– a los que se ha añadido Eslovenia, han vetado el proyecto. La razón del voto húngaro y polaco obedece a que el plan de asistencia económica introduce un mecanismo mediante el cual la Comisión podrá bloquear la concesión de fondos a países que no respeten el estado de derecho o que vulneren valores fundamentales como la libertad, la democracia, la igualdad y el respeto a los derechos humanos, incluidos los de las minorías.

Esto quiere decir que se emprenderán procesos por infracción y sentencias condenatorias para quienes no ejerzan la política de apertura a los nuevos derechos, desde el aborto a la inmigración descontrolada, que la UE quiere imponer a sus estados miembros. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea ya ha condenado a Hungría por sus leyes relativas a las ONG, que contemplan penas de cárcel para quienes ayuden a los inmigrantes llegados ilegalmente a Hungría, así como por la legislación anti Soros, que ha introducido una serie de restricciones a las universidades extranjeras en el país magiar, como la Open Society del pseudo filántropo húngaro-estadounidense.

En una entrevista publicada en Il Sole 24 ore, Soros calificó el veto de Hungría y Polonia a la propuesta de la UE sobre el fondo de recuperación el intento a la desesperada de dos criminales en serie. Para Soros, esos criminales serían el primer ministro húngaro Viktor Orbán y el gobernante polaco de facto Jaroslaw Kaczynski. Orbán se ha apresurado a replicar: «George Soros es un peligro para Hungría y Polonia (…) es una de las personas más corruptas del mundo; tiene a gran cantidad de políticos a sueldo que ahora quieren extorsionar a ambos países para que puedan recibir los fondos de la UE» (abouthungary.hu/blog/pm-orban-george-soros-is-one-of-the-most-corrupt-people-in-the-world-and-he-is-threatening-hungary-and-poland/).

Orban ha replicado que «actualmente en Bruselas sólo se considera regidos por el estado de derecho a los países que dejan entrar a los inmigrantes. Los que guardan sus fronteras no pueden considerarse países en que se observe tal derecho. Una vez adoptada esa propuesta, no quedarán obstáculos para que la cuota de fondos comunes de los estados miembros destinados a apoyar la inmigración y se valdrán de medios financieros para extorsionar a los países que se opongan a ella.»

La agresión de las potencias europeas contra Orbán se inició en 2012, cuando entró en vigor la nueva constitución húngara, la cual considera a la familia «cimiento de la supervivencia de la nación», afirma que «Hungría defenderá la institución del matrimonio entendido como la unión conyugal de un hombre y una mujer» y proclama que «la vida del feto estará protegida a partir del momento de la concepción» (Roberto de Mattei, en Radici Cristiane, febrero-marzo de 2012). Orbán no es católico, pero como escribe Giulio Meotti, «en Europa sólo hay un defensor de los cristianos perseguidos: el primer ministro húngaro Viktor Orbán, al que los medios mayoritarios de difusión gustan de acosar y atacar. Ningún otro gobierno europeo ha invertido tanto dinero, diplomacia y tiempo en este asunto» (Giulio Meotti, en Gatestone Institute, 15 de diciembre de 2019).

De todos los jefes de estado y de gobierno europeos, Orbán es el que combate con más energía la dictadura del relativismo, y por eso está considerado la pesadilla del lobby mundialista, que lo acusa de oponerse a sus planes aprovechándose de la situación de emergencia originada por el coronavirus. El pasado mes de marzo llegó a imponer un primer confinamiento asumiendo plenos poderes en Hungría. En noviembre anunció un nuevo estado de emergencia que durará hasta el 8 de febrero. El mundo LGTB lo acusa de haber hecho aprobar este año una ley que impide a los transexuales cambiarse de género y de querer aprovecharse del coronavirus para imponer nuevas leyes en defensa de la identidad religiosa y nacional de su pueblo.

En un momento en que todos tratan de aprovecharse de la pandemia, Orbán se ha servido de la dictadura sanitaria como un eficaz instrumento para contener los planes europeístas. Por eso, en Hungría el confinamiento no ha resultado ser instrumento del mundialismo, sino un medio de enfrentarse a la revolución mundialista que quiere imponer el caos planetario.

Entre los efectos del coronavirus habrá que incluir el desmoronamiento de la Unión Europea, la vuelta de los estados nacionales y la posibilidad de que los políticos europeos que quieren defender los valores naturales y cristianos se hagan oír con más fuerza. Quizás sea necesario averiguar entre los sucesos que acontecen en el mundo, además de los planes de los hombres, también los de Dios, que de forma misteriosa pero eficaz siempre interviene en la historia…

https://es.corrispondenzaromana.it/el-confinamiento-de-orban-y-la-crisis-de-la-union-europea/

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