¿Cambiar la atracción al mismo sexo? ¿Consenso? El famoso dictamen APA 2009 lo hicieron 7 activistas.

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La ley autonómica madrileña de multas LGTB castiga con hasta 45.000 euros la “promoción […] de terapias […] con la finalidad de modificar la orientación sexual”. Pero lo cierto es que esas “terapias” son objeto de un debate científico que no se puede hurtar a la opinión pública. De hecho, en la mayor parte de países esas ‘terapias’ son perfectamente legales.

Con todo, en 16 estados de EEUU (si incluimos Colorado, con un gobernador gay a punto de implantar la prohibición), en un puñado de países occidentales y en varias regiones de España, incluyendo las gobernadas por el PP, se han ilegalizado los “esfuerzos” o “terapias” o “intervenciones” dirigidas a cambiar la “orientación sexual”, incluso si las piden adultos con plena libertad. 

Normalmente, los defensores de estas prohibiciones se escudan, repetida y dogmáticamente, en una afirmación: que hay consenso científico en que estas “terapias” o “intervenciones” son dañinas.

Cuando se les pregunta qué consenso es ese y como los “científicos” llegaron a él, con qué experimentos o estudios y en qué organismos o debates, por lo general apuntan casi siempre a un mismo documento de 2009 (hace ya diez años): el famoso “Report of the American Psychological Association Task Force on Appropriate Therapeutic Responses to Sexual Orientation” (en breve, la Task Force de la APA). Ese es, parece, “el consenso” del que hablan. El texto de la “Task Force” se puede leer AQUÍ en inglés.

La ley autonómica madrileña de multas LGTB castiga con hasta 45.000 euros la “promoción […] de terapias […] con la Cuando hablan de “consenso científico” se refieren al dictamen de los 7 activistas LGTB de la APA Task Force de 2009… más sesgo y parcialidad, imposible.

Este documento ha tenido críticos firmes, especialmente de las asociaciones que trabajan con estas “terapias” y los psiquiatras especializados en ellas, como es esta recopilación de críticas de la asociación NARTH. Se trata de un debate científico donde se mezclan dos campos -sociología y psicología/psiquiatría- que no son ciencias exactas y usan distintos lenguajes.

Sobre el “consenso” hay que tener en cuenta dos cosas:

1 – La llamada “Task Force” (o “el consenso”) no era un gran equipo plural de especialistas: eran 7 activistas de ideología LGTB militante reconocida, de distintas asociaciones, de los que uno era heterosexual, otro bisexual, una lesbiana y cuatro homosexuales. Esa era la “pluralidad”. A los psicólogos, médicos y terapeutas que realizaban terapias desde hace 30 años y estudios sobre ellas, simplemente, no se les permitió participar. Y, evidentemente, dejaron fuera estudios que no les interesaban (como el de Jones &Yarhouse de 2007) o los glosaban por encima minusvalorándolos (como el importante estudio de Spitzer de 2003).

2 – Aun así, el informe de la Task Force de 2009 no dice que se haya demostrado que las terapias sean dañinas, ni dice que deban prohibirse, aunque se ha usado en varios parlamentos de EEUU para eso. Lo que dice, en realidad, es que “no hay estudios científicamente rigurosos de recientes esfuerzos por cambiar la orientación sexual que nos permitan hacer una declaración definitiva sobre si los recientes esfuerzos por cambiar la orientación sexual son seguros o dañinos, ni para quién”.

Dicho de otra forma: aún no se sabe. Faltan estudios, faltan datos. Tanto para afirmar que son dañinos como para lo contrario. Sospechan -pero no demuestran nunca- que pueden (sólo pueden) dañar a “algunos” (sólo algunos) de sus participantes. Pero no lo muestran con datos ni estudios.

Lo mismo puede pasar con otras terapias, sea a anoréxicos, alcohólicos, pacientes depresivos, etc: lo que funciona bien con una persona, puede dañar a otra. Solo con más práctica y estudios se va afinando. Ante la escasez de datos, la ciencia debe investigar -siempre con las normas éticas clásicas -consentimiento, riesgo mínimo y proporcional, gradualidad, etc…- a recoger más datos, hacer más preguntas, atender a más personas y examinar más historiales. Prohibir la investigación no es forma de hacer avanzar la ciencia.

