“Si algo ha logrado el Gobierno, ha sido latinoamericanizar por completo a Chile”

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http://www.radiozero.cl/podcast/2014/10/no-tenemos-una-situacion-de-tanta-crispacion-politica-desde-los-anos-finales-de-la-up/

Desde el piso 10 de una de las oficinas de la Fundación para el Progreso, el ex ministro de Cultura Roberto Ampuero adelanta lo que será el debate sobre América Latina, que moderará mañana en la Universidad Finis Terrae, y en el que participarán el ex Presidente Sebastián Piñera y el analista internacional Andrés Oppenheimer.

“Estamos entrando en una nueva etapa en América Latina”, reflexiona Ampuero, quien asegura que “en términos políticos, la región se encuentra con harta turbulencia, y a nivel económico, no hay que olvidar el impacto que va a generar el frenazo en la economía de China”.

-Se ha dicho que en Latinoamérica han coincidido algunos factores que advierten una “tormenta perfecta”. ¿Cómo evalúa este escenario?

-La capacidad de los países para responder frente a este nuevo escenario que se está aproximando va a depender de la salud de la economía de cada uno de los países. Indudablemente, la forma en que Venezuela puede enfrentar esto es muy distinta -un país con una inflación tremenda que puede llegar al 200% y con el peso del petróleo por el piso- a la respuesta que podría tener Chile.

Por eso, ya hay políticos que están hablando de un acuerdo nacional para salir de esta situación turbulenta en que nos encontramos hoy y de indefinición del Gobierno. Ese es un llamado válido y la gente lo está sintiendo como necesario. En ese sentido, el Gobierno va a tener que dejar a un lado las políticas que separan y tensionan a la sociedad, más aún bajo un panorama donde la gran mayoría del país rechaza lo que están haciendo.

-Álvaro Vargas Llosa comentaba hace un tiempo que desde hace varios meses se hablaba de Chile con preocupación, y que luego de este gobierno se ha dicho: “Chile volvió al barrio”.

-Si algo ha logrado el gobierno de la Presidenta Bachelet, ha sido latinoamericanizar por completo a Chile, dentro de las posibilidades. Chile tiene una serie de acuerdos y de políticas que están establecidas que no le permiten tener un acopio perfecto, pero sí, más que nunca, este país se latinoamericanizó en el mal sentido de la palabra. Una Latinoamérica que está permanentemente con crisis económicas, con un apego al estatismo y ligado con la corrupción y la inseguridad. O sea, están todos los elementos de golpe.

Y no es que despreciemos a América Latina, somos parte de este barrio. Pero sí sabemos que las políticas que a Chile le han traído crecimiento se han debido a políticas que antes no se habían aplicado en América Latina, pero que sí habían funcionado en otros países. Hoy nos encontramos viendo políticas añejas, muy inspiradas en el estatismo, en la idealización del Estado, con una visión del Chile del pasado, donde el 40% de las personas era pobre. Con eso hay que tener cuidado.

-¿Es la Presidenta la responsable de esta caída de la que se habla?

-Este es un gobierno de izquierda, no de centroizquierda. Ellos se dan cuenta con anterioridad de las expresiones de insatisfacción de los ciudadanos, y, obviamente, la solución que ellos postulan no la comparto para nada porque es estatista. Y ahí es donde el centro y la centroderecha tienen una tarea que es enfrentar esta situación.

-¿Se ha demorado la oposición en reaccionar?

-Aquí hay un tema que tiene que ver con la batalla de las ideas. Durante mucho tiempo se ha pensado que el área de donde se generan las ideas está en manos de la izquierda, mientras nosotros nos dedicamos a la inversión, a la producción y a que sean eficientes las cosas. Es un error pensar que la ideología y las ideas no son necesarias y que los resultados positivos de la economía son un argumento suficiente para que la gente opte por un determinado modelo. La derecha no ha hecho bien su tarea.

-¿Por qué?

-Para mí, falta un sueño para Chile por parte de la centroderecha. Durante mucho tiempo en la centroderecha han sido los inventarios los que mandan, los resultados, las estadísticas y se pensaba, erróneamente, que era un ejercicio intelectual valioso, y no es así. Ahí tenemos una idea pendiente y de largo plazo.

-Todo este escenario ha abierto también un debate en Chile sobre el liderazgo presidencial.

-Debe ser absolutamente destructivo llegar al Gobierno con una aprobación aplastante y que, al poco tiempo, al haber aplicado el programa, darse cuenta de que el 75% de la población lo rechaza y que casi el 80% está en desacuerdo con el gabinete. Esos son golpes para un político muy difíciles de digerir, pero se hace más grave cuando se trata de un Presidente que probablemente no tiene las ideas claras y está a la cabeza de algo que ni siquiera es una coalición, porque sabemos que la Nueva Mayoría, en teoría, es un pacto técnico para gobernar.

Con decir que ni siquiera tienen unidad, porque dentro de ella coexisten dos almas. Por un lado, los jacobinos, muy radicales y estatistas; y otra, que es un sector más sensato, pero no muy bullicioso, que representaría (Jorge) Burgos. Y eso contribuye obviamente a que la Presidenta pierda su apoyo y la imagen de una figura protectora y empática. Y cuando te deja de amar ese mundo, claramente debe ser muy duro para la Presidenta, como para cualquier político.

-¿Qué se debería hacer?

-Lo único que nos puede salvar de algo que no conocemos es que la Presidenta tenga una actitud de estadista y un mensaje en que diga: “Por encima de mi ideología está mi país”. Eso implica una cuota de humildad, de modestia, y de decir: “Creo que una cosa son los sueños que uno quiere para su patria, y otra son los números que uno tiene a disposición para hacerlos realidad. Esa para mí es la única alternativa.

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