El Pueblo Mapuche quiere su propio gobierno

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Últimamente, el tema mapuche se ha transformado en el gran tema de discusión nacional. De una parte se escuchan los lamentos escandalizados por la horrible muerte de la pareja que, la madrugada del 4 de enero, amaneció carbonizada en un campo de Vilcún, en la región de la Araucanía, víctima del atentado de un grupo mapuche, cuyo único detenido, con una herida de bala, se llama Ceferino Serafín, y dice ser machi. Por: Pfernandez | 23 de enero de 2013

La Cumbre del Cerro Ñielol

Según mi amigo Cayuqueo, machi machi no es. Le faltaría la chaucha pal peso. El asunto es que cundió una cierta alarma pública, y como suele suceder en estos casos, los racismos escondidos se dieron permiso para gritar. (…)

Al día de hoy, las comunidades se hallan francamente envejecidas. Un 60% de los mapuches (aproximadamente 600.000) viven en la ciudad. Muchos de éstos se han convertido en profesionales, y no faltan sus figuras destacadas en distintas áreas. Los hay incluso en la farándula. Pocos de ellos ocultarían hoy su origen. La discriminación sigue siendo fuertísima, pero en Chile no es la ola conservadora la que va en alza. Me contaron que circulan encuestas en las que la simpatía ciudadana por la causa mapuche no ha dejado de subir. Ni siquiera tras el horrible crimen de los Lusinguer y las quemas de graneros de los días sucesivos. La mayoría entiende que se trata de un grupo aislado, como los encapuchados en las primeras marchas por la educación. El 25 de diciembre volamos en el mismo avión de la línea Copa con Aucán Huilcamán. Lo reconocí al final del pasillo, mientras él esperaba que se desocupara el baño y yo que un azafato me sirviera un whisky. Supongo que por ser día de Navidad, el avión iba bastante desocupado, de modo que nos sentamos juntos a conversar. Aucán es quizás el dirigente mapuche más famoso de las últimas décadas. Era jovensísimo -17 años- cuando a fines de los 80 participó de la mesa directiva del Ad-Mapu, organización piloteada por el Partido Comunista. Aucán, cosa que siempre ha negado, era, según aseguran todos, socialista, perteneciente a la facción de los “Comandantes”, la más “ultra” del partido. El año 1989, sin embargo, el los confines de la dictadura de Pinochet, optó por la vía autonomista y fundó el Consejo de Todas las Tierras. Desde ahí impulsó las tomas simbólicas de terrenos. De aquí salió la primera bandera mapuche, hoy reconocida por todos. Llegó incluso a presentarse como candidato a la Presidencia de la República en 2005, y aunque no llegó a la papeleta de votación (recopilar las firmas necesarias ante notario era una tarea imposible), se dio el lujo de llegar a Santiago, a caballo, con un poncho blanco y negro, rodeado por un centenar de mapuches. Aucán se dirigía a Colombia, donde participaba del proceso de paz con las Farc, en algo relativo a las comunidades indígenas de la Sierra de Santa Marta: los Koguis, los Arhuacos. Durante estos años en que no supimos de Aucán, él estuvo trabajando para Naciones Unidas en todo lo que compete a los derechos y legislaciones para los pueblos originarios. Es un tema que maneja como pocos. Su idea, me dijo ahí, era organizar un encuentro para pensar el autogobierno mapuche. Eso que consideran un derecho, ya es tiempo de irlo ejerciendo sin pedirle permiso a nadie, me dijo. Lo estimulaba y respaldaba el tratado internacional del año 2007, que estipula claramente el derecho de todos los pueblos indígenas a su auto-determinación. (…)

Aucán es resistido por un grupo nada pequeño de organizaciones. Algunos lo acusan de personalista. Él sabe que esta vez debe rodearse de cómplices, pero esa reconstrucción de lealtades recién comienza. La cumbre del cerro Ñielol no fue una demostración de poder, sino una manifestación de voluntad. El werkén Huilcaman explicó que durante la primera parte del encuentro, hablarían los mapuches. “Queremos dialogar entre mapuches”, dijo. “El Estado no ha mostrado voluntad de entenderse con nosotros, pero nosotros no dependemos del Estado, y tenemos nuestra propia ruta”. Entonces rugieron las tribus, los comuneros levantaron las chuecas, las machis los cultrunes, y todos metieron bulla. Le llaman el afafán: “¡Yayayayayayaiii!”. “Todos podrán hablar, somos todos parte de este evento”, dijo Aucán, “pero tenemos un programa”. Pidió que la prensa se retirara mientras duraba la discusión interna, y que podrían volver cuando se sumaran los winkas invitados a este diálogo.(…)

NOTA ORIGINAL DIARIO EL PAIS

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