Ensuciar y mojar el vestido de novia es la nueva tendencia “Trash the dress”:

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Tras unos meses pensando en el peinado, el maquillaje, los últimos arreglos florales y de comprar el cotillón, María José Medina (24) tuvo la oportunidad de relajarse y jugar por un rato.  Algunos días después del matrimonio, esta semana viajó con su esposo a un sector de San Francisco Mostazal en la VI Región, y fue parte de una sesión fotográfica “Trash the dress”.

       La joven volvió a ponerse su vestido de novia, pero esta vez usó muy poco maquillaje y se dejó el cabello suelto.  Mientras corrían por los bosques de eucaliptos y se subían a los árboles, el fotógrafo Rodrigo Maturana, trataba de capturar la naturalidad del momento. Se metieron a la piscina y ya con los trajes mojados, se zambulleron en el barro. “Fue espectacular. Después de una semana de tensiones, corriendo para todos lados, puedes botar todo ese estrés”, dice María José.

       Esta tendencia es muy popular en EE.UU. y algunos países de Europa. Su origen tuvo lugar el año 2000, cuando al fotógrafo estadounidense John Michael Cooper se le ocurrió utilizar elementos y escenarios diferentes a los tradicionales para capturar a los novios después de las ceremonias. Sus primeras fotos incluyeron a una novia con un vestido en llamas y novios tirándose vino y pintura.

       En Chile, Rodrigo Maturana es uno de los pocos fotógrafos que trabajan esta tendencia. “La idea para ellos es liberarse. Terminan como dos niños chicos jugando, tirándose barro, riéndose y pasándolo bien”, opina Rodrigo.

       Soledad Aldonate (25), argentina, y su esposo también probaron la experiencia. Invitaron al fotógrafo Felipe Beiza a Hornitos, la playa de Antofagasta donde se conocieron, para realizar la sesión. A diferencia de la otra novia, a Soledad la volvieron a maquillar y peinar y se fue desarreglando durante la toma. “A diferencia de la ceremonia, uno le dedica todo el tiempo a la foto. Además son fotos naturales, casi no salimos posando”, dice Soledad y admite que las mejores imágenes que tiene de su matrimonio son éstas.

Ruptura de esquema

       Felipe Beiza lleva alrededor de tres años haciendo “Trash the Dress”. Conoció la tendencia el 2010, cuando viajó en un crucero por EE.UU. y Europa. Además de playas utiliza otros escenarios como ciudad, campo, sitios eriazos con basureros industriales y desierto. De hecho, San Pedro de Atacama es su lugar favorito por la diversidad de paisajes. “Esta tendencia rompe todos los esquemas porque contrasta la majestuosidad y pulcritud del vestido con elementos naturales o urbanos, además del hecho de ensuciar y mojar el vestido”, dice Beiza.

       Mauricio Zamudio, otro fotógrafo que trabaja la tendencia, destaca el hecho de tener más libertad en elementos importantes. “Por lo general la sesión el día del matrimonio se realiza durante el cóctel, con tiempo limitado, y a veces no se puede jugar con la luz en las ceremonias de noche”.

       Las sesiones en general duran de dos a cuatro horas y tienen un costo que varía entre $80.000 y $120.000. (US $ 145 y 220)  (“El Mercurio”, 16 de Feb. de 2014)

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