La ideología es una manifestación que caracteriza al ser humano racional. Pretender negarla o silenciarla forma parte de la estupidez contemporánea.

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A favor de la ideología

Blog de Jorge Contesse, abogado, profesor de derecho

Como muchas otras expresiones, en Chile nos hemos acostumbrado a hablar de las “agendas valóricas”. No estoy seguro que hayamos reflexionado mucho sobre lo que estos términos implican, a la usanza tal vez de otras etiquetas —o eslóganes, como se dice hoy— de nuestra singular democracia: “las instituciones funcionan”, los “poderes fácticos” o “la vía institucional”, por nombrar algunas. A pesar de ello, creemos entender muy bien lo que implican. En el caso de la “agenda valórica”, parece haber cierto acuerdo que si alguien es acusado de impulsar tal cosa, entonces sus argumentos arrancan con un hándicap: no son en verdad, argumentos, sino pura ideología. No valen.

La Conferencia Episcopal de Chile ha publicado un documento donde dice estar preocupada que la discusión sobre el aborto terapéutico, el acuerdo de vida en pareja y las “uniones homosexuales” (sic), “se haga desde la ideología o desde un cierto populismo”. ¿Habrá algo más absurdo y contradictorio que una iglesia advirtiendo los peligros de una discusión ideológica? Si a eso dedican buena parte de su energía y recursos: diseminar la palabra sagrada y, con ello, esparcir su fe, su dogma, en fin…su ideología. El documento de la Conferencia lo confirma: en él, los religiosos comentan sobre el “evangelio de la vida” y el “evangelio del matrimonio y de la familia”, conceptos que no tienen existencia alguna en el ordenamiento constitucional o legal, como sí lo tiene, por ejemplo, el reconocimiento de la familia como núcleo fundamental de la sociedad.

Lo mismo ocurre en el ámbito secular. Es común escuchar de políticos de un lado y otro advertir sobre los peligros que conlleva una discusión “ideológica”. Las reformas clave que impulsa el gobierno en materia de impuestos y educación han dado muestras de sobra. La ideología corroe y, por lo tanto, para lograr una buena reforma, debemos rehuir de ella. Para los que siguen las discusiones que se dan en las comisiones del Congreso, es frecuente ver que las interpelaciones que se hacen de lado y lado descansan sobre este argumento: la postura del otro es ideológica; luego, debe ser descartada.

¿Qué hay de malo en defender argumentos que responden a una determinada ideología? Nada, mientras se ofrezcan argumentos y no simples consignas. Para quienes creen en el valor superior del derecho de propiedad y el principio de subsidiariedad, como Libertad y Desarrollo, o del valor de la mujer como “agente principal de la transmisión de los valores morales y las tradiciones”, como es el caso de la UDI, es comprensible —aunque equivocado, creo yo según mis propias ideologías— que se sientan nerviosos cuando una ministra de Estado es clara en señalar algo tan elemental como que el derecho de propiedad no debiera ser el eje del sistema de derechos, o cuando se discute acerca del rol de la mujer como titular de iguales derechos (recordarán el argumento que dio la senadora Ena Von Baer para negar a la mujer el derecho al aborto: ella “sólo presta el cuerpo”).

Pues bien, quienes creen que un Estado constitucional debe garantizar derechos a sus ciudadanos por su sola condición de tales, y no por razones exógenas —como es, por ejemplo, la capacidad de pago de un agente en el mercado— no tienen por qué no hacer explícita su ideología y, a partir de ella, ofrecer argumentos en la discusión pública. Porque creemos que las personas tienen derecho a ser tratadas con igual respeto y consideración, pensamos que un sistema educacional no puede discriminar a los niños; porque creemos que la mujer tiene derecho a decidir sobre su reproducción y sexualidad, pensamos que el aborto en ningún caso debiera ser penado; porque creemos que la justicia tributaria importa, defendemos reformas impositivas progresivas. En fin, porque nos parece que la ideología que defienden nuestros adversarios intelectuales es incorrecta, intentamos ofrecer argumentos que la desmientan. ¿Es ello actuar ideológicamente? Por supuesto; enhorabuena.

http://voces.latercera.com/2014/07/23/jorge-contesse/a-favor-de-la-ideologia/

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