Un mal silencioso y extendido el juego de azar

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Mons. Juan Ignacio González: 

“…un país que con sus propias leyes corrompe a los ciudadanos -especialmente a los más pobres- es un pobre país…”.                        Tribuna       Jueves 20 de junio de 2013

(…) Es un testimonio impactante de una realidad generalizada, que se calla y ante la cual la autoridad -que permite su instalación y controla su funcionamiento y no mide los efectos morales- tiene una altísima responsabilidad. Recordemos que fue una ley del Congreso Nacional la que lo autorizó. Una ley que es la causante de una patología: la ludopatía, un impulso irreprimible de apostar en juegos de casino a pesar de ser consciente de sus consecuencias y del deseo de detenerse.

(…) Es tal el descalabro social que estas conductas compulsivas provocan, que en algunos países hay autoridades públicas cuya competencia es ayudar a salir de este vicio a las personas. Es fácil prever los efectos que estas conductas causan al interior del núcleo familiar, o en las relaciones de dos personas casadas, o que están juntas. Recriminaciones, engaños, infidelidades, caídas en el alcohol y droga, siempre deudas y más deudas.

(…) Creo que la servidumbre o esclavitud de los juegos de azar ha llegado para quedarse. ¿Qué haremos? ¿Únicamente lamentarnos?

No es suficiente para salvar las responsabilidades morales de este mal decir: “no, si yo voy a lo lejos” o “a mí no me afecta jugar solo algunas veces”. Es cosa de darse una vuelta por nuestras villas o ir a echar una mirada a los estacionamientos de los casinos. Se trata de un nuevo mal que va corrompiendo, poco a poco, la personalidad de jóvenes y adultos y que ya ha destruido a muchas familias. Tampoco lo es que la autoridad diga que parte de las ganancias quedan en la municipalidad donde están instalados. Un país que con sus propias leyes corrompe a los ciudadanos -especialmente a los más pobres- es un pobre país.  Juan Ignacio González Errázuriz, Obispo de San Bernardo http://www.elmercurio.com/blogs/2013/06/20/12782/Un-mal-silencioso-y-extendido-el-juego-de-azar.aspx

 

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