La estúpida banalización de la maldad

0 444

O Estado de S. Paulo, 12 de maio de 2013  por Gaudêncio Torquato

¿Cuál es la relación entre expansión de la criminalidad y la insatisfacción social? Todo lo que se quiera, sea en la visión de la corriente sociológica, sea en la perspectiva de la vertiente económica. Ante la evidencia de que el País [Brasil] ganó uno de los mayores (y más retumbantes) programas de distribución de renta contemporéneos, restaría cerrar el parráfo con aplausos al corolario: la violencia disminuye en Brasil gracias al aumento del Producto Nacional Bruto de la Felicidad. ¿Verdad? No. Sofisma.

La comunidad vive en clima de miedo e inseguridad. Por todos lados se multiplica la marca de la violencia. A viseira que embute satisfacción no consigue esconder la colección de crímenes cometidos em los últimos tiempos, que, por la inexcedible crueldad, empujan al Brasil para los primeros lugares del ranking mundial de la barbarie. La serie criminal es tan poblada de absurdos que el Brasil comienza a hacer parcería con India, donde, recientemente, un niño de 5 años murió después de ser estuprado por dos hombres.

El hecho es que la ruta de monstruosidades no combina con el retrato de bienestar que se procura presentar al País. Lo que explica el clima de inseguridad que penetra em los más diferentes espacios, de los márgenes al centro, cuando las trompetas de la administración hacen sonar himnos al confort social resultante de um programa-símbolo de distribuição de renta? ¿O será que, em el caso de la criminalidad, no se puede usar el termómetro de la igualdad/desigualdad social para explicar el fenômeno? La cuestión causa polémica y buena dosis de contradicción.

Ante la aparente contradicción entre más igualdad social y mayor tasa de criminalidad, se hace necesario colocar em la caldera de la violencia otros ingredientes, comenzando por la obsolescencia del Código Penal, que abre elo descompás entre la brutalidad de crímenes y las penas brandas atribuídas. Lo mismo se puede decir del Estatuto del Niño y del Adolescente, que carece de actualización para acompañar los avances tecnológicos y el instrumental formativo/informativo que eleva las condiciones de los jóvenes. También la morosidad de la Justicia lleva a la sensación de impunidad. Y las brechas del sistema normativo contribuyen para la banalización de actos ilícitos, que encuentran terreno fértil para prosperar en las capas más pobres, particularmente entre los jóvenes. La extrema pobreza alcanza, hoy, 12,2% de los 34 millones de jóvenes brasileños, cuyas familias reciben renta per capita de hasta un cuarto del salario mínimo.

La conclusión es inescapable. Continuaremos siendo el país que concentra 3% de la población y 9% de los homicidios em el mundo. Y que em los últimos 30 años registra más de 1,1 millón de víctimas de homicidio. No es de espantar que la onda de crímenes cada vez más chocantes esté banalizada.

Ayúdenos a llegar a miles de personas como usted.