Drogas: el veneno destruidor de las almas. Drogas: la voz médica

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Martes 2 de diciembre de 2014

Todas las drogas de abuso producen un efecto sobre la vida afectiva, una ‘anestesia de los sentimientos’. Éstos, por una vía química y psicológica, empiezan a inhibirse, a apagarse. (…) Y sin salud emocional y afectiva, no desarrolla adecuadamente la personalidad, que queda inmadura.

Mientras avanza el proyecto respectivo en el Congreso, en la polémica en torno a la eventual legalización del uso terapéutico y aun recreativo de ciertas drogas adictivas, como la marihuana, un prestigioso psiquiatra especializado por más de 25 años en esa área -y creador de un instituto centrado en el tratamiento de adicciones- entrevistado por “El Mercurio”, ha hecho notar una arista poco considerada hasta ahora: los científicos están alarmados por la forma en que se está debatiendo sobre la marihuana. “Se escuchan opiniones ideológicas, de consumidores y de economistas -observa- pero no a la gente que trabaja científicamente este tema”. Añade que si históricamente el alcoholismo había sido en Chile un fenómeno casi endémico, ahora el consumo de drogas como la marihuana y la cocaína se extiende de modo explosivo, y aunque hay declaraciones clarísimas del Colegio Médico, de las sociedades de Pediatría, Neurología y Psiquiatría, de epidemiólogos, quienes trabajan científicamente en esta área reciben escasa audiencia, pese a ser un tema médico y de salud pública. Y lo alarma el que así quede en segundo plano algo que incidirá “en el futuro de lo que pase en Chile”.

A su juicio, y contrariando otros enfoques, la marihuana sí es altamente adictiva, con un alto potencial de abuso, aunque no exista una respuesta única. Su experiencia clínica muestra que las personas en general comienzan con el alcohol, pasan a la marihuana y luego a la cocaína. “Benignizar la capacidad adictiva es un error -sostiene. De hecho, para nuestros pacientes que usan cocaína, alcohol y marihuana, la droga que más les cuesta dejar es la marihuana”. Y recuerda que estudios epidemiológicos importantes, sobre todo en EE.UU., muestran que un menor que fuma cigarrillos tiene muchas más probabilidades de entrar a la marihuana; y el que ya fuma marihuana tiene mayor oferta de cocaína, y un porcentaje llega efectivamente a usarla.

En cuanto al efecto terapéutico de la marihuana, el experto dice no conocer trabajos científicos de peso que lo avalen, excepto disminuir las náuseas en pacientes sometidos a quimioterapia; pero en farmacología se puede ya separar la capacidad adictiva de la droga de la potencia anti-náuseas, mediante medicamentos específicos. Así, sin necesidad de fumar marihuana, se podría contar con una terapia anti-náuseas.

Por otra parte, la farmacología no diferencia entre drogas “blandas” y “duras”. El efecto nocivo de la cocaína y la marihuana es diferente, pero cuál es menor es un juicio que dependerá de la persona que consume y del momento en la vida en que lo haga. “Todas las drogas de abuso producen un efecto sobre la vida afectiva, una ‘anestesia de los sentimientos’. Éstos, por una vía química y psicológica, empiezan a inhibirse, a apagarse. (…) Y sin salud emocional y afectiva, no desarrolla adecuadamente la personalidad, que queda inmadura”. Llegan a tratamiento personas que a los 30 o 35 años tienen una edad emocional de adolescentes, que no han aprendido a estudiar, a trabajar, que no se sienten capacitadas para formar pareja y familia. Los aspectos fundamentales de la vida les quedan limitados”.

Previene el especialista que si el consumo de marihuana se dispara, tendremos generaciones inmaduras, sin esas capacidades básicas, un bloqueo enorme al desarrollo general del país. Ésta es “una implicancia social que debería medirse cuidadosamente antes de tomar medidas precipitadas”. Sin duda, este ángulo del problema debería ser ponderado por los colegisladores, aunque carezca de la popularidad de otras posiciones.

http://www.elmercurio.com/blogs/2014/12/02/27369/Drogas-la-voz-medica.aspx

 

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