Quiénes son los 7 “expertos” de la Task Force de 2009

No hubo un gran equipo plural, internacional, de distintas tendencias y escuelas. El informe Task Force APA de 2009 lo cocinaron entre estos 7 activistas, según informa el crítico (y especialista) Joseph Nicolosi, de quien tomamos la lista. Si los heterosexuales son al menos un 90% de los psicólogos de la Asociación de Psiquiatría Americana, ¿por qué sólo uno de los 7 “expertos” lo es? ¿No es ese un sesgo desproporcionado?

Presidenta del equipo: Judith M. Glassgold, Psy. D., lesbiana, ex presidenta de la División Gay y Lesbiana de la APA.

Jack Drescher, M.D.: psiquiatra y activista gay; trabajaba en el Journal of Gay and Lesbian Psychotherapy; era un reconocido opositor a las terapias.

Lee Beckstead, Ph. D.: psicólogo homosexual que declara ser mormón (una religión completamente contraria a la práctica homosexual); continuamente hace campaña en entornos mormones para que esta comunidad acepte la “identidad homosexual”.

Beverly Greene, Ph.D., ABPP: es una lesbiana psicóloga, fundadora de la división Gay y Lesbian de la APA; trabaja en una revista de temas gays psicológicos: “Psychological Perspectives on Lesbian, Gay, and Bisexual Issues”.

Robin Lin Miller, Ph.D.: es bisexual y psicóloga comunitaria, profesora en la Michigan State University. From 1990-1995 trabajó en temas de crisis de salud gay en Nueva York, y escribe en revistas gay.

Roger L. Worthington, Ph.D: no es homosexual pero le han dado premios LGTB (como el “2001 Catalyst Award”) por hablar a favor del ideario LGTB. Es autor de un libro para asesores profesionales en educación secundaria para sean “LGBT-Affirmative”.

Clinton Anderson, Ph.D: homosexual y psicólogo, funcionario de la oficina de la APA para “Gay, Lesbian and Bisexual Concerns”.

Esta fue la “gran pluralidad” de los “expertos” en los que se basan muchos para hablar de “consenso científico”.

No permitieron participar a los expertos en terapias

Hubo varios miembros de la APA que pidieron participar en el documento de la Task Force de 2009, profesionales que llevaban décadas trabajando y publicando acerca de personas que quieren cambiar de orientación sexual y ven reducirse o desaparecer sus sentimientos de atracción hacia el mismo sexo.

Así, pidieron participar el anterior (ya difunto) presidente de la asociación NARTH, A. Dean Byrd, Ph.D., M.P.H., M.B.A., autor de muchos estudios peer-reviewed sobre reorientación sexual. También George Rekers, Ph.D., autor del Manual de Problemas Sexuales del Niño y el Adolescente. También Stanton Jones, Ph.D., profesor de psicología en el Wheaton College de Illinois, co-author de “Homosexuality: The Use Of Scientific Research In The Church’s Moral Debate”. Joseph Nicolosi, Ph.D., fundador de NARTH, que llevaba 25 años practicando las terapias que (supuestamente) se iban a analizar. Y Mark A. Yarhouse, Ph.D., profesor de psicología en la Regent University de Virginia, autor de dos de los estudios modernos más detallados sobre terapias relacionadas con el cambio de orientación sexual.

Cuando Nicolosi preguntó a Clinton Anderson, de los “7 elegidos”, por qué estos especialistas en el tema que se trataba fueron rechazados, se limitó a responder: “no fueron rechazados, simplemente no fueron aceptados”.

De 700 casos estudiados, un 31% declaraban cambio total

Uno de los críticos del Task Force de 2009 es el investigador Neil Whitehead de Nueva Zelanda. En 2009, Whitehead recopilaba datos de los estudios disponibles sobre terapias y cambios. De los casos 318 que describe Nicolosi que realizaron estas terapias, un 36% declaraban llegar a alcanzar una atracción exclusiva por el mismo sexo. El estudio de Shidlo & Schroeder de 2002 (con 202 personas) sólo encontraba 8 personas (un 4%) que declararan un cambio completo. Pero un 4% no es cero. El estudio de Spitzer de 2003, que le sorprendió a él mismo porque antes no lo creyó, a partir de 183 personas, detectaba 52% que cambiaban completamente su orientación.

Sumando los tres estudios, a partir de 703 casos estudiados, las terapias lograban un cambio completo en un 31%.

