Crece la presión internacional sobre Maduro

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Las principales potencias europeas reconocieron ayer como legítimo presidente de Venezuela al diputado Juan Guaidó, luego de que el régimen de Nicolás Maduro desoyera el requerimiento formulado por la Unión Europea para llamar prontamente a elecciones libres. Ya con las cartas de Europa desplegadas, resulta abrumador constatar que la gran mayoría de los países de Occidente ya no reconoce al gobierno de Maduro, y la causa en favor de nuevas elecciones se ha hecho en este punto irreversible. Al régimen chavista solo lo acompañan viejos aliados como Rusia, China, Bolivia y Corea del Norte, además de países como México y Uruguay, que han optado por una vergonzosa neutralidad frente al drama humanitario que afecta a Venezuela.

Una acción así de maciza encuentra escaso precedente, abriendo una esperanza de que el chavismo se vea finalmente forzado a reconocer que su falta de legitimidad es total y por tanto deba allanarse a dejar el poder. Para la comunidad internacional es fundamental que esta transición se efectúe por cauces pacíficos, para lo cual la presión conjunta es fundamental.

Por ello también resulta de especial trascendencia la dura declaración que ayer emitió el Grupo de Lima -entre cuyos países miembros se encuentra Chile- que tras la reunión de emergencia sostenida en Ottawa (Canadá) reiteró su profunda preocupación por la grave situación humanitaria que afecta a Venezuela, hizo un llamado a las Fuerzas Armadas para que manifiesten su lealtad a Juan Guaidó como presidente encargado, y condenó con especial fuerza las persistentes y serias violaciones a los derechos humanos por parte del régimen. Particularmente llama la atención el emplazamiento directo formulado a Michelle Bachelet en su calidad de Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, tal que “responda de inmediato a la grave situación de los DD.HH. en ese país”, lo que resulta en un llamado plenamente justificado y en donde cabe esperar que el Alto Comisionado actúe en concordancia con su mandato, abandonando la insostenible postura evasiva que ha sostenido hasta este momento.

El Grupo de Lima -que ha mostrado mucha más decisión y efectividad que la OEA para abordar la crisis venezolana- también ha solicitado a la comunidad internacional la aplicación de sanciones, exhortando a que el régimen de Maduro no pueda realizar transacciones comerciales y financieras en el extranjero.
En este auspicioso contexto de presión internacional, las advertencias del gobierno de Estados Unidos en cuanto a que no se podría descartar una intervención militar son desafortunadas y contaminan un proceso que marcha admirablemente bien. Es probable que dicha retórica responda más al juego de supremacía mediática en que el gobierno de Trump se encuentra sumido con Rusia y China, pero el solo hecho de que se coloque esta alternativa -y se pretenda insistir en ella a futuro- podría terminar fracturando estos esfuerzos mancomunados, desviando el curso de la única salida posible, que es la realización de prontas elecciones libres y supervisadas por organismos externos.

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