Diálogo con un amigo homosexual”

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Don Juan de Dios Vial Larraín (artículo anterior) propone una visión del matrimonio civil confusa, distorsionada y claramente permeada por un sesgo religioso que, ya entrados en el siglo XXI, parece algo anacrónica. Tal vez su único acierto sea entender que estamos en un momento de transición en el que dos sistemas de valores están en disputa: el de las verdades reveladas (o el de una supuesta ley natural que nadie ha visto) y el de la ética universal y convencional de los derechos humanos.
Cartas, Domingo 16 de junio de 2013

Señor Director:

Don Juan de Dios Vial Larraín propone una visión del matrimonio civil confusa, distorsionada y claramente permeada por un sesgo religioso que, ya entrados en el siglo XXI, parece algo anacrónica. Tal vez su único acierto sea entender que estamos en un momento de transición en el que dos sistemas de valores están en disputa: el de las verdades reveladas (o el de una supuesta ley natural que nadie ha visto) y el de la ética universal y convencional de los derechos humanos.

En efecto, el señor Vial tropieza con un argumento que ya pocos sostendrían: que el matrimonio es una realidad biológica y social. La primera dimensión, la biológica, excede los límites de una institución social, convencional y moldeable a la sociedad que le da sentido. Tal vez, el principal equívoco de su argumentación sea pensar que las instituciones son anteriores a las personas, y que, por lo tanto, son inmutables, unívocas e imposibles de ajustar a la evolución histórico-social.

Si hoy seguimos pensando que la biología es un componente consustancial al matrimonio, entonces podríamos creer que ella -cual si fuese una entidad animada- nos está jugando una mala pasada: muchos matrimonios no quieren tener hijos y, por el contrario, la mayor parte de ellos nacen fuera de esa institución.

Siendo esta la realidad, ¿no es dable pensar que la procreación, en la actual situación histórica, está alejada de la institución matrimonial? Y si aceptamos esta premisa, ¿no debiésemos pensar en el matrimonio como un contrato civil que tenga por bien regular la convivencia de dos personas, y que una externalidad deseable del mismo sería la procreación (o adopción) y crianza de hijos?

Así las cosas, el matrimonio igualitario solo busca ampliar la actual realidad de la institución civil, considerando no un supuesto “deber ser” del matrimonio -la procreación-, sino un estándar de derechos humanos que garantice la igualdad ante la ley. Todo por el bien de dos personas que, unidas por el amor, quieren constituirse en familia y ser reconocidas como tales.                         Jaime Parada Hoyl  Vocero Movilh

http://www.elmercurio.com/blogs/2013/06/16/12668/Dialogo-con-un-amigo-homosexual.aspx

 

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