Pedir unas “pruebas” que no se piden a ninguna otra terapia

Como suelen recordar los investigadores, la investigación en psicología no es una ciencia exacta y es difícil de medir: estudia procesos largos y complejos, que dependen de la declaración del sujeto, y que pueden verse afectados por infinidad de factores.

Por ejemplo, la mayoría de los que se sienten incómodos por su atracción por el mismo sexo, pueden presentar, además, síntomas psiquiátricos de distinto grado: ansiedad, depresión, tendencias suicidas, etc… ¿Qué relación tiene con su atracción sexual? Es un buen tema para estudiar, pero lo que responden muchos activistas LGTB (“es la presión del entorno hostil”) no se ha demostrado científicamente aún, por mucho que se repita. Además, no es lo mismo la “hostilidad real” que la “hostilidad percibida”. Estudios en Países Bajos y Nueva Zelanda (Sandfort, de Graaf, Bijl, & Schnabel, 2001; Fergusson, Horwood, & Beautrais, 1999), donde hay poca hostilidad hacia los gays, no muestran diferencias en los trastornos mentales con EEUU.

Por esto, es difícil medir qué tipo de terapias tienen exactamente tal o cual consecuencia añadida. Además, para medirlo bien habría que contrastar las personas con atracción al mismo sexo (AMS) que reciben algún acompañamiento psicológico de las que no lo reciben, pero las que no lo reciben suelen necesitarlo, porque sufren ansiedad, depresión y otros problemas: estudiarlas sin tratarlas no sería ético.

La Task Force de 2009 pedía unos estudios con unos estándares “tan altamente selectivos que solo pueden ser políticos”, denunciaba Neil Whitehead.

Por otra parte, incluso la Task Force reconocía que al menos algunas personas cambiaban su orientación sexual. Y lo ético es ofrecer terapias aunque su efectividad sea sólo para un porcentaje bajo de personas. 

Neil recuerda, citando un estudio de 2005 (Kinnish, Strassberg, & Turner, 2005) que hay al menos un 3% de población heterosexual que declara que en algún momento creyeron ser homosexuales o bisexuales, y que hay gente que declara haber cambiado de tendencia sin terapia. Hace poco, el cineasta Pedro Almodóvar, gay y activista, declaraba en El Mundo que a los 17 o 18 años “me lié con una chica alemana muy jovencita. Entonces era heterosexual”.

Si el cambio espontáneo puede tener lugar, ¿no será que el cambio terapéuticamente asistido puede tener una mejor posibilidad?”, escribe Neil Whitehead.

Escuchar al paciente… y explorar el potencial heterosexual

Por otra parte, una terapia no siempre logra un “cambio total”: puede lograr distintos grados de cambios parciales, que el usuario puede disfrutar ya como mejoras sustanciales. En cualquier caso, insiste Neil Whitehead: “la satisfacción del usuario es un factor crucial; si está satisfecho con lo que ve como cambio, para él es cambio”. Hay además una máxima de ética médica que dice: “ante todo, escuchar al paciente”.

El mismo Spitzer, que era toda una autoridad (fue quien quitó la homosexualidad del manual de diagnóstico en 1973), en su informe publicado en 2003 en Archives of Sexual Behavior , la revista de la International Academy of Sex Research, (vol. 32, No. 5, octubre 2003, pp. 403-417), declaraba: “Muchos pacientes, cuando se les da un consentimiento informado acerca de la posibilidad de que queden decepcionados si la terapia no tiene éxito [sin un cambio total] pueden tomar la opción racional de trabajar para desarrollar su potencial heterosexual y minimizar sus atracciones homosexuales no queridas. […] La habilidad de hacer tal opción debería considerarse fundamental en la autonomía y autodeterminación del cliente”.

Optar por explorar esa opción forma parte de la libertad de la persona: la de buscar potenciar una atracción y minimizar otra. Y, diez años después del Task Force de 2009, ¿cuántos estudios hay firmes que muestren que esta opción sea más dañina que las alternativas? No los conocemos. Por el contrario, cientos de personas aseguran que diversas formas de acompañamiento les ayudan, y valoran la mejoría que experimentan. En Alcalá de Henares se expresan en esa dirección cien personas (lea aquí lo que cuentan los interesados).

https://www.religionenlibertad.com/polemicas/536822250/Cambiar-la-atraccion-al-mismo-sexo-Consenso-El-famoso-dictamen-APA-2009-lo-hicieron-7-activistas.html

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