Así no, presidente Sagasti.

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“Expreso” de Lima                                   26 de noviembre de 2020

Así no, presidente Sagasti. Estas no son maneras para tratar a una institución como la Policía, vertebral en toda democracia y Estado de Derecho. Las leyes se han hecho para cumplirlas. No para sacarles la vuelta, apelando a reglamentos impostores ni a interpretaciones antojadizas. ¡La ley es la ley! Si no la entendiese pues que le enseñen el libro de debates de la norma que le sea esquiva, para que analice la intención del legislador. No los deseos del aparato estatal, que busca defenderse apelando al poder para bañarse en teflón y hacer que las normas le resbalen, a contrapelo del ciudadano de a pie –o del burócrata estatal- que no pueden saltarse las leyes porque incurrirían en delito.

Borrar del organigrama institucional –normado por ley– a más de una docena de generales de la Policía para imponer a un favorito no es –ni tampoco puede haber sido– lo que debatieron y decidieron los legisladores al aprobar las leyes que regulan las jerarquías policiales. Podrá ser lo que le pidieron imponer su premier, ministro del Interior o asesores palaciegos. Pero, insistimos, no es lo que dicta la ley. De modo que no habiendo sido una medida auspiciosa para su debut presidencial merece que usted medite y enmiende semejante yerro. Razones hay muchas.

De hecho y de derecho. Y todas exigen que, aplicando lo que dicta la ley, usted no consolide tamaña afrenta a un órgano encargado de poner orden en el país. La ciudadanía no puede autorregularse, presidente Sagasti. Para eso están las leyes en toda democracia. Lo contrario implica la anomia que, como sabe, es la incapacidad de la estructura social para proveer a los individuos de lo necesario –la ley– para lograr las metas de la sociedad.

Y la sociedad, señor presidente, lo que demanda es orden y paz social. No el caos y la intranquilidad que ha desatado un segmento de desadaptados. No hacerlo equivaldría a que usted se niegue a proveer a los peruanos de lo necesario –la ley– para que logren su meta. Dé el ejemplo. Rectifique, explique, reponga las cosas como dicta la ley y, a partir de allí, solvente la coyuntura con inteligencia, altura de miras y, sobre todo, ponderación.

Tampoco caiga usted en el juego tendencioso de satisfacer egos cebados que buscan imponer voluntades apelando a los calendarios. Fíjese, presidente Sagasti. El hombre evoluciona siguiendo las leyes de la naturaleza. ¡No el dictado de algún iluminado! Así, discurre su existencia entre la niñez, pubertad, juventud, adultez y longevidad. Cada período tiene su propio mundo; sus propios valores. El púber no es superior al joven, como éste no rebasa al adulto ni al longevo. Lo contrario es etiquetar al ciudadano por edades. Eso raya en discriminación social universalmente penada. Usted está de paso en la presidencia. Escuche y saque conclusiones. No todo lo que le manifiesten será necesariamente cierto. Finalmente, verifique la transparencia de la investigación sobre las muertes en las asonadas.

¡Que sea la verdad! Nada de recurrir a subterfugios para acallar la grita callejera.

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